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"Me considero un músico que canta"

El tenor Ramón Vargas, en el Théâtre du Passage de Neuchâtel. Rodrigo Carrizo Couto

El celebrado tenor mexicano Ramón Vargas regresa a los escenarios suizos con una producción de la ópera de Verdi Don Carlo. En vísperas del estreno, el cantante rememora las principales etapas de su carrera y los vínculos que le unen a Suiza.

Este contenido fue publicado el 26 abril 2012 - 16:30
Rodrigo Carrizo Couto, Neuchâtel, swissinfo.ch

Es uno de esos entrevistados que hacen las delicias del periodista y disfrutan del viejo arte de la conversación, sin necesidad de “arrancarles” las palabras.

swissinfo.ch: Usted nace en una familia numerosa.

Ramón Vargas: Soy el séptimo de nueve hermanos, pero no tuve una infancia difícil. Recuerdo una niñez feliz, aunque no vivíamos en la opulencia y nos sentíamos responsables de dar lo mejor de nosotros mismos. Vengo de la típica familia mexicana católica que acepta los hijos que Dios quiera darle. (risas)

swissinfo.ch: ¿Hay precedentes artísticos en su familia?

R.V.: En absoluto. Mi familia era gente de clase modesta y trabajadora. Mi vocación nació como los hongos (risas), comienza en los años que pasé cantando en la iglesia. Mi primer interés fue la música, y no la ópera o el canto. De hecho, no me considero un cantante, sino un músico que canta.

swissinfo.ch: En 1992 reemplaza en la prestigiosa ópera de Nueva York al legendario tenor Luciano Pavarotti. ¿Qué significó esa oportunidad en su vida?

R.V.: Pavarotti canceló una representación de Lucia de Lamermoor porque no estaba de acuerdo con la puesta en escena. Yo me disponía a salir de vacaciones de Navidad a México y había dicho a mi familia: ‘solo anularé mi descanso por una llamada de La Scala de Milán, o de la Ópera de Nueva York. Y fue exactamente lo que ocurrió.

swissinfo.ch: ¿Cuál es su relación actual con México?

R.V.: Nunca he vuelto a vivir en México desde que me presenté en 1986 al Concurso Enrico Caruso de Milán. Tuve la suerte de ganarlo y eso me cambió la vida. Me quedé en Europa con mi maleta llena de ropa de verano. No tenía idea de lo que eran los inviernos en Europa.

swissinfo.ch: ¿Hoy también se iría de su país?

R.V.: Sí, nada ha cambiado realmente en México.

swissinfo.ch: Pero América Latina parece ser cantera de grandes voces, como usted, el peruano Juan Diego Flórez o su compatriota Rolando Villazón.

R.V.: Es verdad. Cuando nuestros países adquieren una mínima estabilidad económica, surgen talentos. Pero carecemos de infraestructuras. Tenemos buenas voces, pero no tenemos cantantes. Una cosa es tener el don, otra muy distinta poder desarrollarlo. En América Latina no hay recursos para poder pulir tantos diamantes en bruto.

swissinfo.ch: Usted ha grabado canciones de Agustín Lara. ¿Acepta el cruce de géneros musicales?

R.V.: La música se divide en dos: la buena y la mala. Se pueden encontrar joyas en la llamada música popular, y cosas sin interés en la clásica. Yo creo que la música que trasciende y perdura en la memoria de la gente más allá de 20 años es porque, de alguna manera, se hace clásica. Pienso que The Beatles o Michael Jackson serán recordados siempre.

swissinfo.ch: Su historia con Suiza viene de largo. Y no siempre fue buena…

R.V.: Cierto, me fue denegada la nacionalidad suiza en 2006. Según algunas autoridades, yo no vivía realmente en Suiza, a pesar de llevar 14 años en Lucerna y varios años más fijo en la plantilla del teatro. Pero bueno… son puntos de vista. Lo cierto es que con ese criterio, yo no vivo en ningún lado. Debería tener el pasaporte de la Luna.

swissinfo.ch: ¿Y cómo terminó el asunto?

