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EE.UU. es un socio comercial «imprescindible», dice el presidente de Suiza

Guy Parmelin inicia hoy su segunda Presidencia de la Confederación
Por segunda ocasión Guy Parmelin ocupa en 2026 la presidencia anual de Suiza. Vera Leysinger / SWI swissinfo.ch

Tras diez años en el Ejecutivo helvético, Guy Parmelin inicia hoy su segundo mandato como presidente de la Confederación Helvética. En entrevista, el también ministro de Economía de la derecha conservadora se pronuncia sobre el futuro de las relaciones con Washington, el lugar de Suiza en un orden mundial en constante transformación y el desafío de gobernar en tiempos de crisis.

Swissinfo: Usted fue elegido por segunda vez como presidente de la Confederación con 203 de un total de 210 votos válidos, el mejor resultado de las últimas cuatro décadas. ¿Cuál es el secreto de su popularidad?

Guy Parmelin: Me he acostumbrado a decir que hay que dirigir la pregunta a los miembros del Parlamento que me han dado su voto. Pero, pensándolo bien, creo que se explica por la estructura de mi ministerio: incluye la agricultura, la formación, la investigación, la economía y los interlocutores sociales. Gracias a ello estoy en contacto con prácticamente todas las comisiones parlamentarias. Por eso, muchos miembros del Legislativo me conocen bien y saben cómo trabajo.

Los medios de comunicación vaticinan que este será su último año en el Consejo Federal. ¿Le hará cambiar de opinión su elección triunfal? ¿Se irá a la prórroga?

Siempre he dicho que fui elegido para una legislatura completa. Evidentemente, siempre pueden surgir problemas de salud. Tengo que ser modesto. No obstante, mientras sienta la misma pasión y tenga ganas de trabajar con mi equipo, continuaré.

Guy Parmelin
«Debemos ampliar la red de asociaciones, pero Estados Unidos sigue siendo un socio indispensable para Suiza». Vera Leysinger / SWI swissinfo.ch

Su primer año en la presidencia, en 2021, estuvo marcado por la crisis de la Covid-19. ¿Qué conclusiones sacó de aquel año particularmente intenso que le podrán servir para su segundo mandato?

La crisis de la Covid-19 fue totalmente imprevisible. Así que aprendí que había que prepararse para todo. Muchas veces digo que estoy pasando por la quinta crisis consecutiva: después de la Covid-19, hubo la guerra en Ucrania y las consecuencias que tuvo para el suministro energético, luego la crisis de Credit Suisse y ahora la de los derechos arancelarios. Lo mejor que nos pudiera pasar, tanto a Suiza como al mundo, sería una estabilización, para que la economía mundial se recupere y nuestras empresas dispongan de condiciones óptimas para la exportación.

En las negociaciones para obtener un acuerdo arancelario con Estados Unidos hubo una colaboración muy estrecha entre las empresas y el gobierno. ¿Es un síntoma para la debilidad de la diplomacia suiza?

No, no creo. En este país nos olvidamos que el sector público y el privado deben trabajar juntos. La economía genera los ingresos que financian nuestra seguridad social y nuestro sistema educativo. Hay que conciliar la economía con la política y los poderes públicos. Si la economía funciona bien, la Confederación, los cantones y los municipios pueden cumplir con sus deberes. Se trata de una situación beneficiosa para todo el mundo. Pero tengo que dejar clara una cosa: es la Confederación quien negocia, no el sector privado.

Por el momento, sólo existe una declaración de intenciones no vinculante, lo cual significa que todavía cabe la posibilidad de que se dé marcha atrás. ¿No teme usted que Donald Trump cambie de opinión?

En la política, uno nunca puede estar seguro de nada. Pero cuando Suiza se compromete, cumple su palabra. Queremos convertir esta declaración en un acuerdo jurídicamente vinculante, lo mismo que desea Estados Unidos. Prometí al Representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer, que íbamos a ser expeditivos: preparamos un proyecto de mandato y consultamos las comisiones y los cantones. Esto ya está hecho, y ahora estamos listos para negociar con los estadounidenses sobre esta base. Las inversiones privadas vendrán más adelante, la industria farmacéutica ya las ha confirmado. En otros países se hicieron muchas promesas, pero los estadounidenses constataron luego que no estaban llegando los resultados.

Guy Parmelin
«Después de la pandemia, vino la guerra de Ucrania y sus consecuencias para el abastecimiento energético, luego la crisis en torno al banco Credit Suisse y ahora los aranceles estadounidenses. Estoy atravesando mi quinta crisis». Vera Leysinger / SWI swissinfo.ch

La prensa comparó el acuerdo de Estados Unidos con nueve laboratorios farmacéuticos con el fin del secreto bancario y considera que Suiza ha hecho concesiones importantes bajo la presión estadounidense. ¿Comparte usted esta valoración?

