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Los suizos esperaban más de la Cumbre de la Tierra

El Sur esperó quizás demasiado de la Cumbre. Keystone

El jefe de la delegación suiza en las negociaciones temía algo peor, pero ya está más tranquilo.

No obstante, Serge Chapatte sigue preocupado porque los resultados de la Cumbre de Johannesburgo son como los esfuerzos internacionales: modestos.

Una apreciación inmediata sobre el recuento de avances concretos en la Cumbre Mundial de Johannesburgo sobre Desarrollo Sostenible abre varias preguntas sobre la pertinencia de tantas energías y tanto dinero gastados.

Sobran los dedos de una mano para trazar el inventario de los nuevos logros con compromisos y fechas. El propio Serge Chapatte ve apenas dos:

Objetivo 2015, cuya meta es hacer que la mitad de las personas privadas de instalaciones sanitarias y agua potable tengan acceso a esos servicios.

Y objetivo 2020, para asegurar que los productos químicos utilizados no tengan efectos nocivos en la salud del medio ambiente.

¿Se justifica entonces semejante movilización? Quien condujo las negociaciones por Suiza no duda ni un instante al señalar que sus temores de un verdadero fracaso eran tan grandes al final de la sesión preparatoria del mes de julio en Bali.

Las alianzas fructíferas

Con todo, era necesario activar todas las alianzas posibles. Desde este punto de vista, Serge Chapatte no tendría razón alguna (modestia aparte) para no destacar el derroche de actividades, contactos y ‘lobby’ del pequeño grupo bajo su dirección.

En este marco se puede citar la nutrida y constante alianza con Noruega, Islandia, Nueva Zelanda, Unión Europea (UE) y, según el caso, con Canadá.

En primer lugar con Noruega y sus asociados, Suiza se opuso a quienes querían otorgar más prioridad a los acuerdos comerciales que a los convenios concernientes al medio ambiente y el desarrollo social.

«Hemos logrado cambiar la opinión de una gran mayoría en la Conferencia que se disponía a ceder ante el consenso reinante a favor de la economía», declaró Serge Chapatte a swissinfo.

En efecto, todos aquellos acuerdos serán, desde ahora, considerados complementarios.

Levantar barricadas

Lo hizo con Canadá en delicado asunto de la salud. Suiza luchó hasta las últimas horas de la Cumbre por el reconocimiento del derecho de las mujeres.

Cuando las cosas parecían definidas, «pudimos organizar la resistencia y poner parapetos», precisa Serge Chapatte.

El texto convenido antes de la Cumbre exigía el fortalecimiento de los servicios de salud, «respetando las legislaciones nacionales y los valores culturales».

Los opositores a ese enunciado veían los peligros de una puerta abierta a los integrismos y otros extremos.

Pero la nueva redacción precisa que la consolidación será hecha «en conformidad con los derechos humanos y las libertades fundamentales».

Y eso, precisa Serge Chapatte, «para quebranto de Estados Unidos y el Vaticano», y gracias a la coalición helvético-canadiense.

El jefe negociador de la delegación suiza está, sin embargo, muy contrariado. A juicio suyo, el capítulo sobre la salud es, de lejos, «el más decepcionante» de todo el Plan de acción de Johannesburgo.

Es un retroceso con respecto a los logros de las conferencias de El Cairo, Pekín, y Copenhague.

Swissinfo/Bernard Weissbrodt, Johannesburgo.

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