Los nuevos elegidos aprenden su oficio
El recién electo Parlamento tendrá su primera sesión el 3 de diciembre. Unos sesenta nuevos diputados, algunos de los cuales con una experiencia política limitada, deberán familiarizarse con la máquina federal.
Para aliviar su futura carga de trabajo, a menudo calificada de muy pesada, los neófitos disponen de diversos medios, públicos y privados. Los partidos estimulan el sistema de mentores.
Los pupitres desbordantes, los bolsos abarrotados, multiplicación de las sesiones, un diluvio de papeles que debe enfrentar a diario un diputado en Berna. Todo ello además de su actividad profesional ya que el Parlamento helvético funciona según el principio de la milicia.
Para los recién llegados, el choque puede ser brutal, los partidos están concientes de eso. Con el fin de atenuarlo, todos cuentan, en primer lugar, con la buena voluntad de los antiguos. De la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha/nacionalista) al Partido Socialista, existe un sistema de ‘padrinazgo’ más o menos informal.
Además de ello, algunos partidos, como el Partido Demócrata Cristiano (PDC, centro/derecha), organizan una pequeña recepción. La idea es establecer contactos y aprovechar la presencia de los elegidos en las sesiones preparatorias de la sesión de invierno, fijadas para los días 23 y 24 de noviembre.
Aprendizaje en el terreno
También en esas fechas los Servicios del Parlamento han previsto presentarse. Los novicios pueden recurrir a esa entidad administrativa para la documentación o para el seguimiento del trabajo en comisión.
«Recibimos un montón de papeles sobre el mandato propiamente dicho, pero también sobre el aspecto logístico. Reconozco que revisé todo eso rápidamente porque tengo muchísimo que hacer», señala la demócrata cristiana Anne Seydoux-Christe (Jura).
El de parlamentario es pues un oficio que se aprende en el terreno, al margen de la experiencia, mayor o menor de los neófitos. Viejo lobo, el demócrata cristiano Jacques Neyrinck (Vaud) señala no obstante un mejoramiento con relación a su última legislatura: la posibilidad de contratar a un asistente parlamentario.
«Los elegidos reciben 30.000 francos que pueden utilizar como quieren, por ejemplo para contratar a un colaborador personal. No hay control», explica Mark Stucki, portavoz de la Asamblea Federal.
Asistentes parlamentarios
Por parte de los ecologistas, el ginebrino Antonio Hodgers piensa aprovecharlo. Adèle Thorrens (Vaud), en cambio, disminuyó su tiempo de trabajo. Ambos esperan sin embargo, empaparse de la realidad federal para definir el perfil de su eventual brazo derecho.
Los antiguos, por su parte, ya no imaginan trabajar sin ese apoyo. Jacques Neyrinck, por ejemplo, contempla contratar a un «secretario privado» con esa suma, lo mismo que el socialista Didier Berberat (Neuchâtel).
«Mis colegas franceses tienen 4 o 5 personas que trabajan para ellos. En Suiza, el Parlamento debería darse más medios para apoyar al sistema de milicia», indica y manifiesta su satisfacción en cuanto al funcionamiento de los Servicios del Parlamento.
Aunque estos últimos no proporcionan prestaciones a título individual – como la redacción de un discurso, por ejemplo – ni a título político. Para ello, los diputados pueden contar con los colaboradores de los grupos parlamentarios y los secretariados de los partidos.
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Consejo Nacional
Competencia privada
De acuerdo con los políticos, un mandato federal implica de hecho un exceso de trabajo. Una situación que no escapa a las sociedades privadas, que son cada vez más numerosas en proponer sus servicios a los elegidos, como lo confirma Mark Stucki,
A principios de noviembre, una de ellas suscitó la inquietud de algunos parlamentarios, que temían que los nuevos cayeran en una trampa. La empresa propone consejos en alemán y se denomina ‘Parlamentsdienst GmbH’, un nombre muy parecido a aquel de los Servicios oficiales del Parlamento (‘Parlamentsdienste’).
«Vamos a entrar en contacto para clarificar la situación jurídicamente. Lo que plantea problema no es su oferta, sino el riesgo de confusión, sobre todo a causa de su sitio en Internet», indica Mark Stucki.
Adornado con fotografías que sugieren el poder de manera encubierta, el sitio presenta ahora una advertencia que reenvía a los Servicios oficiales del Parlamento. Pero el director de ‘PD GmbH’, Kuno Schedler, por otra parte profesor en la Universidad de San Gall, insiste en el hecho de que su sociedad representa una oferta complementaria, propuesta por el momento sólo a los parlamentarios de la Suiza de expresión alemana.
De hecho, el mercado de políticos desbordados suscita codicia, sobre todo en período electoral, de acuerdo con Didier Berberat. Los neófitos tendrán que aprender. Quizá llegarán a la misma constatación que Jacques Neyrinck :
«Recurrí a sociedades de relaciones públicas durante las campañas electorales y siempre funcionó mal. Tanto así que la última campaña la hicimos solos».
swissinfo, Carole Wälti
(Traducción Marcela Águila Rubín)
En Suiza, el Parlamento funciona según el principio de milicia. La mayoría de sus miembros ejerce una actividad profesional junto al mandato federal.
Las cámaras se reúnen cuatro veces por año durante tres semanas para las sesiones ordinarias, a las cuales hay que añadir las sesiones especiales y las extraordinarias, así como las reuniones de las diversas comisiones y las subcomisiones de las que forman parte los elegidos.
Además del trabajo parlamentario estrictamente dicho, los representantes deben participar en las sesiones de su grupo político.
Para prestarles asistencia, la ley sobre los medios concedidos a los parlamentarios (LMAP) concede desde el 2002 a los diputados un importe anual de 30.000 francos en calidad de contribución para los gastos de personal y de material vinculados con el ejercicio de su mandato. La utilización de ese dinero no es sometida a ningún control.
Según esa ley, los grupos políticos reciben igualmente una contribución anual destinada a cubrir los gastos de su secretariado.
Los 246 parlamentarios tienen también derecho a una computadora o a un monto de 5.000 francos para los medios de comunicación de su elección. Pueden también seguir cursos de idioma hasta por 2.000 francos anuales.
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