Renate Käser-Burri, 71: "Detrás de la fachada hubo violencia y golpes de la campesina".
Lo único que pudo conservar Renate Käser-Burri de su infancia fueron canicas,
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Gilbert Martinet, 69: "Esa gente no era capaz de recibir bien a un niño."
Gilbert Martinet padecía de dificultades para dormir de modo permanente. Cuando el doctor le solicitó que se diera un gusto infantil, se compró este auto en miniatura. Desde entonces pudo dormir.
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Edith Lüdi-Hess, 53: "Apenas se retiró la patria potestad y el terror comenzó"
Una carta de Caracas, Venezuela. Edith Lüdi-Hess no pudo encontrar informaciones sobre su padre en esta misiva.
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Michel Wielly, 64, trabajó de niño en la siembra y cosecha de papa. Este árbol queda de testigo de ese tiempo.
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Rita Soltermann, 78: "La infancia robada quedará en la memoria hasta el final de la vida."
Max Soltermann le re´galó a su esposa esta muñeca cuando ella cumplió 70 años de edad. De niña tuvo una, pero se la quitaron. Era su única pertenencia.
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Godi Brunner, 85: "Nadie me incentivó."
Godi Brunner es carpintero. Todavía hoy crea miniaturas en madera como esta, una alcancía en forma de chalet suizo.
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Recuerdos de Dominique Berchier.
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Hugo Zingg, 80: "Aprender era secundario."
Conoció a su padre solo cuando estaba en el lecho de muerte. Lo único que conserva de su familia es este permiso de pesca de su progenitor.
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Mireille Soana conserva esta imagen con sus dos hermanas. Debido a su cabello rubio, su abuela siempre creyó que no era hija del mismo padre. Intentó buscar contacto con sus hermanas, sin éxito.
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Christian Tschannen, 45: "Investigaciones sobre cuestionables prácticas de diversas oficinas gubernamentales".
El artista Christian Tschannen junto a su obra de arte.
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Eran retirados de sus familias y puestos al servicio de otras. Cientos de miles de niños, ya sea nacidos fuera del matrimonio, huérfanos o muy pobres, eran enviados a instituciones sociales que los colocaban en familias de cuidado. Para muchos de ellos, las consecuencias fueron traumáticas.
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Peter Klaunzer, Keystone
Se trata de un capítulo oscuro de la historia helvética que se presenta en una exposición y un libro.
«Apenas se retiró la patria potestad y el terror comenzó». Esta cita de Edith Lüthi-Hess resume el drama de ella y de muchos otros niños que eran entragados a terceros como sirvientes, al perder a sus familias.
Klaunzer entrevistó y retrató a veinticinco personas. Solo pocas de ellas tienen algún recuerdo agradable de esa experiencia en manos de desconocidos. La violencia y los abusos sexuales estuvieron en la orden del día de muchos de estos pequeños.
En el siglo XX se empleaba esta práctica de desplazar a los niños que quedaban huérfanos o cuando el dinero no alcanzaba para alimentarlos dentro del seno familiar. Solo en 1981, cuando Suiza ratificó el convenio europeo de derechos humanos, se puso punto final a este trato.
La exposición se realizó en colaboración con la Asociación ‘red de niños desplazados’ y se presenta hasta el 17 de marzo de 2017.
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