Piden penas de entre 18 y 4 meses para los acusados del robo de la vajilla del Elíseo
París, 26 feb (EFE).- Los tres acusados de haber participado en el robo de piezas de la vajilla del Elíseo reconocieron este jueves los hechos y la Fiscalía pidió para ellos entre 18 y cuatro meses de cárcel, en una sentencia que será dictada el próximo 16 de abril.
La pena mayor fue pedida para Thomas G., uno de los encargados de la custodia de la porcelana del palacio presidencial, de la prestigiosa Manufactura de Sevres, una fábrica que desde tiempos de la monarquía francesa se encarga de producir para los jefes de Estado galos.
La Fiscalía le consideró la pieza clave del robo, puesto que era el encargado de sacar los objetos del Elíseo, por lo que pidió una pena de 18 meses de cárcel, que podrá cumplir en arresto domiciliario, otros seis meses exentos de cumplimiento y 10.000 euros de multa.
Durante meses amasó una colección de objetos pertenecientes al patrimonio nacional francés hasta que, asolado por problemas financieros, comenzó a venderlos junto a su pareja, Damien G., coleccionista de objetos antiguos, que fue el encargado de las transacciones a través de internet.
La Fiscalía pidió para él una pena de seis meses de prisión más otros 18 sin cumplimiento y la misma multa que para su pareja.
La mayor parte de los objetos acabaron en manos de Ghislian M., vigilante del Museo del Louvre, apasionado de la porcelana, también implicado en el caso y para quien la Fiscalía pidió una pena de cuatro meses de prisión y otros 20 sin cumplimiento, además de 10.000 euros de multa.
Basándose en la estimación de la Manufactura de Sevres, que se presentó como acusación particular en el caso y que puso de manifiesto su valor histórico, el precio de los objetos robados supera los 317.000 euros, muy por encima de los 15.000 que reconocieron los acusados, que sustentaban su estimación en los precios de internet.
En esa diferencia residió buena parte de la defensa de los acusados, cuyos abogados pidieron indulgencia en las penas y el de Ghislian incluso su absolución al considerar que desconocía el origen fraudulento de los objetos que adquiría.
Durante tres años, Thomas G. robó objetos de la vajilla de porcelana del Elíseo, donde trabajaba como experto en la mesa del palacio presidencial. Los escondía en su mochila para sacarlos de la residencia donde nunca era registrado.
Junto a su pareja, Damien G., amasaron una gran colección de objetos que pertenecían a la prestigiosa Manufactura de Sevres.
Agobiados por problemas financieros, comenzaron a vender los objetos a través de internet y entraron en contacto con Ghislian M., un joven trabajador del Louvre apasionado de la porcelana, que les compró buena parte de los platos, vasos y otros objetos.
Lágrimas y petición de perdón
Los tres reconocieron los hechos, se mostraron arrepentidos por haberlos cometido, pero rechazaron haber organizado un sistema de desvío. «Cuando tuvimos problemas financieros empezamos a venderlos», dijo Thomas, que recuerda que en un momento no podía ni pagar el depósito de gas que alimentaba la calefacción del domicilio que compartía con Damien en la región parisiense.
La trama salió a la luz cuando los responsables de la vajilla comenzaron a darse cuenta de que faltaban objetos. Seis personas tenían acceso, pero pronto destacó el nombre de Thomas, uno de los responsables de hacer inventario y al que sus jefes consideraban poco cuidadoso a la hora de señalar los platos rotos.
Los investigadores tardaron poco en sacar a la luz la trama pues las huellas del robo eran evidentes a través de internet. En los registros en sus domicilios aparecieron los objetos y ellos tardaron poco en confesar.
Durante el juicio, Thomas reconoció haberse «dejado llevar» por la facilidad del acceso a las piezas, pero negó que su intención fuera inicialmente enriquecerse. «Era admiración», aseguró ante la jueza, al igual que su pareja, que aseguró que en un principio no sabía que los objetos procedían del robo. «Pensaba que eran regalos de sus compañeros o de sus jefes. Me fui dando cuenta con el tiempo», aseguró.
A Ghislian le dijeron que procedían de una herencia de un abuelo de Damien y él, apasionado de la porcelana, no quiso mirar más allá. «Ni siquiera sabía que Thomas trabajaba en el Elíseo», aseguró el coleccionista, que dijo que se enteró viendo un reportaje en televisión y fue entonces cuando empezó a sospechar.
Entre lágrimas, pidieron perdón. Thomas al Elíseo, al que reconoció haber fallado en la confianza que había depositado en él. Damien a la sociedad. Y Ghislian a la Manufactura de Sevres, de la que se confesó un gran admirador. EFE
lmpg/cat/psh
(foto)(vídeo)