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Los derechos laborales en el centro de sus vidas

Pedro Sancho, español en las altas esferas del poder sindicalista. swissinfo.ch

Los trabajadores españoles que emigraron a Suiza en los años 60 y 70 trajeron su idioma, su cultura y sus ideas políticas.

Perseguidos por la pobreza y el régimen franquista, se incorporaron a los sindicatos helvéticos y les dieron un impulso que se siente hoy, aun cuando algunos emprenden el camino de retorno.

El español Pedro Sancho se queda en Suiza, sigue en la contienda y desde una posición a la que hasta ahora no había accedido inmigrante alguno del sur de Europa: secretario central del sector industria gráfica y embalaje de Comedia, el sindicato de los medios.

44 años han pasado desde que llegó a Lausana siendo adolescente (13 años) para reunirse con sus padres, quienes habían huido de España para evitar la cárcel. La pareja de exiliados tenía la intención de ir a Australia, pero unos compatriotas los convencieron para venir a Suiza.

Sancho se casó con la suiza Rita y es padre de dos hijas. La muerte de una de ellas, de 24 años, es inminente. «Padece cáncer cerebral terminal, morirá en los próximos días», dice el padre con tristeza infinita y con una fortaleza interior que contrasta con su constitución menuda.

La lucha contra la adversidad empezó para Sancho temprano. Cuando llegó a Lausana no sabía una palabra de francés, tampoco había ido a la escuela en su Málaga natal por trabajar en el campo. «Fue una infancia perdida», recuerda.

«Por un sindicalismo más revolucionario»

Luchador por naturaleza, a los 16 años inició un aprendizaje como encuadernador, también gracias al apoyo de españoles «mejor preparados, con más conocimientos» y con «muchas inclinaciones políticas».

A los 17 años, Sancho entró a la Federación Suiza de Obreros de la Encuadernación y Embalaje. «Los españoles estábamos mal vistos porque criticábamos a los suizos por su disponibilidad al diálogo y a la paz laboral. Queríamos un sindicalismo más revolucionario».

¿Y hoy? «En mi juventud fui rebelde, contestatario, después me llegó la madurez política, tengo los pies sobre la tierra. Estoy en una fase más pragmática, conciliadora, más dispuesta al diálogo y a la búsqueda conjunta de un camino», responde.

A los 25 años era miembro de la Juventud Obrera Cristiana. «Lo que hoy tengo lo heredé de allí», dice el malagueño, quien pasó 6 de los 12 años en esta institución como dirigente nacional. Este cargo lo llevó a la Suiza alemana.

Por su formación profesional en Suiza, Sancho sentía que le aceptaban más que a trabajadores que venían directamente de España. «No tuve problemas por mi nacionalidad, pero sí por mis ideas sindicales y políticas».

En los 80 ingresó al Sindicato del Libro y del Papel y desde el comité ejecutivo empezó a trabajar para que otros inmigrantes accedan al liderazgo y «no queden como soldados».

Falta una solidaridad internacional

La migración siempre ha estado en la agenda de Sancho, aun cuando por ello debía enfrentarse a sus compañeros. «Se teme que los inmigrantes desestabilicen el mercado de trabajo, así es en todos los países. No hay una dimensión internacional de la solidaridad».

En 1999, cuando se creó Comedia, Sancho pasó de cofundador a puestos dirigentes. Hasta ahora el mayor fracaso como sindicalista ha sido no haber podido conseguir artículos en los convenios colectivos que prohíban la discriminación al interior de las empresas.

Su mayor logro: la creación de una comisión estatutaria de migración dentro de Comedia con un delegado en el comité ejecutivo y cuatro en el congreso. Asimismo, la apertura del camino a los inmigrantes a puestos de decisión.

Sancho asumirá pronto la secretaría central de la Industria Gráfica y Empaquetamiento de Comedia. Estuvo a punto de negarse, por la salud de su hija. Ella lo animó a asumir el puesto, el máximo al que accede un inmigrante del sur de Europa en un sindicato suizo.

Una mujer entre obreros

Carmen Rocha es española y combativa. Como secretaria de la construcción de la sección Berna de Unia, no duda en tomar los megáfonos y arengar a sus compañeros en cada manifestación. Tampoco repara en organizar la comida y la bebida para ellos.

Llegó a Suiza en 1970. «Mi país vivía un momento duro por la dictadura. Mi padre, un sindicalista destacado, me había dicho que no había futuro para alguien que no estuviera en el régimen y yo no quería trabajar bajo una dictadura», recuerda.

Decidió por ello emigrar a Suiza, donde estaba su hermano mayor. Muy pronto se integró al movimiento sindical y a una red de españoles que luchaba desde el exterior contra la dictadura franquista. «Éramos como el cuartel general de la oposición en España».

Al comienzo de sus más de 30 años en Unia (cuyas raíces están en el Sindicato de la Industria y la Madera y el Sindicato de la Industria y de la Construcción), Rocha «ayudaba en cualquier cosa». Antes trabajó en un restaurante y en una imprenta.

«Desde un principio fui aceptada por los obreros. Trabajar para ellos es gratificante. También fui aceptada por los suizos y gente de otras nacionalidades», expresa con orgullo.

La sindicalista ve el futuro inmediato de su sector color de hormiga. «A partir del 1° de octubre perdemos el contrato colectivo que tuvimos desde hace 70 años. Nos van a estrellar contra un muro de cemento».

«A partir de esa fecha puede venir a Suiza cualquier empresa extranjera y las empresas suizas no podrán competir con sueldos más bajos. Con el contrato colectivo podíamos controlar casos y sancionarlos a través de la comisión paritaria».

Su última arenga: que todos los trabajadores se sindicalicen. «Uno solo es muy vulnerable, no sabe sus derechos y si los sabe no es capaz de defenderlos».

swissinfo, Rosa Amelia Fierro

El sindicato Comedia representa los intereses de alrededor de 15.000 empleados en los medios suizos: industria gráfica y empaques, medios y editoriales en comunicación visual o el área de libros.

El sector de la Industria Gráfica y de Empaquetamiento de Comedia tiene 10.000 afiliados.

Comedia es miembro de la Unión Sindical Suiza (USS) y de la Unión Network Internacional.

Según la Oficina Federal de Estadística, el 20% de la población que vive en Suiza es extranjera.

El grupo más grande de extranjeros lo forman los italianos (19,6%), seguido por los serbio-montenegrinos (13%), los portugueses (11,1%), los alemanes (10,4%).

Los españoles representan el 4,7% de la población en Suiza y el 3,8% son oriundos de América.

Entre 1990 y 2005, el porcentaje de inmigrantes de los Balcanes aumentó de 150.000 a 350.000.

En los últimos años, la colonia de italianos tendió a bajar por el retorno de muchos de ellos a su país o porque optaron por la nacionalidad suiza. Algo similar ocurre con la colonia española.

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