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El destino de los abuelos

Hermann Wälchi y su pipa, el último suizo del Hogar de Ancianos. swissinfo.ch

Los abuelos son quienes más han sufrido con el cierre del Hogar Suizo para Ancianos. Resulta imposible no recordar la imagen de Enriqueta Tissot sentada en el parque o de Hermann Wälchli caminando con su pipa por el parque.

Este contenido fue publicado el 21 mayo 2004 - 20:03

Es triste pensar que han tenido que ser trasladados del lugar que eligieron, donde cultivaron sus costumbres y afectos.

Verena Oberli puso especial atención en proponer a las familias lugares para trasladarlos ante el cierre irreversible de la institución:

“Ocho de los veinticuatro abuelos (principalmente los suizos y los que hablaban alemán) fueron ubicados en el Hogar Los Pinos, de la Sociedad Alemana de Beneficencia, ubicado en El Talar de Pacheco, que nos había hecho un ofrecimiento para llevarlos allí”.

En busca de un nuevo Hogar

“Nosotros se los sugerimos a los familiares porque es un lugar que ofrece las mismas posibilidades y el mismo ambiente, y es muy parecido al Hogar Suizo. Los demás se fueron a otros sitios, algunos a las casas de la familia y otros a distintos geriátricos”, explica.

“Yo tengo la conciencia bien tranquila porque pude ubicar a todos los ancianos”, dice, al tiempo que no puede dejar de lamentarse y mostrar la angustia que le provoca esta situación.

swissinfo quiso saber más sobre el nuevo lugar donde destinaron a los abuelos. Se comunicó con la responsable del Hogar Los Pinos y pudo interiorizarse de la situación de los ancianos:

“Los abuelos llegaron en excelentes condiciones y se han adaptado muy bien. Las familias los trajeron aquí, excepto el caso de Hermann Wälchli que como no tiene familia lo destinó la Embajada de Suiza, pero él también está muy bien. Sólo un abuelo está bajo dependencia total, pero por un tema de edad”.

“Llegaron totalmente bien cuidados y bien cuidados siguen. Este lugar es muy parecido al Hogar Suizo y además se encuentran con otros ancianos que hablan alemán”, algo importante pensando que todos los abuelos que recibieron en Los Pinos hablan el alemán, excepto una suiza francesa.

Una pérdida enorme

Para Verena Oberli, “con el cierre del Hogar se pierde lo poco que tiene la comunidad helvética en Buenos Aires. El suizo, salvo el Club Suizo, no tiene ningún lugar donde pueda encontrarse con un compatriota. No existe más ninguna sociedad”.

La ex Presidenta de la institución que acaba de desaparecer, dice que la “falta de solidaridad y de compromiso, sumadas a la falta de inmigrantes” son las causas que han provocado esta disolución de entidades helvéticas.

“¿Tristeza? Por supuesto que me da tristeza…” concluye Oberli.

swissinfo, Norma Domínguez, Buenos Aires

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