No, no es así. Este acuerdo fue cerrado por el sector privado y concierne ocho países, no sólo Suiza. Por nuestra parte hemos creado un grupo de trabajo para definir una estrategia con el fin de reforzar el emplazamiento farmacéutico suizo. Si queremos mantener una parte de la industria farmacéutica aquí, tendremos que mejorar las condiciones marco. Las empresas buscan la proximidad con sus mercados, los Estados Unidos, China y mañana quizás la India. No se puede hacer nada contra esto, pero sí mantener en el país la investigación y determinados empleos. Las discusiones girarán en torno a un marco favorable para atraer las inversiones en materia de innovación, todo ello sin que se disparen los costes sanitarios.

Suiza hizo muchas concesiones a Washington. En cambio, cuando se trata de negociar con la Unión Europea (UE), se muestra más cautelosa. ¿Se justifica esta moderación si tenemos en cuenta que la UE es nuestro primer socio comercial?

No creo que hayamos hecho más concesiones. Suiza negocia defendiendo sus intereses. Tenemos tres socios principales: la Unión Europea, los Estados Unidos y China. Se trata de socios complementarios; y por lo demás, nos toca diversificar. Esta es la principal conclusión de la crisis del multilateralismo: hay que incrementar las cooperaciones. Es por eso que tenemos acuerdos de libre comercio, por ejemplo, con la India. Pero los Estados Unidos son imprescindibles. No tenemos alternativa: tenemos que defender nuestros intereses.

Durante su primera presidencia tuvo que enterrar el acuerdo marco con Bruselas. En 2026, tendrá que acudir allá para firmar un nuevo paquete de acuerdos con la UE, en contra de la opinión de su partido. ¿Cómo hará frente a este desafío?

La situación es clara: el Consejo Federal toma decisiones, mientras que los partidos cumplen otro papel. En 2021, presenté en Bruselas la posición del gobierno, explicando que el acuerdo marco no era lo suficientemente bueno para Suiza. Esta vez, el Consejo Federal considera que el paquete de acuerdos es equilibrado y que se puede firmar. Se da la casualidad que me toca a mí transmitir este mensaje en nombre del gobierno. El proceso parlamentario y la votación popular vendrán después.

Guy Parmelin
«Puede que tardemos en tomar decisiones, pero en un momento crítico sabemos actuar con rapidez y eficacia». Vera Leysinger / SWI swissinfo.ch

¿Qué pasará si el pueblo rechaza los acuerdos?

No soy adivino. Si esto ocurre, habrá que ver cómo reacciona la Unión Europea frente al rechazo popular, que no se correspondería ni con el voto del Parlamento ni con la posición del Consejo Federal.

La iniciativa de su partido “No a una Suiza con 10 millones de habitantes” podría torpedear los nuevos acuerdos. Usted tendrá que enfrentarse a ella, lo que le pondrá en una situación incómoda con la Unión Democrática del Centro. ¿Teme usted ese momento?

Tenemos nuestros debates internos, y luego se toma una decisión. En este caso, el Consejo Federal consideró que esta iniciativa generaría riesgos importantes para la economía. Por eso la combatiremos y explicaremos los riesgos a la población. Si llega a ser aprobada, habrá que implementarla, pero no me dedico a hacer política ficción.

La inmigración es un motor esencial de la economía suiza. En su opinión, ¿cuánta inmigración sería sostenible para nuestro país?

No se puede plantear la pregunta de esta manera. Lo que inquieta a la población es el aumento constante, con infraestructuras cada vez más costosas y saturadas. En cualquier caso, Suiza siempre ha defendido una política migratoria alineada con las necesidades de la economía, y así será también en el futuro. ¿Llegaremos a determinados límites? Sea como fuere, la población lo está sintiendo. Se trata de un asunto extremadamente complejo. Lo que está claro es que la iniciativa «No a una Suiza con 10 millones de habitantes» pone en serios riesgos nuestra economía y nuestro bienestar.

La política global se está acelerando. Suiza, por su parte, mantiene su ritmo. ¿Es una ventaja o una desventaja?

El federalismo garantiza la proximidad con la población, algo que todo el mundo sostiene. En cambio, ralentiza los procesos, lo cual nos puede costar tiempo frente a la competencia. Por otro lado, esa lentitud nos permite observar los demás y evitar sus errores.

Se trata de ser rápidos a la hora de cerrar acuerdos de libre comercio. ¿No se queda rezagada Suiza en este aspecto?

Hemos sabido actuar con agilidad. Hemos cerrado un acuerdo con la India antes que la Unión Europea, y con Mercosur justo después que ella. El verdadero reto es la ratificación de este último tratado. Europa la ha aplazado a enero, pero a partir del momento de la firma aplicará el acuerdo de manera anticipada. Esto hará que nuestras empresas tengan que lidiar con una desventaja del 30 al 35 % en sus exportaciones a Sudamérica. Por tanto, es crucial avanzar con celeridad, incluso si llega un referéndum. Tenemos que convencer a la población de que es en beneficio del interés general.

