Sonda para aspirar polvo del Sol
Después de un viaje de 32 millones de kilómetros, la sonda Génesis va a traer algunos granos de polvo solar. Partículas minúsculas que podrán ofrecer información sobre el génesis de nuestro astro y de los nueve planetas que lo rodean. Todo ello gracias a una tecnología parcialmente desarrollada por la universidad de Berna.
En el Instituto de Física de la universidad de Berna se trabaja sobre los vientos solares desde los años sesenta. En la época gloriosa del programa Apolo, las hojas de aluminio desplegadas por Neil Armstrong en la superficie lunar habían sido elaboradas por los investigadores berneses.
«En esa época, sólo se pudieron recoger gases raros, como helio, argón y neón», recuerda Peter Bochsler, decano de la facultad de Ciencias de Berna. «Con Génesis, esperamos obtener elementos más pesados, es decir, en principio toda la tabla de elementos químicos de Mendeleiev».
En efecto, la sonda Génesis, lanzada el miércoles desde Cabo Cañaveral, será la primera, desde las misiones lunares, que podrá traer preciosas partículas a la Tierra.
Apenas algunas partículas de arena
A primera vista, el objetivo parece insignificante. Una decena o una veintena de microgramos de partículas, tan pequeñas que no serán perceptibles a simple vista y que, todas juntas, no excederán la talla de algunos granos de arena.
Sin embargo, para Peter Bochsler, lo que valoriza a esas partículas es su proveniencia. «Tenemos razones suficientes para creer que esas minúsculas partículas lanzadas por la atmósfera solar representan, en cierto modo, el estado de la materia en la época del nacimiento del sistema solar, hace unos 4.600 millones de años». El investigador bernés espera que su Instituto podrá colaborar en el análisis de los resultados, cuando Génesis regrese de su periplo.
Un buen viaje
Evidentemente, no se puede ir a buscar esas partículas directamente a su fuente. Ninguno de los metales con los que se confeccionan los satélites podría resistir el calor solar. Génesis se va a colocar a una distancia respetable del sol, con el fin de «aspirar» los granos de materia que el astro lanza permanentemente al espacio, bajo forma de viento solar.
Tal recolección no se puede realizar en la periferia de la Tierra porque nuestro planeta está rodeado por una cintura magnética que la protege de esos vientos, a menudo semejantes a partículas radioactivas, es decir, peligrosas para la vida.
La sonda estadounidense lanzada el miércoles deberá recorrer un millón y medio de kilómetros, hasta el punto en que la fuerza de la gravedad y la fuerza centrífuga de la Tierra y del Sol se equilibren. Desde allí, pasará más de dos años para describir grandes círculos frente al Sol, con el fin de recoger la mayor cantidad de partículas.
Aspirador de partículas
Durante toda la fase activa de su viaje, la sonda presentará al sol una serie de pantallas, de la talla de una rueda de bicicleta, compuestas de diamante, oro, silicio y zafiro.
«Uno de los aparatos embarcados es un concentrador, una especie de aspirador que produce campos eléctricos para capturar partículas cargadas, negativa o positivamente», explica el experto Peter Bochsler. «Nuestro Instituto ha participado en la elaboración de ese instrumento, en colaboración con el Laboratorio de Los Alamos y de la Jet Propulsión Laboratory, que es el Instituto californiano de tecnología».
De esta manera, el Instituto de Física de la universidad de Berna está asociado a la misión Génesis, bautizada precisamente: «En búsqueda de los orígenes». Nada más y nada menos que uno de los programas más ambiciosos y más innovadores de la NASA.
Marc-André Miserez
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