El triste regreso a casa de los desplazados tras las inundaciones en Marruecos
Mohamed Siali y Mar Marín
Bahiet (Marruecos), 26 feb (EFE).- Fátima regresa a su casa obligada por las autoridades tras casi un mes desplazada por el temporal. En Bahiet, a 80 kilómetros de Rabat, los campos siguen inundados, las casas inhabitables y decenas de personas viven en tiendas de campaña improvisadas en los pocos caminos que se abren con la bajada del nivel del agua.
Fátima carga en sus brazos a su bebé en el patio de su casa. Se mueve lentamente entre una capa de medio metro de lodo. Fátima, nombre supuesto porque no quiere revelar su identidad, vive su ramadán más triste.
Bahiet, una aldea dedicada a la agricultura y la ganadería en la provincia de Kenitra, es hoy un lodazal. Los graneros y establos han quedado destruidos y los campos están cubiertos por una laguna gigantesca.
El fango atrae a los insectos y el olor a putrefacción de animales atrapados en el barro se extiende por la aldea.
Una sucesión de borrascas inundó entre enero y febrero el norte de Marruecos, obligó a desalojar a más de 180.000 personas y dejó graves daños en infraestructuras y agricultura.
Tras casi un mes, el Gobierno marroquí declaró este miércoles que daban por zanjadas las operaciones en las zonas de Kenitra y Sidi Kacem con el regreso de los evacuados «tras verificar que se cumplían todas las condiciones de seguridad para los ciudadanos afectados».
El calvario de Fátima
Fátima, con tres hijos, de entre 13 años y 14 meses, dejó su casa hace un mes. Obligada a volver, se pregunta cómo va a recuperar su vida sin pastos ni cultivos.
Como sus vecinos, se instaló en un descampado a unos 35 kilómetros de la aldea tras las inundaciones. Las autoridades desmontaron esta semana el campamento. Algunos se movieron a ‘El Menzeh’, un bosque al este de Kenitra, otros buscaron refugio con familiares o regresaron aunque no hay condiciones.
«Se llevaron todas las tiendas de campaña y nos expulsaron de allí», en mitad del ramadán, el mes sagrado en que los musulmanes ayunan entre el amanecer y el atardecer.
«Nos dijeron: ‘Vayan a romper el ayuno a sus casas’. Les decimos que nuestras casas aún no se han secado. Nos responden: ‘Eso no nos importa, tienen que irse’. No les pedimos nada. Solo que nos dejen con nuestro ganado. Se negaron», relata a EFE.
En mitad del bosque, las familias acampan con vacas, ovejas y cabras, algunas claramente enfermas.
«La gente ha perdido muchos animales. Nosotros hemos perdido una oveja y una ternera», lamenta Fátima junto a los restos del animal, que acaba de morir.
Tenía 30 ovejas y ocho vacas antes de las inundaciones. «Hemos perdido todo. Plantamos cebada y alfalfa, no queda nada de ellas».
Solidaridad
Rahma Refian, de 62 años, no puede volver a su casa de Cherraqa. También expulsada del campamento, se instaló en el bosque con su familia, seis vacas y cuatro caballos.
«Nos dijeron que nos fuéramos de allí, y nos fuimos. Vinimos a escondernos aquí en el bosque con nuestro ganado. Nos dijeron que nos fuéramos de aquí también», se queja.
«Pasamos todo el día trasladándonos, desde la mañana hasta la noche. El ganado se hundía en la arena mientras cargábamos los muebles sobre nuestros hombros», explica a EFE.
Pero Rahma no puede volver a una casa que «sigue llena de barro” y prepara sus cosas para ser acogida por familiares en una localidad próxima.
Recuerda que hubo situaciones parecidas en 2009 y 2010, pero entonces, les permitieron quedarse tres meses en el campamento.
«Este año el ramadán ha sido muy triste. Rompemos el ayuno con pan y ‘harira’ (sopa marroquí). No nos dan ni comida ni nada. Hasta la ‘harira’ se ha convertido en un lujo», lamenta Rahma.
En espera de ayuda
Mohamed tiene 70 años. Acaba de regresar a Bahiet desde el bosque. Su familia ha perdido el establo, un quiosco de alimentos, un precario molino para trigo y una barbería, además de los campos de cultivo.
«Se me murieron alrededor de diez ovejas y tres vacas. No encontramos qué darles de comer y nadie nos proporciona heno». «Nos dijeron que nos compensarían económicamente por los daños causados a nosotros y a nuestros comercios. Hasta ahora no hemos visto ninguna ayuda», denuncia.
Marruecos ha activado un plan de emergencia por unos 300 millones de euros para los damnificados por las inundaciones, pero Mohamed, como sus vecinos, se pregunta cuándo llegará la ayuda y por qué no hay máquinas trabajando en la aldea para drenar el agua y retirar el lodo.
Vivir en una tienda frente a tu casa
Muy cerca, varias familias aguantan en un campamento improvisado sobre un camino destapado con la bajada del agua. Conservaron las tiendas que les facilitó el Ejército cuando se evacuaron y ahora son su «hogar» en Bahiet.
Sus casas están inundadas, han perdido todo. Familias enteras con bebés y niños pequeños duermen y cocinan en las tiendas con lo poco que han logrado salvar.
Con esterillas y mantas pasan la noche y con hornillos de gas preparan, dentro de las tiendas, una comida básica para romper el ayuno de ramadán al atardecer.
Alrededor, solo agua y fango. EFE
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