El franco suizo es fuerte. ¿Se alegra por ello el ministro de Economía?

Afortunadamente, la política monetaria es competencia del Banco Nacional. La fortaleza del franco es el reflejo de la confianza internacional en nuestra economía y nuestras instituciones. Pero es una desventaja enorme para nuestra industria de exportación.

Guy Parmelin
«La agricultura es nuestro seguro, la base de nuestra seguridad alimentaria: si se cierran las fronteras, comeremos cada dos días». Vera Leysinger / SWI swissinfo.ch

Antes de haber sido elegido consejero federal y acceder a los más altos cargos del Estado, usted era agricultor. ¿Qué le ha quedado de ese primer oficio?

Sin ser pretencioso, creo comprender los problemas del sector. Muchas veces nos olvidamos que la agricultura es nuestra garantía en materia de seguridad alimentaria: si las fronteras se cerrasen, sólo podríamos comer cada dos días. Pero este sector está atrapado entre la protección de la naturaleza, la necesidad de producir y las contradicciones de los consumidores. Todo el mundo quiere productos sanos y de calidad, pero sin pagar por ello el precio justo. Y los que quieren proteger el medio ambiente se van a veces con el coche a comprar al otro lado de la frontera, en lugar de ir a pie a la tienda local de comestibles.

Una persona dedicada a la agricultura ve cada día el resultado de su trabajo. En la política suiza, sin embargo, las cosas avanzan más lentamente. ¿No le molesta esto?

Así es nuestro sistema: avanza lentamente, pero funciona. Y en el caso de una urgencia, sabemos actuar con rapidez. Durante la pandemia, entre los siete en el Consejo Federal, hemos activado el derecho de urgencia y decretado un parón casi total de la economía. Fue el momento más difícil de mi carrera: sabíamos que esta medida causaría tragedias en las empresas. Pero gracias a los préstamos COVID, hemos logrado evitar lo peor. Una vez anunciadas las ayudas, las empresas pudieron acceder enseguida al capital. No fue así en otros países. A veces, Suiza tarda más tiempo, pero sigue siendo eficaz.

¿Bajo qué signo desea poner su año presidencial?

No he escogido ningún lema. Demasiadas veces he visto cómo colegas anunciaron uno, para luego cambiarlo otra vez por culpa de una crisis o un acontecimiento inesperado. Lo que deseo ante todas las cosas es conciliar la economía con la política. Hay que explicar a las ciudadanas y los ciudadanos que, a pesar de que el mundo ha cambiado, podemos confiar en nosotros: Suiza dispone de excelentes condiciones. Y, sobre todo, hay que ir al encuentro de la población para escuchar sus preocupaciones y explicar las políticas que estamos poniendo en práctica.

Al volver al Gobierno de Suiza este mes de enero, presidirá las sesiones del Consejo Federal. ¿Cómo se ha preparado usted para esta tarea?

La ventaja que tengo es que ya he sido presidente durante un año, en un contexto particularmente difícil debido a la COVID. Tuvimos sesiones que se alargaban en el tiempo. Para prepararlas, me tocó hablar por teléfono con mis colegas, a veces hasta medianoche. Sentí una presión enorme. Hoy, el sistema funciona mejor: las estadísticas que pronto publicaremos muestran que hemos conseguido contestar a muchas más intervenciones parlamentarias en menos horas de trabajo. Hemos ganado en eficacia, y espero que sigamos así, aunque no nos faltarán los desafíos.

Guy Parmelin

Guy Parmelin es miembro del Consejo Federal desde 2015. Primero dirigió el ministerio de la Defensa, antes de asumir, en 2019, la cartera de Economía, Formación e Investigación. Ya en 2021 presidió la Confederación, en medio de la pandemia de la Covid-19.

Nacido en 1959 en Bursins, en el Cantón de Vaud, Guy Parmelin proviene de una familia de agricultores y viticultores. Después de realizar un aprendizaje como agricultor, obtuvo el diploma federal de maestría en viticultura antes de hacerse cargo de la empresa familiar. Salió elegido diputado al Consejo Nacional en 2003 como militante de la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora). En el parqué internacional despuntó como anfitrión de la cumbre que tuvo lugar entre Joe Biden y Vladímir Putin en Ginebra en 2021.

Guy Parmelin es conocido por su franqueza y por su capacidad de jugar con el humor y la cercanía. El ministro de Economía, que empieza su jornada a las 5.30 horas de la mañana, también es el consejero federal más madrugador. Lleva una vida familiar discreta que comparte con su esposa, sus sobrinos y sobrinas y su padre nonagenario.

Durante su segunda presidencia, quiere conciliar la economía con la política.

Editado por Balz Rigendinger, adaptado por Antonio Suárez Varela y revisado por Patricia Islas

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