Mascarillas gratis, pero ¿a qué precio?

Keystone / Peter Klaunzer

¿Quién tiene derecho a recibir mascarillas gratuitas en Suiza? En una distribución que no siempre responde a una lógica simple –aunque esa es precisamente la esencia de esta crisis sanitaria–  los cantones y las ciudades desempeñan su papel.

Este contenido fue publicado el 22 julio 2020 - 09:29
Alain Meyer

Para la Conferencia Suiza de Instituciones de Ayuda Social (CSIAS), es evidente que quienes dependen de la asistencia social o cualquier persona vulnerable y necesitada que debe asistir a programas de integración profesional o a citas médicas, por ejemplo, tienen que poder hacerlo sin pagar por las mascarillas.

A finales de marzo, en una Suiza confinada, la organización de ayuda Cáritas se mostró preocupada por la suerte de las personas desfavorecidas ante el coste añadido de la COVID-19. Y pidió al ministro de Sanidad suizo, Alain Berset, que excluyera (para las familias pobres) los gastos médicos de los tratamientos del coronavirus de la franquicia.

Solicitud a la Confederación

Así por ejemplo, las personas mayores en condiciones modestas deberían tener acceso a máscaras protectoras sin coste adicional, al menos, para poder utilizar el transporte público o hacer las compras en los supermercados, en aquellos cantones (Jura, Vaud) en los que es obligatorio su uso.  

A tal efecto, el 10 de julio, el Consejo Suizo de la Tercera Edad (CSA) presentó a la Confederación [Estado] una petición, porque teme que el gasto que genera la compra de mascarillas de un solo uso va a sumir a los pensionistas con bajos ingresos en una pobreza aún mayor. De hecho, el 20% de estas personas ya están en una situación precaria. “Este grupo de edad podría estar mejor atendido”, dice Roland Grunder, presidente del CSA.  

Dos mascarillas gratis al día  

“Según los cálculos, el gasto mensual por mascarillas puede estar entre 60 francos (una persona sola) y 160 francos (una familia). Cantidades importantes para quienes ya se encuentran en dificultades”, indica. Confinados automáticamente por su edad, las personas de 65 años o más se ven como los grandes olvidados de esta crisis. “La pandemia ha agravado esta impresión”, según el presidente del Consejo Suizo de la Tercera Edad. Su asociación (a la que el Consejo Federal [Gobierno suizo], como mínimo, debería escuchar) apenas ha sido consultada sobre el reparto gratuito de máscaras a las personas pensionistas.

“El gasto mensual para mascarillas puede estar entre 60 francos (una persona sola) y 160 francos (una familia). Cantidades importantes para quienes ya están en dificultades”

Roland Grunder, presidente del CSA

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Junto con Cáritas y Pro Senectute, el Consejo de la Tercera Edad ha bajado a la arena y ha hecho público un comunicado en el que alerta a la opinión pública de esta situación. Las personas más necesitadas deberían poder tener como mínimo dos máscaras gratis al día. O incluso tres “para casos de excepción justificados”, según cálculos del CSA. Ni los grupos de la 3ª y 4ª edad ni las personas beneficiarias de la asistencia social, de prestaciones complementarias y de la reducción de las primas del seguro médico deberían tener que pagar un solo céntimo para comprar las mascarillas. Solo para las 340 000 personas que reciben prestaciones complementarias, el objetivo sería distribuir alrededor de 20 millones de máscaras gratis al mes, durante el tiempo que haga falta.

Zúrich da ejemplo

Las ciudades y los municipios han sido los entes más receptivos a la distribución gratuita. Para atender a los comercios, desde el comienzo de la desescalada el 27 de abril, y después estando al servicio de las personas en situación precaria. La ciudad de Zúrich ha seguido las recomendaciones de la Conferencia Suiza de Instituciones de Ayuda Social (CSIAS) y, a partir de julio, ha concedido mascarillas gratuitas a todas las personas beneficiarias de la asistencia social. En la práctica, se les reembolsa (tras presentar las facturas) lo que han abonado por este concepto. Otras localidades han seguido el ejemplo de Zúrich, abonando directamente a los beneficiarios por adelantado las sumas correspondientes.

Varios municipios también han tomado la iniciativa de distribuir lotes únicos de diez máscaras a las personas más pobres para solucionar lo más urgente. Y contribuir así a que los habitantes de estas localidades sigan las recomendaciones del Gobierno en materia de prevención. Otros han preferido establecer reservas en caso de un duro revés, como el resurgimiento del coronavirus.

Las prácticas, por lo tanto, difieren mucho de una ciudad o un cantón a otro. El Jura (que acaba de imponer el uso de máscaras en todos sus comercios), por ejemplo, motu propio ha decidido conceder máscaras gratuitas a todas las personas que tienen derecho a una reducción de las primas del seguro de enfermedad.

Comunas bernesas soberanas

El cantón de Berna opta por diez máscaras gratuitas por habitante y municipio. “Esto hace un total de diez millones de piezas distribuidas en las últimas tres semanas, incluyendo mascarillas para bebés”, cuenta Gundekar Giebel, portavoz de la autoridad sanitaria de Berna. Suficiente para mantener la distancia, dice. “El cantón de Berna deja en manos de los municipios plena libertad para distribuir estas máscaras entre quienes ellos quieran y necesariamente a personas vulnerables”, añade. Al mismo tiempo, en los últimos meses su cantón ha adquirido también cientos de toneladas de material sanitario que ha almacenado para garantizar el rastreo.

El método empleado en Ginebra es diferente. Aquí, el cantón proporciona mascarillas a precio de costo, que se venden a las personas particulares a través de socios como la oficina de correos La Poste o los supermercados. “Las mascarillas se venden a 50 céntimos cada una”, según el departamento de Salud de Ginebra. Pero este precio podría bajar “si el cantón recibe pronto las máscaras fabricadas en Suiza a un precio de costo más bajo”, explica su portavoz, Marie de Coulon.  

Para garantizar que las personas más pobres y jubiladas que reciben pensiones complementarias puedan beneficiarse de esta gratuidad, el cantón de Ginebra ya provee a organizaciones de beneficencia. Pero a diferencia de Berna, que compra sus máscaras en China, Ginebra apuesta por el made in Switzerland y compra a un fabricante suizo. Y, como nos estamos preparando para un nuevo brote del virus, el cantón ha almacenado ya 3 millones de máscaras.

A la espera de la vacuna

Para evitar la desigualdad de trato, en Suiza se ha dado un primer paso importante: esta primavera se han realizado pruebas de detección gratuitas a toda la población. Queda por saber cómo procederá el Estado con la vacuna contra el coronavirus. “Si esta última es obligatoria para todos, debería ser gratuita para las personas en situación precaria”, dice Ingrid Hess, portavoz de la Conferencia Suiza de Instituciones de Ayuda Social. Y la compara con la vacuna contra la gripe, que las compañías de seguro médico ya reembolsan.

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