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La «guerra de cifras» entre Kabul e Islamabad arroja balances masivos e inverificables

Nueva Delhi, 27 feb (EFE).– Si se sumaran los éxitos militares reclamados por Pakistán y Afganistán desde el inicio de las hostilidades el pasado fin de semana hasta este viernes, el conflicto entre ambas partes habría dejado ya más de 300 muertos y decenas de posiciones militares tomadas.

Sin embargo, entre un escenario de opacidad, apenas una treintena de estas bajas han sido reconocidas oficialmente por las autoridades responsables del territorio donde ocurrieron los hechos.

Mientras el Ministerio de Defensa talibán reclama la muerte de 75 soldados paquistaníes hoy, que se sumarían a 100 insurgentes que aseguran haber matado durante los combates del pasado fin de semana, el mando de Islamabad apenas reconoce bajas militares propias y asegura, por el contrario, haber «neutralizado» a 133 insurgentes en sus incursiones aéreas.

A la disparidad de números se suma una ausencia total de pruebas materiales que den peso a las afirmaciones de ambos ejércitos, ninguno de los bandos ha difundido imágenes, vídeos o listas con la identidad de las víctimas que permitan verificar de forma independiente el alcance de sus operaciones.

Lo que sí se sabe

Hasta el momento, el único recuento que se aproxima a lo oficial surge de las bajas que cada bando admite en su propio suelo.

Kabul reconoce 8 militares y 20 civiles muertos (incluyendo los 17 del bombardeo inicial en Nangarhar), mientras que la cifra de soldados caídos admitida por Islamabad sigue siendo mínima, calificando de «propaganda» la supuesta muerte de sus efectivos.

Guerra de puestos y posiciones

Esta disparidad se traslada también a los logros territoriales, con el mando afgano asegurando haber capturado hoy dos bases y 19 puestos militares cerca de la Línea Durand, una maniobra que supondría un colapso defensivo en la frontera que Pakistán niega.

Para Islamabad, sus operaciones han sido «exitosas y quirúrgicas», asegurando haber destruido infraestructuras del TTP sin ceder un solo metro de soberanía, una versión distinta a la de Kabul que proclama la toma de armamento y prisioneros.

Opacidad en la Línea Durand

La opacidad de la información en las zonas de bombardeo en Paktika o a los puestos fronterizos convierte los partes de guerra en una herramienta de propaganda.

Al final, el resultado real de la crisis iniciada el pasado 22 de febrero queda entre las reclamaciones de bajas masivas de ambos ejércitos y el recuento de víctimas que, como en el caso de tres civiles fallecidos hoy en Afganistán, sí empieza a ser documentado por fuentes o medios locales.

El uso del comunicado como arma

Los talibanes, durante sus décadas de insurgencia contra la OTAN, desarrollaron una estrategia de comunicación basada en partes de guerra que a menudo presentaban cifras de bajas enemigas inverosímiles para elevar la moral de sus combatientes y proyectar una imagen de invencibilidad.

Por su parte, Pakistán mantiene una política de comunicación militar similar en sus operativos contra la insurgencia en el Baluchistán o en sus choques con la India, donde el mando militar tiende a reportar el éxito total de sus misiones y la eliminación masiva de «terroristas» o fuerzas enemigas mientras minimiza o silencia por completo las pérdidas propias para evitar el desgaste de la opinión pública. EFE

igr/mtv/alf

(foto) (vídeo)

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