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Muestra para niños refugiados

Courtesy Art for the World, Geneva

La exposición itinerante 'Playgrounds & Toys' (Parques de juegos y juguetes) para niños refugiados llegó este viernes al Museo Cantonal de Arte de Lugano.

La muestra es el resultado de una idea de la ONG 'Art of the world', dirigida por Adelina Cüberyan von Füstenberg, crítica de arte y gran conocedora de artistas, a los que frecuentemente invita a participar con proyectos que muchas veces llegan efectivamente a realizarse en los campos de inmigrantes.

En ocasión del 50 Aniversario del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), esta exposición recorre el mundo entero: ha estado en Ginebra, Roma y Nueva York, y después de Lugano irá a Nueva Delhi, Venecia y San Pablo, en Brasil.

La intención de los organizadores es "crear un diálogo duradero y proficuo entre artistas, culturas y público, además de educar en la tolerancia y la solidaridad a través del arte y la educación", como dijo a swissinfo la señora Cüberyan. Añadió que "no intentamos encontrar nueva clientela en el mundo del arte, sino salirnos del ambiente artístico para llegar a un público más amplio."

La necesidad del juego

Las asociaciones internacionales actúan para garantizar un mínimo de bienestar físico a quienes viven en los campos de refugiados y buscan hacerles llegar alimentos, ropa y medicinas. Actividad digna de encomio, pero en el caso de los pequeños refugiados, la necesidad psíquica del juego es básica, como lo son la buena salud o el sentimiento de encontrarse fuera de peligro.

La situación precaria de los campos de refugiados no ofrece muchas posibilidades materiales, por lo que los proyectos de los artistas se realizan con elementos poco sofisticados; se trata casi siempre de madera, plásticos, papel, tela, y hasta elemento de deshechos que vuelven a reciclarse.

Es el caso de la red circular "Bailar con música", del artista chino Chen Zhen, construida con objetos fuera de uso, como fustes de cañón vacíos y viejas cuerda de alambre. Este espacio para juegos mereció el premio 2000 del Museo Internacional de la Cruz Roja, en Ginebra.

Es interesante ver cómo los artistas llegados del llamado 'Tercer Mundo' ofrecen con frecuencia las soluciones más ingeniosas para proporcionar a esos niños, que viven en condiciones difíciles, juegos y espacios de esparcimiento. De ese modo, ofrecen a los pequeños momentos en los que pueden finalmente descansar del mundo adulto, percibido por ellos como amenazador y lleno de peligros.

Otro ejemplo nos lo da el proyecto cubano 'Los carpinteros'. Se trata de construir una ciudad con la madera: casas, edificios, pedazos de autopista o de jardines, etc. Una ciudad transportable. Así, los pequeños pueden ingeniárselas para cambiar de sitio barrios enteros, o la dirección de las calles.

También tenemos el espacio 'Pip horne', que junto con el juego chino, ha sido seleccionado por un jurado popular en el Museo Internacional de la Cruz Roja. Esta es una estructura en forma de espiral, realizada con una cortina de cintas de tela amarilla translúcida que se mecen con el viento y se iluminan con la luz del sol. Al pasar por ahí, los pequeños perciben la textura dulce y acariciadora del tejido y se deleitan con las sombras alegres que proyectan los juegos de luz.

Espacio de intimidad

Para un niño traumatizado, este espacio es un refugio de paz que le ofrece la calma y la intimidad que tanta falta le hacen.

Al mismo tiempo que proporciona a los pequeños refugiados la posibilidad de vivir momentos serenos, esta exposición presenta un panorama de figuras internacionales del arte, la arquitectura y el diseño contemporáneo. Artistas de diferentes edades y nacionalidades se reúnen para "medirse" con el tema de la infancia, cada uno recogiendo ideas, memorias y sensaciones de su propio pasado de niño, y tratando de transformarlas, de adaptarlas a las necesidades de los chiquitines emigrantes.

El resultado está ante nuestros ojos y aparece como un taller donde se fraguan maravillas: juguetes olvidados por los chicos de ahora, que se entretienen casi únicamente con juguetes electrónicos; espacios surgidos de la nada, realizados con tres o cuatro elementos simples y que sin embargo se transforman en ciudades de la fantasía, o en vehículos para conducirnos al país de los sueños, de la aventura, de la alegría regeneradora. Para olvidar, al menos por algunos instantes, el dolor de la guerra o del conflicto. Para gozar de una tregua que amortigüe un poco los sufrimientos que, tan frecuentemente infringe a la infancia la injusticia del mundo adulto.

Lupita Avilés


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