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Es sólo un sueño y nada más

Afiche de la exposición 'Es sólo un sueño y nada más'.

Los sueños son quizás una fuente de ansias sin coraje para revelarse plenamente, deseos espantosos que escapan cobardemente con los primeros rayos de luz y se esconden en los recovecos del alma para atacar de nuevo cuando llega la noche.

El Museo Strauhof de Zúrich presenta una exhibición que aborda el inagotable tema de los sueños y su relación con la literatura, acaso también otra forma de soñar.

El sueño pertenece únicamente a aquel que sueña, es su propiedad exclusiva, la creación inconfundible de sus anhelos más profundos e inacabados. Ya sea feliz o entristecido por el recuerdo de esta insólita experiencia nocturna, el soñador siente al despertarse confusión y desasosiego en su interior. Por eso, cuantas veces por las mañanas a la hora de levantarse se suele decir: ¡bah, fue sólo un sueño y nada más…!

Soñar con los ojos abiertos

La fascinación de la literatura por el inquietante mundo de las imágenes oníricas, data desde tiempos muy lejanos. La fantasía o el modo radical en el que éstas se presentan durante la noche, desata una formidable tensión de la cual se han nutrido poetas y autores para escribir sus historias, novelas o relatos.

La literatura se emparienta a los sueños pues ambos tienen que ver indiscutiblemente con la imaginación del soñador, de ahí tal vez el tópico de que los ‘poetas sueñan con los ojos abiertos’

No obstante, los relatos literarios en conexión con el ámbito onírico, constituyen un espacio artístico que sigue sus propias leyes, son una forma creada artificialmente por el escritor para poder comprender el universo de quien duerme.

Freud y el cinematógrafo

Dividida en diferentes periodos de la historia de la literatura, la exhibición del Museo Strauhof abre, como era de esperarse, con la figura emblemática de Sigmund Freud, creador de la teoría del psicoanálisis y la doctrina del subconsciente dado a conocer en Viena, Austria, en 1895.

Para esas mismas fechas, los hermanos Lumière lanzan en París el extraordinario invento del cinematógrafo, y se exhibe por primera vez para asombro de todos una película. Estas dos conquistas del espíritu humano, la del psiquiatra austriaco y la del cine, van a determinar el curso del siglo XX, pues cada una a su manera planteaba un camino diferente para aprehender los sueños.

Poco más tarde, los surrealistas con André Breton al frente, revolucionan el sentido de la vida al liberarla de las ataduras o dictados de la razón, y hacen tabla rasa de los valores de la sociedad burguesa para proponer, en cambio, el poder de la imaginación y la poesía como los grandes motores de la existencia.

Pero no sólo las imágenes incubadas por el sueño van a rescatar el espíritu del
hombre, sino también la literatura surrealista va a exaltar la espontaneidad, el ocultismo, el sadismo, el masoquismo, la locura, el miedo o la esquizofrenia, como una vía más para llegar a descubrir el misterio de la vida.

“El sueño de la razón produce monstruos”

Con este célebre grabado de Francisco de Goya, en donde un personaje aparece durmiendo reclinado sobre su escritorio, rodeado de aves nocturnas y monstruosas, se da entrada en esta exposición a los sueños inspirados por la era romántica.

El romanticismo europeo y en especial el alemán, hizo su irrupción en el arte y la literatura mostrando un gusto particular hacia todo aquello que era considerado raro, inesperado, feo, melancólico o nostálgico.

Jean Paul, Novalis y Heinrich von Kleist, entre otros, ven en el sueño una fuente inagotable de inspiración poética, puesto que en él se confunden las fronteras que separan la naturaleza y el arte, el día y la noche, la vigilia y el universo onírico. Para varios románticos alemanes la noche era una crianza, la portadora de la verdad “verdadera” que durante el día permanecía oculta para revelarse cuando se duerme.

El oráculo de los dioses

En la Antigüedad greco-romana la función que la mente despliega cuando el individuo duerme, tenía una significación muy diferente. Se creía que la persona no tenía sueños, sino más bien los recibía o los ganaba. Estos eran los oráculos a través de los cuales se manifestaban los deseos o los encargos de los dioses.

Los oráculos podían predecir el futuro bueno o malo del creyente, pero sus mensajes eran casi siempre ambiguos, por eso las pitonisas o mujeres de espíritu profético eran quienes interpretaban el lenguaje oscuro de los designios divinos.

En la cerámica griega son famosos los vasos y ánforas con escenas de guerreros antes de partir a las batallas, consultando a las pitonisas para saber el fin que tendrían las guerras. El sueño de Penélope en la Odisea de Homero es uno de los más significativos de la Antigüedad clásica.

Los paraísos artificiales

Los sueños a su vez podían provocarse a través de ciertas substancias químicas o naturales, que se ingerían para experimentar terrenos desconocidos de la psique humana y llegar a un estado de inspiración excesiva al que los poetas llamaban curiosamente, paraísos artificiales. ¿Era acaso una forma más de hacer literatura?

En esta muestra se presentan numerosos ejemplos, como la influencia que tuvo el alcohol en la obra de Edgar Allan Poe, el opio en Thomas de Quincey, el hachís relacionado con Charles Baudelaire, la cocaína con Gottfried Benn, la mezcalina con Henri Michaux o bien la morfina con Klaus Mann.

La exhibición ‘Es sólo un sueño y nada más’ en el Museo Strauhof cerrará sus puertas el 5 de septiembre de 2010.

Araceli Rico, Zúrich, swissinfo.ch

En breve

El Museo Strauhof de Zúrich presenta una singular exhibición dedicada a los sueños y su relación con la literatura, llamada: ‘Es sólo un sueño y nada más’

Un fascinante recorrido por el mundo onírico y su poderosa influencia no sólo en la creación literaria sino igualmente en el cine, la poesía y el arte.

Se exhiben extractos de obras de una gran variedad de autores que van de la Antigüedad greco-romana a la época actual. Autoras modernas como Ingeborg Bachmann o Meret Oppenheim, pasando por Franz Kafka, Louis Aragon, Walter Benjamin, Fernando Pessoa y otros pensadores más enriquecen esta muestra, que parece dar las buenas noches y desear buenos sueños a todos aquellos que la visitan.

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