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Los neobancos, un nuevo desafío para la plaza financiera suiza

El teléfono inteligente se ha convertido en el portal bancario más utilizado por las nuevas generaciones. © Keystone / Christian Beutler

Ofrecen tarjetas de crédito y servicios bancarios digitalizados, más innovadores, transparentes y baratos: los neobancos ganan terreno en el mercado bancario suizo, sin disponer de sucursales. En el plazo de un año Neon ha conseguido 30 000 clientes. 

Este contenido fue publicado el 19 agosto 2020 - 09:28

La sede de Neon no está en la Paradeplatz, la emblemática plaza donde se asienta el sector financiero en el corazón de Zúrich. Las oficinas NeonEnlace externo se encuentran en una concurrida calle de la ciudad. No hay mármol ni obras de arte ni muebles lujosos, solo se observa una amplia y funcional oficina de estilo minimalista, típica de las empresas emergentes en expansión cuya prioridad es el desarrollo de nuevos productos para asegurar su evolución.

Generalmente, los neobancos no necesitan sucursales ni cajeros automáticos porque están dirigidos a un público que se comunica y opera a través de canales digitales.

Su clientela busca sistemas rápidos y sencillos para gestionar su dinero que prioricen la reducción de los costos de transacción, cuyos niveles han repuntado exponencialmente durante los últimos 10 o 20 años en la banca tradicional. Un teléfono inteligente es suficiente para abrir una cuenta y para efectuar todas las operaciones financieras en línea.

"Nos dimos cuenta de que existía una laguna, un mercado desatendido en Suiza. Así que decidimos dejar nuestros empleos y crear nuestra propia empresa", explica Jörg Sandrock, director general y cofundador de Neon. Al equipo se integraron cuatro jóvenes consultores financieros. Tras una primera fase de prueba, en marzo del 2019 lanzaron oficialmente su aplicación bancaria. Y en algo más de un año de han conseguido 30 000 clientes.

Comisiones casi inexistentes

La cuenta bancaria se abre en unos minutos: el cliente es invitado a presentar una foto de un documento de identidad oficial y se verifican sus datos mediante una videollamada, o un procedimiento de identificación digital autorizado por FINMA, autoridad supervisora del sistema financiero suizo. Luego, el cliente obtiene una tarjeta de débito que le permite realizar compras en Suiza y en el extranjero, así como una cuenta bancaria similar a las tradicionales, en la que puede recibir su salario o transferencias nacionales o internacionales de dinero.

Los neobancos como Neon están ganando cada vez más mercado, porque generalmente ofrecen soluciones más innovadoras y funcionales que la banca tradicional y sus menús incluyen servicios de pago valorados por la gente, como Google Pay o Samsung Pay.

Pero sobre todo eliminan, o reducen de forma significativa, las comisiones por la gestión de la cuenta, por las tarjetas de débito o crédito y las retiradas de efectivo en el extranjero. En vez lugar de los 50 a 100 francos al año por una tarjeta de crédito estándar, la mayoría de los bancos tradicionales cobrar entre el 1,5% y el 2,5% por cada pago realizado y suplemento de cerca del 2% sobre el tipo de cambio cuando se utiliza la tarjeta en el extranjero. Y quien retira dinero en un cajero automático tiene que desembolsar una comisión de al menos 10 francos por operación.

Cambio estructural

Una oferta de servicios más barata ý transparente en términos de comisiones bancarias explica el meteórico éxito que han tenido los neobancos en numerosos países europeos y, en los  últimos años, también en Suiza. En 2019, el banco británico Revolut zarandeó al sector bancario helvético cuando anunció que contaba con 250 000 clientes de origen suizo sin apenas haber invertido en publicidad. Entre tanto, registra 300 000 descargas de su app, una cifra que pone celosos a numerosos bancos suizos.

El éxito de los neobancos –también conocidos como bancos “móviles”, “de teléfono inteligente” o “del desafío” – refleja un cambio estructural en el mundo bancario. En el caso de numerosos servicios financieros, la banca de proximidad y la relación entre el banquero y el cliente pierde interés. Las compras a través de internet se han multiplicado en los últimos años y se han disparado con la crisis del coronavirus. En el mundo de las transacciones por internet han aparecido nuevos actores, comenzando por los gigantes de la red, que están cada vez más interesados en desarrollar nuevos servicios financieros.

