La vida continúa en un Teherán que se prepara para un posible ataque de Estados Unidos
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Jaime León
Teherán, 25 feb (EFE).- La vida discurre con aparente normalidad en un Teherán sobre el que sobrevuela la amenaza de ataques estadounidenses con colegios abiertos y las calles llenas, pero donde muchos vecinos se preparan acumulando comida, agua y dinero en efectivo en caso de que estalle un conflicto.
En la norteña plaza de Tajrish nada indica que Estados Unidos ha realizado el mayor despliegue militar desde la guerra de Irak de hace 23 años en las cercanías de la República Islámica, con vecinos realizando compras o haciendo largas colas para entrar en restaurantes tras el iftar (ruptura del ayuno).
Allí, Josro, ingeniero civil de 48 años, compra frutas para su familia y expresa su preocupación por una situación que le trae recuerdos de la guerra con Irak (1980-1988).
“No quiero que mis hijos (de 6 y 9 años) pasen por lo mismo”, dice a EFE respecto a la guerra que vivió de niño y que le provocó un insomnio que se prolongó hasta años después de su fin porque los ruidos le hacían recordar los bombardeos.
Ahora se ha preparado para la posibilidad de un conflicto con la acumulación de comida en lata, frutos secos y agua “para poder alimentarnos si la guerra se alarga” y ha sacado dinero en efectivo por si colapsan los bancos.
También tiene planeado salir de Teherán si hay ataques, para lo que mantiene el depósito de gasolina del coche lleno para irse de la ciudad con rapidez.
Esas preparaciones proceden de la experiencia en la guerra de los 12 días entre Israel e Irán de junio cuando bancos iraníes fueron jaqueados y no era posible obtener dinero en efectivo, se produjeron largas colas en gasolineras y atascos para salir de la ciudad.
La maestra de arte de 34 años, Azadeh, también se ha preparado para un eventual conflicto y tiene “las maletas casi listas con lo esencial para poder salir lo más rápido posible” de Teherán si se producen bombardeos contra la capital.
Además ha sacado dinero en efectivo, algo que han realizado ya muchos vecinos y que ha llevado a algunos bancos a limitar la retirada de riales a 50 millones (31 dólares) por día ante la gran demanda, según pudo comprobar EFE en dos entidades bancarias.
Pero fuera de eso Azadeh hace vida normal y sigue con su vida social y laboral porque “solo con amenazas nadie deja de ir al trabajo o se encierra en casa”.
La mujer hace referencia a las continuas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de atacar a la República Islámica y que repitió el lunes al asegurar que “será un mal día para el país (Irán) y muy tristemente para su pueblo” si no cierran un acuerdo nuclear.
Ese acuerdo ahora mismo parece lejano porque aunque las dos partes han mencionado “avances” en las dos rondas de negociaciones celebradas hasta ahora en Omán y Ginebra, aún no se han acercado en sus líneas rojas.
En un aparente diálogo de sordos, Washington insiste en la suspensión de todo el enriquecimiento de uranio iraní y la limitación del alcance de sus misiles para que no puedan golpear Israel, mientras Teherán repite una y otra vez que solo está dispuesto a limitaciones en su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones.
Las dos partes se reúnen mañana en Ginebra, en el tercer encuentro indirecto entre el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, y el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, en lo que medios estadounidenses han calificado como “una última oportunidad”.
Irán hace frente además a renovadas protestas en universidades que han ido expandiéndose en los últimos días con gestos de desafío como la quema de banderas de la República Islámica y que se producen tras la brutal represión de las movilizaciones de enero en la que, según ONGs opositoras, murieron más de 7.000 personas.
Unas protestas que apoya el fotógrafo de 39 años Amirhosein porque quiere el fin de la República Islámica al tiempo que se toma con filosofía la posibilidad de una guerra.
“No he comprado nada. Ni tampoco tengo pensado irme de Teherán si empiezan los bombardeos”, dijo a EFE en Tajrish.
El fotógrafo sostiene que sigue con su vida normal, va al trabajo todos los días y sale con su novia todas las tardes “porque la vida continúa”. EFE
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