El Egipto de los faraones hechiza Ginebra
El Museo de Arte y de Historia muestra una fascinante colección privada evocando 4.000 años de historia, con divinidades mutantes, zoomorfas y a veces temibles.
El historiador griego Herodoto consideraba a los egipcios como los humanos más religiosos. También fueron los más imaginativos, ya que fabricaron una mitología poblada por dioses mutantes, que pasaban de mujer a gato o vaca, halcón o carnero; que eran maléficos a enfáticos como una feroz diosa-leona (Sekhmet) que se transforma en gato ronroneante bajo el efecto del alcohol, mientras que el mismo universo sale de un huevo.
El Museo ginebrino de Arte e Historia (MAH) incita a sumergirse en este mundo extraño, en donde lo humano se codea con lo animal, en donde la devoción popular convive con dorados y máscaras hieráticas, en donde la magia se acompaña con ritos oficiales. Estos «Reflejos de lo divino» se deben a un particular, «amigo muy generoso del museo», que es como se califica comúnmente a los mecenas que quieren conservar el anonimato.
De Nagada a la época romana
Su rica colección cubre la historia de Egipto desde las civilizaciones Nagada (4000-3000 a. C.; fin de la prehistoria) hasta la época romana de los primeros siglos de nuestra era. Vincet Mangeat es el responsable de la presentación de estas 150 maravillas, en torno a la metáfora del arca: una presentación voluntariamente temática y no cronológica, que favorece «las lecturas cruzadas y el movimiento de un pensamiento más libre», según el arquitecto suizo.
Se penetra pues en la prehistoria a través de dos estatuitas de marfil Nagada, que son unas de las más antiguas representaciones humanas descubiertas hasta ahora (4000-3700 a.C.), cuyo significado sigue siendo muy controvertido.
La primera sección se centra en las actitudes piadosas, sobre todo a través de misteriosas efigies de piedra negra (664-332 a.C.), que ilustran la aspiración de los artistas de entonces para realizar retratos psicológicos. Más lejos se descubren los exvotos de bronce dedicados, que era costumbre ofrecer en las peregrinaciones.
Se descubren otras rarezas en un fascinante recorrido: dos manuscritos inéditos de Champollion, una excepcional cabeza de carnero, de madera con incrustaciones de bronce (VIII-VI a.C.), una de los últimos cambios del dios de la realeza Amón y una de las tres únicas ocas (del mismo dios Amón) reseñadas hasta hoy día.
Además, una graciosas sacerdotisa cuyo vestido incrustado con pasta de vidrio reproduce el plumaje de halcón, las metamorfosis de Isis, Osiris, Ptah o Sekhmet, y la muy digna máscara funeraria de la época romana con sus iconos protectores: halcón, escarabajo o serpiente.
Véronique Zbinden
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