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Destrucción de imágenes religiosas durante la Reforma

La exposición dura hasta abril de 2001. (Foto: Museo Histórico de Berna)

Una exposición del Museo Histórico de Berna recuerda el furor iconoclasta de los protestantes que, a comienzos del siglo XVI, devastaron tesoros artísticos en Suiza y otros países europeos.

A través de 300 iconos, parcialmente destruidos o transformados por el furor integrista de los iconoclastas protestantes, la exposición da testimonio del impacto cultural y de la irreparable pérdida de tesoros artísticos ocasionados por esos episodios de comienzos del siglo XVI, cuando se implantó la Reforma en gran parte de Europa.

Bajo el título: "Iconoclastas: vida y muerte de la imagen medieval", la muestra del Museo Histórico de Berna describe la situación de la iglesia de Roma al final de la Edad Media y el trauma producido por el enfrentamiento entre la piedad religiosa aferrada a la veneración de imágenes y la austeridad protestante fundada en los textos bíblicos.

La reseña presenta ejemplos del ensañamiento contra el arte sagrado en tiempos de la Reforma en Alemania, Francia, Países Bajos, Austria, Italia y Suiza.

Entre las piezas más elocuentes figuran la escultura decapitada de una Piedad, óleos furiosamente rasgados, un Cristo en madera mutilado, vírgenes transformadas en representaciones de la Justicia e incluso la reconstitución de un taller para fabricar monedas con el oro y la plata de crucifijos y cálices.

25 esculturas medievales, descubiertas en Berna hace 15 años, constituyen el centro de la reseña.

"Quería mostrar cómo era el culto de las imágenes y cómo la Reforma cambió la vida después de aquella ola de destrucciones", explica a swissinfo Peter Jetzer, director del Museo y uno de los autores de la exposición.

La Reforma dividió a Europa en dos campos: los católicos, fieles al culto tradicional de las imágenes, y los protestantes, partidarios de su abolición.

Entre 1523 y 1528, ciudades suizas como Zúrich, Berna y Ginebra, fueron teatro de profundos cambios culturales, sociales y políticos inspirados por Lutero, Zwingli y Calvino que, en mayor o menor grado, consideraban idolatría la veneración de imágenes.

"Hubo anarquismo, pero también hubo destrucciones organizadas por las autoridades. En Zúrich se cerraron todas las iglesias y se rompió todo lo que contenían. Berna ordenó destruir todas las imágenes de la Catedral y utilizar los restos para construir, a su lado, una nueva terraza", precisa Peter Jetzer.

Montada en forma de un templo asaltado por iconoclastas que arrancan y borran figuras destinadas a la devoción popular, la exposición es un esfuerzo de memoria apoyado en una rigurosa documentación que incluye textos originales de los grandes reformadores y réplicas de los agredidos.

Excepcional por el tema y la atmósfera, la exposición captura al público por su transparencia y claridad. "No hay susceptibilidades lastimadas. Menos ahora, cuando los reformados son cada vez más católicos y cuando los católicos aceptan más las ideas de los protestantes", matiza el director del Museo.

La exposición demuestra cómo, desde la Antigüedad, la imagen ha servido para cristalizar resentimientos no sólo religiosos, sino políticos. Un capítulo final de la reseña presenta recientes destrucciones de monumentos y figuras del culto a la personalidad.

"Se detesta tanto a una persona que sólo se la puede destruir cuando está representada en una imagen", concluye Peter Jetzer.

La exposición "Iconoclastas: vida y muerte de la imagen medieval", en el Museo Histórico de Berna, permanecerá abierta al público hasta abril próximo.

Jaime Ortega


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