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Kabul e Islamabad: De la guerra abierta a pedir diálogo y el entierro del acuerdo de Doha

Kabul/Islamabad, 27 feb (EFE).- Afganistán y Pakistán pasaron este viernes de la guerra abierta a la petición de diálogo por parte de Kabul tras una escalada bélica de 48 horas que, iniciada por la ofensiva terrestre talibán y respondida con ataques aéreos paquistaníes sobre la capital afgana, entierra el acuerdo de seguridad de Doha de 2025.

En medio de esta crisis, el Gobierno de los talibanes aseguró este viernes que, pese a estar listos para responder a cualquier agresión, su objetivo final sigue siendo una resolución negociada con las autoridades paquistaníes.

Sin embargo, esta oferta de diálogo contrasta con la ofensiva sobre el terreno. Un poco antes de la media mañana de hoy, el Gobierno talibán lanzó nuevos ataques aéreos contra centros de mando y bases militares estratégicas en el interior de Pakistán, como respuesta directa a los bombardeos de madrugada de Islamabad sobre Kabul, Kandahar y Paktia.

Se trata de una espiral de hostilidades iniciada el pasado 22 de febrero con un bombardeo aéreo de Pakistán sobre suelo afgano, que ha derivado en la declaración formal de «guerra abierta» por parte de Islamabad este viernes, tras una sucesión de incidentes armados en la línea fronteriza.

La escalada militar destaca por la opacidad de la información y la fuerte disparidad en los partes de bajas de ambos bandos. Mientras el Ministerio de Defensa talibán asegura haber matado a 75 soldados paquistaníes en las últimas horas, sumados a otros 100 durante el fin de semana, Islamabad rechaza estos balances.

El mando paquistaní apenas reconoce bajas propias, califica los anuncios de Kabul de propaganda y afirma haber neutralizado a 274 insurgentes mediante incursiones aéreas.

A estas contradicciones se añade la ausencia de pruebas materiales, ya que ningún ejército ha publicado imágenes, vídeos o listas de identidades para verificar sus operaciones de forma independiente.

Hasta el momento, los únicos datos oficiales provienen de las bajas admitidas en suelo propio, Afganistán reconoce 13 militares y 20 civiles muertos (incluyendo los 17 del bombardeo inicial de Pakistán), mientras que Pakistán mantiene sus cifras de fallecidos al mínimo.

La misma situación de opacidad se traslada al control del territorio en la Línea Durand, la porosa frontera, donde el mando afgano asegura haber capturado dos bases y 19 puestos militares.

Por su parte, Islamabad niega cualquier pérdida de posiciones, no reconoce haber cedido soberanía y defiende que sus operaciones han sido quirúrgicas y limitadas a la destrucción de infraestructuras del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP).

El núcleo de esta ruptura es el TTP, una facción ideológicamente similar a los gobernantes de Kabul que ha disparado la violencia insurgente en suelo paquistaní un 70 % desde que sus aliados retomaron el poder en 2021.

La negativa de los talibanes afganos a enfrentarse a sus hermanos ideológicos paquistaniés ha empujado al mando militar de Islamabad a dar por agotada la vía del diálogo, optando por lanzar misiles directamente contra supuestos santuarios del TTP.

El actual estado de guerra entierra el acuerdo de seguridad firmado en Doha en octubre de 2025, dejando en papel mojado el compromiso internacional de tregua por el cual Kabul se comprometió a neutralizar a los grupos insurgentes que operan desde su territorio a cambio de que Islamabad detuviera sus bombardeos transfronterizos. EFE

lk-aa-mtv-igr/pav/jlp

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