Victoria Montenegro, bebé robada hace 50 años en Argentina: “Seguimos resistiendo»
Esther Rebollo
Buenos Aires, 22 mar (EFE).- Victoria Montenegro, una bebé robada con trece días de vida, en 1976, por el militar argentino que mandó arrojar a sus padres desde un ‘vuelo de la muerte’ al Río de la Plata, dice en una entrevista con EFE: “A 50 años de aquella tragedia, que es la tragedia de un pueblo entero, seguimos resistiendo”.
Esta mujer, que es madre y abuela, ha vivido exactamente la mitad de sus 50 años como María Sol Terzlaff y la otra mitad con su verdadera identidad: Victoria Montenegro.
Victoria nació el 31 de enero de 1976 en William Morris, en la provincia de Buenos Aires, y trece días después fue secuestrada junto a sus padres en un operativo militar. El 24 de marzo el Gobierno de María Estela Martínez de Perón fue derrocado por un golpe militar y el 28 de mayo nació, en teoría, María Sol Terzlaff.
Con sus padres desaparecidos, buscan a Victoria, mientras María Sol crece en Campo de Mayo, una guarnición militar de las afueras de la capital argentina donde la dictadura (1979-1983) estableció un centro de detención y torturas. Desde allí partían ‘vuelos de la muerte’ con detenidos ilegales que eran arrojados al río o al mar.
Pero en ese lugar también vivían militares y sus familias, como los Terzlaff.
“Yo soy hija de Roque Montenegro y de Hilda Torres, ellos vivían en la provincia de Salta. Antes del golpe militar, toda mi familia materna era militante: mi abuela, mi mamá, mi papá, mis tíos. Se da toda una represión y mis papás vienen a Buenos Aires. El 31 de enero de 1976 yo nací con mis padres todavía libres y me ponen mi nombre, Victoria”.
Con estas palabras comienza a relatar una vida que se parece a la de muchas otras personas en Argentina. Los organismos de derechos humanos hablan de 30.000 desaparecidos en esos años y, por eso, el próximo martes se conmemora el 50 aniversario de un golpe que ha marcado la vida de varias generaciones.
“Ese operativo estaba a cargo del coronel Hernán Antonio Tetzlaff (…) Ingresan a nuestro domicilio de William Morris y, a partir de ese momento, mi papá, con 20 años; mi mamá, con 18; y yo, con 13 días, pasamos a estar desaparecidos”, detalla Montenegro.
Sus padres se conocieron en una escuela secundaria de Salta y militaron primero en la juventud peronista y luego en la izquierda. “Además de mis papás, hay 25 chicos desaparecidos en su pequeño pueblo, una cantidad enorme”, agrega.
Durante su relato, Montenegro cuenta cómo fue su infancia, el shock al descubrir que no era quien creía ser y el momento en el que asume, con mucho dolor, que el señor que se había hecho pasar por su progenitor, Hernán Tetzlaff, la había secuestrado y ordenado el asesinato y desaparición de sus padres.
“Todo lo que me sucedió lo fueron reconstruyendo los organismos de derechos humanos, primero las Abuelas de la Plaza de Mayo, buscando mecanismos para identificar a los bebés, después el equipo forense para identificar los restos de personas que iban desapareciendo”, agrega.
Su caso se abre con una denuncia anónima: “Empieza en 1984 y yo aparezco en el año 2000. Durante todos esos años un sector de la Justicia hizo todo para que yo no apareciera”, remarca en relación al poder que tenía el coronel apropiador.
Según Montenegro, “en Argentina hubo un plan sistemático de apropiación de niños”. A ella la llevaron, sangrando por los oídos, a la Brigada Femenina de San Martín, una comisaría de la provincia de Buenos Aires: “Nos tenían a un grupo de bebés, todos hijos de desaparecidos”. Cuando la bebé se recuperó, una monja se la entregó a Tetzlaff para ser criada “con valores cristianos”.
“Nunca tuve dudas de que era hija biológica del matrimonio Tetzlaff, me encantaba que mi papá, que medía dos metros y pesaba 150 kilos, fuera jefe de todos los cuarteles. Para mí era el más grande del mundo”, lamenta.
Por eso, cuando descubrió la verdad, Victoria se enojó: “Me peleé con las Abuelas, porque no solamente venían a decirte que tenés otro nombre, otro apellido, otra fecha de nacimiento, venían a destruir todo lo que vos creías que tenía que ver con el lado del bien. No era solamente el vínculo con mis apropiadores, era que mi papá fuera jefe del operativo y hubiera matado a mis papás”.
Victoria juró a sus apropiadores que, pasara lo que pasara, se iba a quedar con ellos, mientras un juez la obligaba a hacerse análisis de sangre contra su voluntad.
En ese momento terrible, no quiso saber nada de la familia biológica: “A mí solo me importaba que mi papá no fuera preso por mi culpa. Yo aparezco a los 25 años, pero tardé siete años en decir mi nombre”.
“No puedes perdonar a quien no se arrepiente, no puedes perdonar a quien no pide perdón”, confiesa a EFE Victoria. Pese a todo, nunca rompió el vínculo con sus apropiadores, a los que cuidó hasta el final de sus días. Tetzlaff murió condenado por el secuestro y robo de Victoria. EFE
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