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Cantos Cuentos Colombianos

Lego y contrachapado, de Fernando Arias. Galería Daros

De Colombia nos llegan noticias de guerras civiles y violencia. Sin embargo, en ese país crecen no sólo las flores, sino también las artes.

Este contenido fue publicado el 07 diciembre 2004 - 14:42

En la prestigiosa Galería Daros de Zúrich se exhibe, por primera vez, a artistas colombianos cuyas obras hablan de la realidad extrema de la vida cotidiana.

En Europa el arte colombiano es casi desconocido, a no ser por algunas gloriosas excepciones como son Fernando Botero, Juan Pablo Montoya o Gabriel García Márquez. Casi todos tienden a relacionar a este país con la sangre, el tráfico de drogas y la corrupción, pero son pocos los que encuentran en ese lugar del mundo un gran potencial de artistas e intelectuales.

La presente exhibición llamada ‘Cantos Cuentos Colombianos’, es una manera de acercarse a las voces de cada uno de estos artistas que van narrando de un modo inmediato y personal esa realidad dura de enfrentar.

El arma del ingenio y la ironía

Colombia se presenta con un grupo de artistas en los cuales se revela una sólida conciencia social. Una voluntad férrea para sobrevivir y enfrentar las condiciones de vida que cada día amenazan al individuo.

Esa aguda conciencia hace que estos artistas hagan nuevas propuestas para contrarrestar la violencia, el peligro o la amenaza, lo cual explica por qué en este país se ha despertado una apasionada e intensa discusión entre el arte y la cultura.

El debate social y político se trasluce en una variedad extraordinaria de obras artísticas que se presentan en esta muestra de Zúrich. Éstas van de la instalación a las figuras de cerámica, de los vídeos a la escultura, de la fotografía a la elucubración filosófica.

Muchas de estas creaciones son piezas conceptuales que llevan al espectador a adentrarse en una Colombia desgarrada y olvidada, sin dejar de lado el aspecto ingenioso, irónico y lúdico que estos artistas saben dar a sus trabajos.

Porque en América Latina se discute mucho para combatir las desgracias, se reflexiona cada vez más sobre la posibilidad de alcanzar una existencia mejor, pero también se sabe reír a tiempo, quizá para no perder lo esencial.

Voces, muchas voces

Cada uno de estos creadores colombianos va dejando su testimonio frente a una existencia que por momentos parece sobrepasarlos. En cada uno de ellos se escucha una voz de protesta, de hartazgo o de esperanza.

En una instalación de Alejandro Restrepo, por ejemplo, aparecen pencas de bananos colgadas del techo y conectadas en un extremo con monitores. En ellos se van mostrando escenas de las masacres contra los campesinos colombianos, que al querer defender el fruto de sus tierras fueron despojados de sus casas.

Hay en las obras de este artista un trasfondo filosófico social, en el cual el rumbo que ha tomado la historia colombiana en los últimos años marca el ritmo de sus obras.

Por el contrario, las figuras de cerámica reproducidas por Nadín Ospina son un arma de verdadera ironía hacia el pasado prehispánico de América Latina, por el cual todo latinoamericano siente un gran orgullo.

Se trata de figuras de dioses o sacerdotes de la mitología precolombina perfectamente bien reproducidas pero con la cabeza de Mickey Mouse o del Perro Pluto, figuras de las historietas cómicas de Walt Disney. El resultado, una broma exquisita con un cáustico sentido del humor.

Los vídeos son una parte importante en esta exposición. Uno de ellos llamado ‘Bocas de ceniza’, de Juan Manuel Echavarría, en el que la gente humilde de la región de Bojayá va narrando con canciones compuestas por ellos mismos toda clase de catástrofes y agresiones contra su persona.

O bien los vídeos crudos e implacables de Rosemberg Sandoval que muestran al desnudo una sociedad sumergida en la miseria y la angustia. Son escenas excesivas y despiadadas como las que se presentan en cualquier calle de Bogotá.

La confrontación con la muerte

Por su parte, el artista Fernando Arias presenta un sarcófago hecho con piezas del juego llamado “Lego”, que hacia los años 70 simbolizaba el “sueño americano” ya que todos los niños deseaban tener uno para construir ellos mismos sus juguetes.

En esta obra el simbolismo de la muerte se conjuga a un juego macabro e irónico, pues lo que queda del hombre al final de todo es sólo un sarcófago viejo. Esta escultura se llama ni más ni menos: “Homenaje a los niños de las guerras de las drogas”

Hay que hacer notar que muchas de las creaciones que aparecen en esta muestra, se refieren a artistas que están confrontados diariamente a la muerte y a la violencia. Por eso esta realidad les permite relativizar el fin de la vida con cierta chispa e ingenio, muy común en la mentalidad latina.

La exposición de la Galería Daros sobre el arte actual de Colombia, recuerda una vez más al público que en América Latina existe una manera particular de enfrentar la vida diaria en la que se canta a pesar del dolor y de la muerte. La muestra terminará el 9 de enero de 2005.

swissinfo, Araceli Rico, Zúrich

Datos clave

La muestra dedicada al arte colombiano contemporáneo se divide en dos partes.

La primera estará abierta al público hasta el próximo 9 de enero.

La segunda se presentará del 29 de enero al 17 de abril de 2005.

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