La política monetaria de los bancos centrales, basada en tasas de interés cero o muy bajas durante los últimos años, ha reducido drásticamente los márgenes de ganancia de los  bancos tradicionales por la concesión de créditos a personas y empresas. En el pasado estos jugosos márgenes eran jugosos y permitían a los bancos ofrecer a su clientela cuentas y servicios de pago gratuitos o a bajo precio. Desde hace 20 años, los bancos cobran cuotas cada vez mayores por los servicios básicos y las transacciones, lo que ha llevado a los clientes a buscar soluciones alternativas.

Falta de competencia

Recientemente, la Asociación Suiza de Banqueros (ASB) habló sobre la importancia de la digitalización de los servicios financieros y enfatizó el progreso que han hecho algunos bancos suizos, cerrando numerosas sucursales o reconvirtiéndolas en áreas de servicio al cliente. Sin embargo, hasta ahora muchas ofertas de banca electrónica, comenzando por las apps, no han conseguido seducir a una clientela que se mueve con soltura en el mundo digital. Solo un banco tradicional, Cler, ha desarrollado una aplicación comparable a la de los neobancos.

¿Fueron demasiado pasivos los bancos suizos? “No creo que nos hayamos dormido en los laureles, pero tal vez la densidad de su estructura organizacional los ha paralizado un poco”, señala Jörg Sandrock. “Y tal vez les ha faltado la competencia que hubo en otros países. En España, por ejemplo, tras la crisis financiera de 2008, algunos bancos tuvieron que revisar sus estrategias para sobrevivir. En Inglaterra, la competencia es tan fuerte que algunos bancos tuvieron que buscar nuevas soluciones”.

Pese a sus avances, los neobancos aún están lejos de hacerle sombra a los bancos suizos tradicionales. Los nuevos operadores extranjeros como Revolut o Transferwise prácticamente solo pueden ofrecer servicios de tarjetas de crédito y transferencias internacionales. Negocios cuya rentabilidad no se puede comparar con la de la gestión de fortunas, que es la que ha generado la bonanza de la plaza financiera suiza. Pero estos bancos totalmente digitales generan cierta inquietud por su rápido crecimiento en un mercado cada vez más abierto y competitivo.

Colaboración con socios

Los responsables de Neon saben que encontrarán sin problema su hueco en este nuevo mercado. Según un estudio publicado en 2019 en el portal de comparación de precios Moneyland, el neobanco zuriqués era el que ofrecía más ventajas respecto a los bancos tradicionales con los que compite. Los criterios elegidos para evaluar su desempeño fueron los servicios, comisiones, tasas de cambio y costos de utilización de tarjeta de crédito, entre otros.

“Respecto a los neobancos extranjeros tenemos la ventaja de ofrecer a nuestros clientes una cuenta bancaria suiza en la que pueden recibir su salario y que les permite realizar pagos habituales mediante facturas QR, facturas electrónicas, etc. También ofrecemos una mayor seguridad, dado que los datos bancarios permanecen en Suiza y nosotros estamos sujetos a la legislación financiera nacional que garantiza una cobertura de 100 000 francos [a los clientes]”, dice Jörg Sandrock.

Como Neon carece de licencia bancaria tradicional colabora con el Hypothekarbank Lenzburg, que se ocupa de la gestión de las cuentas. La gestión de valores, créditos empresariales o préstamos hipotecarios no forman parte de su portafolio de servicios.

"Lo que nos diferencia de un banco [tradicional] es que no nos interesa desarrollar y ofrecer todos los productos financieros, preferimos trabajar con socios que se especializan en las áreas que nosotros no cubrimos”, explica el director general de Neon. “Creo que el futuro de la industria bancaria probablemente está justo allí (en la colaboración), ya que cada vez será más difícil para una sola entidad ofrecer valor añadido al cliente y ser rentable si ofrece una amplia variedad de productos por cuenta propia”, concluye Jörg Sandrock.

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