El arte visceral y sin tabúes de Tracey Emin cobra nueva vida en una gran retrospectiva
Judith Mora
Londres, 25 feb (EFE).- El arte visceral y sin tabúes de Tracey Emin protagoniza la mayor retrospectiva dedicada a la artista en la Tate Modern de Londres, una muestra que recorre la evolución de una creadora que ha desgranado algunos traumas femeninos como pocas en la escena contemporánea.
‘Tracey Emin: A Second Life’ (Tracey Emin: Una Segunda Vida), abierta al público entre el 27 de febrero y el 31 de agosto, muestra la trayectoria de una figura clave de los Young British Artists, la generación que revolucionó el arte británico en los años 90, en la que Emin (1963) destacó al explorar su propia existencia.
Con más de 90 obras en pintura, video, textiles, neón, escultura e instalación, que cubren cuatro décadas de carrera, esta exposición arroja luz al enfoque de esta artista, que en sus inicios fue cuestionada por desvelar su trasfondo más íntimo, desde violaciones y abusos a varios abortos.
El comisario adjunto de la muestra, Alvin Li, mantiene que «fue una pionera».
«Nuestra comprensión del arte contemporáneo, especialmente sobre lo que debería estar permitido, ha cambiado fundamentalmente gracias a Tracey», dijo a EFE este miércoles, durante la presentación a la prensa.
Su famosa cama deshecha
«Si se analiza la cobertura mediática de su nominación en 1999 al premio Turner (con la obra ‘Mi cama’, mostrando su lecho tras una noche de excesos), hubo mucha controversia, incomprensión y misoginia, y se puso en duda si eso era arte. Esto hoy ya no se ve así», afirmó el experto.
Esa misma cama revuelta rodeada de ropa sucia, bebidas y colillas puede verse en la exposición londinense, en contraste con otra cama pintada en 2024 en acrílico sobre tela, titulada ‘El final del amor’.
La muestra en la Tate Modern comienza con piezas de sus primeros años, entre ellas las de su primera exposición individual, ‘Mi mayor retrospectiva 1982-93’, que incluyó una serie de fotografías diminutas de los cuadros que hizo como estudiante de arte en los 80 y que posteriormente destruyó.
Nacida en 1963 de padre turcochipriota y madre inglesa-romaní y criada en la localidad costera de Margate, los diarios de Emin revelan aspectos duros de su infancia y adolescencia, en las que experimentó constantes agresiones sexuales tras dejar la escuela a los trece años (aunque después tuvo una educación universitaria).
«No me respetaba a mí misma. Demasiado pobre», escribe en uno de esos textos enmarcados, donde relata episodios de sexo cuando era casi una niña, abusos de hombres mayores, violaciones en callejones y, más tarde, dos abortos, uno de ellos mal hecho, que la marcó para siempre.
Muchos de sus lienzos, incluso los más recientes, capturan el efecto de esas intervenciones y en el conmovedor vídeo ‘Lo que se siente’ (1996) detalla cómo se sintió al decidir perder a su bebé. En la colcha bordada ‘Lo último del oro’ (2002) da consejos de la A a la Z para mujeres en situaciones similares.
Pese a la crudeza de los temas, la obra de Tracey Emin emana sensibilidad y delicadeza, con una sinceridad que, según Li, «abrió camino para generaciones posteriores de mujeres artistas».
Ya en su etapa más madura, ‘Ascensión’ (2024) evoca su recuperación de un cáncer de vejiga en 2020, que capturó también en una serie de fotografías desnuda con su estoma en el abdomen.
Un conjunto de lienzos de gran tamaño, también centrados en su cuerpo, reflejan su momento actual, creando en el luminoso estudio que ocupó a su regreso en 2017 a Margate, que abre gratuitamente a otros artistas.
«Tracey quiso que la exposición se titulara ‘segunda vida’, para recoger que todo lo vivido le permite ahora disfrutar del presente y comprenderse mejor a sí misma», apuntó el comisario.
Li aseguró que el legado de Emin, de 62 años, «no solo ha sido ya plenamente reivindicado, sino que es muy celebrado tanto a nivel nacional como internacional».
«Ocupa una cátedra en la Real Academia de las Artes, fue nombrada dama del Imperio Británico y su obra ha modificado no solo el rumbo del arte contemporáneo, sino también el discurso público sobre las mujeres artistas y sobre la propia definición del arte», concluyó. EFE
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