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Partir no quiere decir morir, sino vivir andando

Siglo XIX: Miles y miles de tesineses dejan su hogar en busca de mejor fortuna. Collezzione Olinto Tognina

“El fenómeno migratorio es consustancial al ser humano”, afirmó Rafael Paredes, embajador de Ecuador en Suiza al participar en la Mesa Redonda ‘Más allá del bicentenario, ¿qué celebra América Latina?'

El diplomático Suiza recordó el itinerario seguido por la humanidad desde hace dos millones de años, que desde el continente africano llegó a Europa y a Asia, y siguió hasta tocar territorio americano, donde se desarrollaron las grandes civilizaciones de Mesoamérica y los Andes.

La Mesa Redonda fue organizada en Lugano, el pasado día 26, por la Sociedad Cultural Ibero Latino Americana (SCILA).

¿Qué celebra América Latina?

Para responder a esta pregunta, Nicoletta Mariolini, regidora de la Comuna de Lugano y encargada de la Oficina para la Integración, nos dice:

“Desde Lugano nosotros celebramos el multiculturalismo, celebramos el hecho de que hubo personas que fueron a construir otros países sin olvidarse del suyo. Así como ahora celebramos que otras personas se integran en nuestro tejido social y en nuestra memoria del pueblo de emigrantes que en su día fuimos”.

Para Mariolini se trata ahora de mantener viva la memoria de quienes han sabido partir y, quizás también, a veces, regresar, como en el caso del cantautor tesinés Paolo Taddei, quien desde América Latina retorna al país de sus abuelos.

La particularidad de la acogida suizo

En Suiza la memoria de la emigración de masa sigue viva: el cine, la literatura, la pintura, las disciplinas históricas y la cultura en general han sido influenciadas por la experiencia de la emigración, como la que se dio en el Siglo XIX (para no hablar del pasado remoto), cuyas metas cercanas incluían a Francia, Italia e Inglaterra, y cuyos destinos de ultramar contemplaron la América del Norte, especialmente California, y en Sudamérica, Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú y Ecuador.

Otra ola migratoria se dio a principios del siglo pasado y una tercera, después de la segunda guerra mundial.

Este destino de “expatriación continua” ha madurado una sensibilidad muy particular en los suizos. Juan José Sánchez, Cónsul Honorario de España en el Tesino, reconoce a la población helvética en general, una alta calidad humana, y a su Gobierno, solidaridad en la política internacional y de cooperación.
Hace hincapié, por ejemplo, en el papel que Suiza desempeña desde hace 40 años en Bolivia y desde hace 20 en Centroamérica (con ayudas al desarrollo y empresarial).

Fulvio Pezzati, presidente de la Comisión Cantonal para la Integración y la Lucha contra el Racismo, recuerda el reconocimiento del escritor chileno Luis Sepúlveda a Suiza como único país europeo que acogió a los perseguidos de la dictadura de Pinochet sin encerrarlos previamente en campos especiales, sino que les otorgó inmediatamente habitación y acomodo social.

Pezzati añadió que la política migratoria suiza no es de tipo anexionista, como la francesa; es decir, no pretende que el extranjero, para integrarse, abandone los usos y costumbres de su país, como tampoco es multicultural a la manera de Inglaterra, donde diferentes etnias viven una junto a la otras sin mezclarse jamás, sin tocarse siquiera.

En Suiza esto no sucede y la razón está también en el hecho de que en la Confederación existen cuatro culturas y cuatro idiomas: un modelo de convivencia dentro de las diferencias.

No existe pero emigra

El embajador Paredes subrayó en su ponencia que la interculturalidad de su país ha sido negada; la historia ha sido escrita por los criollos que siempre han ignorado a las culturas indígenas. Para comprender el problema de la emigración en Ecuador es necesario poder considerar el fenómeno intercultural interno:

“Ese traspaso de valores, de formas de vida, ese entrar en contacto con otro ser”, que significa la interculturalidad, nos ayuda a entender qué es lo que sucede cuando se dan casos de emigración masiva, como sucedió recientemente en Ecuador, que perdió 3 millones de habitantes en tres años, cuando gran parte de la población se encontró de repente sin recursos después de la crisis financiera del 1998, durante la cual no sólo quebraron los bancos, sino el país entero.

El resultado fue una diáspora en la que cientos de miles de familias partieron hacia el exterior, en particular a los Estados Unidos y España. La acogida de los inmigrantes dependió del país elegido. Muchas veces los recién llegados tuvieron que enfrentarse a estereotipos transformados en prejuicios. Y es por eso que el estudio de los fenómenos migratorios ayuda a la población anfitriona a comprender cuál es el problema y a aceptar al nuevo huésped sin sentirse invadida.

Las medidas que hay que adoptar

En su ponencia, Francesco Mismirigo, delegado cantonal para la Integración, recordó que en el mundo, 200 millones de personas viven fuera de su país merced a la globalización, la herencia colonial o los cambios climáticos, entre otras causas.

Como es muy importante que las migraciones no sean impuestas sino reguladas, dijo, se hace necesario encontrar la manera de que las aptitudes de cada uno no se desperdicien (médicos que lavan platos, por ejemplo) y evitar la trata de seres humanos y la explotación.

En realidad, la emigración es necesaria: solamente en el cantón del Tesino, el 43% de la mano de obra es extranjera (en gran parte fronteriza: entra en Suiza por la mañana y sale al anochecer), por lo que la cuestión de los migrantes se vuelve esencial para la economía del país.

En 2008 se promulgó en Suiza la actual ley de extranjería. El rubro es delicado. La política concerniente debe ser administrada con mucho sentido del equilibrio para evitar desigualdades o discriminaciones con los resultados que todos podemos imaginar.

Bruno Soldini es un documentalista tesinés que un día escribió un libro (“porque las subjetividades no se pueden ver en un filme”), un libro que se llamó ‘Tango para emigrantes y vagabundos’.

Roberta Deambrosi, crítica literaria, separa el libro de Soldini en tres temas: El tango, que es como un ‘fil rouge’ a partir del cual se van desmadejando los acontecimientos. La emigración y El vagabundaje.

El protagonista es Arcasio Monti, un alter-ego de Soldini, maestro cuarentón que se aburre en Chiasso, pequeña ciudad fronteriza al sur de Suiza desde la que observa el ir y venir del contrabando y el cruce cotidiano de los trabajadores temporarios…

Arcasio se traslada a América Latina y se dedica a viajar con cualquier medio, hasta que decide ir a pié.

Como un bailarín de milonga, se da a la ‘caminada’ -paso base del tango-, hasta llegar a otra frontera sur, San Julián, en Patagonia.

La nostalgia invade este universo en continuo desplazamiento, pero la ironía con que está narrado nos proporciona, lectores faltos de malicia del siglo XXI que somos, la posibilidad de recibir esta acumulación de emociones y colocarla en su tiempo y en su espacio, de manera de poder alejarnos o acercarnos emotivamente al contexto.

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