La democracia directa y el miedo a los extranjeros

Una imagen corriente en Suiza durante la época del ‘boom’ migratorio en la década de 1960: trabajadores extranjeros, denominados temporeros, en una estación de tren antes de partir de vuelta a su país. Los ‘trabajadores extranjeros’ solo obtenían permisos de trabajo temporal, a cuyo término tenían que abandonar nuevamente Suiza. hmsg.ch

¡Los italianos, de vuelta a Italia! Esto es lo que exigía hace 50 años la ‘Iniciativa contra la sobrepoblación extranjera’. Fue el comienzo de una serie de 42 votaciones que han tenido lugar hasta hoy sobre la relación ‘nosotros y los extranjeros’. ¿Por qué vuelve una y otra vez el miedo de los suizos a los extranjeros?

El 7 de junio de 1970 pasó a la historia de Suiza. Ese día los ciudadanos suizos votaron sobre el destino de los trabajadores italianos en su país. 

La mitad de la población votó a favor de limitar la proporción de italianos al 10%. El hecho mostraba dos cosas: por un lado, una xenofobia bastante extendida y, por el otro, una profunda división en la Suiza de aquella época.

Un exitazo

La movilización fue enorme. La participación rozó el 75%, uno de los valores más altos hasta hoy día.

La iniciativa contra la sobrepoblación extranjera es también conocida como la Iniciativa Schwarzenbach, por su impulsor James Schwarzenbach. Perteneciente a una familia de industriales y primo de la escritora Annemarie Schwarzenbach, este zuriqués creció políticamente en las décadas de 1930 y 1940, a la sombra del Frente Nacional, la versión suiza del movimiento nazi, y siendo admirador de Mussolini.

Por primera vez tras el trauma de la Segunda Guerra Mundial, la agenda política suiza se ve dominada por el miedo y el odio a los extranjeros. Llegaban entonces los primeros extranjeros a Suiza: los italianos. Posteriormente les siguieron españoles, turcos, yugoslavos; exclusivamente hombres. Las mujeres y los niños tenían que quedarse en su país de origen.

Los trabajadores extranjeros o temporeros, como también se los llamaba, construyeron la Suiza moderna: autopistas, aeropuertos, centrales eléctricas y escuelas.

Marc Bühlmann, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Berna, afirma: “Tan pronto como llegaron los primeros trabajadores extranjeros a la Suiza de la posguerra, surgió la idea de que los extranjeros nos quitan nuestro trabajo, nuestro país y nuestras mujeres”.

En Suiza, la democracia directa sirve para que estos temores salgan a la superficie y se analicen, asegura Marc Bühlmann. “La iniciativa de sobrepoblación extranjera tuvo que ser discutida política y socialmente. Esto es lo verdaderamente genial de la democracia directa: poner los miedos sobre la mesa, con independencia de si se comparten o no”.

Tema principal gracias a la UDC

El partido suizo Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora) asumió esa tarea a principios de la década de 1990. No solo continuó ocupándose de la temática de Schwarzenbach, sino que además la convirtió en el principal tema político.

Todo empezó en 1992 con una gran sorpresa: la inesperada negativa de los votantes suizos a la adhesión de Suiza al Espacio Económico Europeo (EEE). “La UDC es pionera y lidera este papel en Suiza. Al mismo tiempo, comparte también la responsabilidad de gobierno”, señala Bühlmann.

El ascenso de la UDC

A este triunfo le siguieron nuevas victorias importantes de la UDC en distintas votaciones: el voto afirmativo para el encarcelamiento permanente de los criminales peligrosos (2004), la prohibición de construir minaretes (2009), la expulsión de delincuentes extranjeros (2010), así como la iniciativa contra la inmigración masiva (2014).


“Los miedos están efectivamente ahí, y es tarea de los partidos sacar a la luz esos problemas y analizarlos”

Marc Bühlmann

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“Los miedos están efectivamente ahí y es tarea de los partidos sacar a la luz esos problemas y analizarlos”, señala Bühlmann. Esto conduce, en primer lugar, a una objetivación de los problemas, y en segundo lugar, las personas con esos temores sienten que se les toma en serio cuando un partido asume esos temores y les dice: “yo miro por ti y te doy voz”.

En última instancia, esto lleva a una mayor confianza de la gente en el sistema político y a sentirse más satisfecha con los representantes en el Parlamento y en el Gobierno.

Tabú con poder explosivo

Si no dispusiéramos de este procedimiento político en el caso de los temores, acabarían desembocando en un tabú político. “Es entonces cuando los partidos de extrema derecha pueden entrar por la brecha y convertir en cólera el miedo de la gente, como hace el AfD (Alternative für Deutschland) en Alemania o el Rassemblement National en Francia”.

En Suiza, en cambio, un total de 42 votaciones dan testimonio del continuo debate de los ciudadanos suizos sobre lo propio y lo extraño, sobre la identidad y la diferencia.

42 propuestas en cinco ámbitos desde 1945

● Sobrepoblación extranjera/control de la inmigración: el ejemplo más conocido es la iniciativa popular contra la sobrepoblación extranjera (iniciativa Schwarzenbach) del 7 de junio de 1970. Obtuvo un 54% de votos negativos, contra un 46% de positivos.

● Política exterior: el ejemplo más reciente es la iniciativa de deportación de delincuentes extranjeros, de 28 de noviembre de 2010, con un 53,2% de votos favorables.

● Ley de asilo: lo último en este tema fue el endurecimiento de la ley de asilo, de 24 de septiembre de 2006, con un 67,8% de votos afirmativos.

● Naturalización: facilitar la naturalización de extranjeros y extranjeras de segunda generación, de 26 de septiembre de 2004, obtuvo un 56,8% de votos negativos.

● Suiza y el mundo (Europa/UE, ONU, tratados internacionales): el ejemplo más destacado fue probablemente la votación sobre la entrada de Suiza en el Espacio Económico Europeo (EEE), de 6 de diciembre de 1992: obtuvo un 50,3% de votos en contra.

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No obstante, la moderación y análisis políticos a través de los partidos tiene su precio: “La política de migración se ha endurecido”, sostiene Bühlmann. La UDC ha sabido convertir sus éxitos en las votaciones, es decir, a escala de la democracia directa, en éxitos también a nivel de democracia indirecta, y así la UDC es desde 1999 el partido más poderoso en el Parlamento suizo.

Conciencia del problema de racismo

¿Cómo de xenófobo es realmente el ciudadano suizo común? Una tercera parte de los suizos son xenófobos latentes, según una tesis elaborada por Hans-Ulrich Jost, exprofesor de historia de la Universidad de Lausana.

Sin embargo, para Martina Mousson, politóloga del instituto de investigación gfs.bern, esa es una afirmación demasiado generalista. “Según el estudio piloto Convivir en Suiza 2010-2014, alrededor de un 40% de la población muestra una tendencia crítica hacia el islam. Pero la proporción de gente específicamente contraria al islam es significativamente menor, siendo inferior al 20%”.

Hay un dato más reciente que es revelador. En el informe de seguimiento de aquel estudio, realizado en 2018, el 59% de los suizos consideran el racismo un problema grave. “Así que hay también conciencia del problema”, puntualiza Mousson.

La globalización como motor

Según Mousson, la globalización también es causa de que la xenofobia no desaparezca de la agenda. “La globalización también fomenta la xenofobia y la exclusión”, señala la politóloga, y añade, “la globalización también provoca que uno se sienta pequeño e indefenso en Suiza”. Esto fomenta la necesidad de fronteras seguras. Como lo demuestra ahora el coronavirus. “Y juega un papel muy importante en relación con la Unión Europea”.

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