R.V.: Finalmente, Austria me concedió la nacionalidad honorífica, un privilegio que otorgan a ciertas personas en función de sus méritos. Pero me dio pena no ser suizo, pues mi relación con este país fue siempre muy especial e importante. A pesar del problema burocrático, conservo mi amor por Suiza y su gente. No hay resentimientos.

swissinfo.ch: Algo que es menos conocido de usted, es su faceta de filántropo y benefactor de la infancia. ¿Quiere explicarlo?

R.V.: Mi primer hijo, Eduardo, nació con parálisis cerebral a causa de sufrimientos en el parto, lo que le causó hipoxia. Su vida estuvo muy limitada por la cuadriplejia y fue corta. Lamentablemente, murió a los 6 años. A pesar de su sufrimiento, descubrimos que fue un niño muy feliz. Siempre se sintió querido. Eso nos hizo ver que si Eduardo pudo ser feliz, otros niños también podían serlo. Y así montamos la Fundación Memorial Eduardo Vargas. Ayudamos, sobre todo, a niños en las zonas marginales de México.

swissinfo.ch: ¿Qué es lo que menos le gusta de su oficio?

R.V.: La superficialidad y la comercialización de la música, la desmesurada fuerza de los medios de comunicación que crean nuevas estrellas a cualquier precio. Y lo único que consiguen es cantantes sin desarrollar. Mandan a chicos de menos de 30 años a lidiar con toros de 500 kilos. Si se salvan, bien… y si no, ya habrá otros cantantes nuevos.

swissinfo.ch: ¿A qué se refiere?

R.V.: Un joven puede cantar mi papel en Don Carlo, pero no funciona. Hace falta un desarrollo del que carecen estos chicos. Lo importante ahora es que sean atractivos y simpáticos. Su talento y su proyección importan menos. Se ha perdido la objetividad. Hoy el público escucha a través de los ojos. Los cantantes en nuestra época no llegan a los 40 años. Es algo que me preocupa mucho. Las casas de discos solo quieren vender.

swissinfo.ch: Como en el caso de los Tres Tenores…

R.V.: Exacto. Este fenómeno nace con los Tres Tenores, cuando las casas de discos se dieron cuenta de que la música clásica se podía vender como rock y pop. En vez de subir al público, los Tres Tenores descendieron al nivel masivo para obtener el mayor público y ganancias posibles. Su primer concierto fue bonito e innovador, pero más tarde el nivel decayó. Luego el público va al teatro de ópera y espera escuchar

La donna è mobile (Rigoletto) cantada a tres voces. Y eso no va a pasar. (risas)

 

Ramón Vargas

Nace en México en 1960, en el seno de una familia trabajadora de nueve hermanos.

Su formación comienza a los 9 años en los coros de la Basílica de Guadalupe. En 1983 debuta en México con la ópera Falstaff de Verdi.

En 1986 gana el Concurso Enrico Caruso de Milán y se instala en Europa. Comienza su carrera internacional remplazando a Luciano Pavarotti en una función de la prestigiosa Ópera Metropolitana de Nueva York.

Vive 14 años en Lucerna, tras ser contratado en el teatro local. Suiza le denegó la nacionalidad en 2006 por supuesto “desarraigo” del tenor a su cantón de residencia.

Se destaca en los roles románticos y belcantistas. En México ha grabado un exitoso CD con el repertorio de canciones populares de Agustín Lara.

El tenor mexicano se ha presentado en algunas de las mayores salas del mundo, tales como La Scala de Milán, el Teatro Colón de Buenos Aires, Metropolitan de Nueva York o el Teatro Real de Madrid.

Vive con su mujer y dos hijos en Viena, Austria.

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‘Don Carlo’ en Suiza

La presente producción de Don Carlo de Verdi se presenta el 25, 27 y 29 de abril en Neuchâtel (Théâtre du Passage), el 2 y 4 de mayo en Friburgo (Théâtre Equilibre) y el 8 de mayo en Vevey (Théâtre de Vevey).

Esta producción está coprotagonizada por el bajo español Rubén Amoretti y las sopranos Brigitte Hool y Joanna Paris, entre otros.

La dirección musical corre a cargo del argentino Facundo Agudín al frente de la Orquesta Sinfónica del Jura y las huestes del Coro Lyrica.

La puesta en escena está en manos del prestigioso director teatral suizo Robert Bouvier.

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