Política comercial en tiempos de tensiones geopolíticas: ¿qué puede hacer Suiza?
El comercio mundial basado en reglas está actualmente en entredicho. En este contexto, Henri Gétaz aboga por que Suiza defienda las reglas de la OMC y, al mismo tiempo, suscriba nuevos acuerdos comerciales.
Suiza debe gran parte de su prosperidad a las exportaciones. Su comercio exterior, que representa una proporción importante del PIB -una de las más altas del mundo-, se ha beneficiado ampliamente en las últimas décadas de unas relaciones comerciales regidas por normas.
Sin embargo, el orden comercial mundial establecido tras la Segunda Guerra Mundial se encuentra hoy en día cuestionado. Incluso el principio de la nación más favorecida, que establece la igualdad de trato para todos los miembros de la OMC en materia aduanera, es ahora objeto de debate, como demostró la reciente conferencia ministerial de la OMC en Yaundé.
¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué escenarios son posibles? ¿Y qué significa para Suiza?
Las cadenas globales de creación de valor generan posibilidad de chantaje
El orden comercial mundial establecido tras la Segunda Guerra Mundial se basaba en la idea de que unas reglas claras, en lugar de la arbitrariedad, y la apertura de los mercados, en lugar del proteccionismo, fomentarían la prosperidad colectiva. De este modo, el comercio mundial se liberalizó progresivamente: primero a través de rondas multilaterales en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), luego bajo la égida de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y, sobre todo, desde la década de 1990, gracias a un número creciente de acuerdos de libre comercio regionales.
El orden mundial del comercio, de carácter liberal y basado en reglas, permitió que las empresas optimizaran y ampliaran internacionalmente sus actividades de producción y distribución. Como resultado, surgieron cadenas de valor transfronterizas, en parte de alcance mundial. Estas posibilitaron la máxima eficiencia en la división internacional del trabajo, así como un acceso favorable a bienes y servicios. Impulsada por el progreso tecnológico, la economía mundial ha crecido desde la década de 1950 por un factor de entre 15 y 17, mientras que el comercio internacional aumentó en términos reales aproximadamente al doble de ese ritmo.
Mientras los Estados respetaron las reglas, el sistema demostró ser particularmente eficaz. Pero en tiempos de tensiones geopolíticas, las cadenas de valor mundiales se convierten en un arma de doble filo: una cooperación eficaz puede transformarse en un instrumento de presión. Europa, en particular, está descubriendo sus límites: dependencia en materia de seguridad y tecnología de Estados Unidos, dependencia económica de los mercados chinos y de las tierras raras, dependencia energética de Rusia y, en tiempos de conflicto en el Golfo Pérsico, de Oriente Medio.
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Por qué las normas del comercio mundial siguen siendo importantes para países como Suiza
El orden basado en reglas se tambalea
A más tardar desde la invasión rusa de Ucrania y el relanzamiento de la política de «America First» bajo el presidente Trump, el mundo ha entrado en una fase de incumplimiento burdo y deliberado del orden internacional basado en reglas. La invasión rusa de Ucrania constituye una flagrante violación del derecho internacional. El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro o la guerra en Irán son otros ejemplos de este tipo de graves vulneraciones del derecho.
La política arancelaria del presidente Donald Trump también entra en clara contradicción con las reglas del orden comercial mundial del que Estados Unidos ha sido garante desde la Segunda Guerra Mundial. Incluso la UE, por lo general respetuosa de las normas, roza sus propias obligaciones en el marco de la OMC cuando —por necesidad o por cálculos oportunistas— acepta el acuerdo arancelario pactado con Estados Unidos en el verano de 2025.
China practica desde hace décadas un modelo económico dirigido por el Estado, caracterizado por subsidios industriales, transferencia forzada de tecnología y la preferencia otorgada a las empresas de propiedad estatal. Un sistema de este tipo infringe de manera fundamental las normas internacionales relativas a políticas orientadas al mercado, transparencia y no discriminación.
Las infracciones de las reglas no son un fenómeno completamente nuevo. Sin embargo, en el pasado los Estados al menos se esforzaban por justificar de algún modo, mediante argumentos, una violación de las normas. Hoy, algunos actores incumplen las reglas internacionales de forma masiva y abierta. El presidente Trump lo dice sin rodeos: nada limita su poder —salvo su propia moral—.
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Suiza busca nuevos acuerdos comerciales para reducir su dependencia de EE. UU.
Política comercial como herramienta de poder geopolítico
Mientras que hasta hace poco la política comercial servía para aumentar la eficiencia y maximizar la prosperidad mediante la liberalización y la no discriminación, ahora se convierte en un instrumento de poder y soberanía geopolítica.
Estados Unidos utiliza los aranceles como medio de presión para proteger su industria. China extiende su influencia a través de la iniciativa «Belt and Road», utiliza las tierras raras como medio de presión y subvenciona sectores industriales enteros. La Unión Europea utiliza cada vez más su mercado interior con fines geopolíticos, con el instrumento anticoerción, el concepto de «preferencia europea» e iniciativas para proteger la seguridad económica, las infraestructuras críticas, la resiliencia de las cadenas de valor y el suministro de materias primas estratégicas.
Muchos de estos esfuerzos se sitúan al margen del marco regulatorio internacional establecido. El poder, la influencia y los intereses transaccionales a corto plazo priman sobre las reglas. Estados Unidos busca reforzar su competitividad económica -un objetivo controvertido entre economistas-. China, por su parte, extiende su influencia principalmente en Asia y África, al tiempo que debe reorientar su modelo de crecimiento y apostar más por la demanda interna. Al hacerlo, desplaza de su mercado a las empresas exportadoras tradicionales.
En cuanto a la UE, busca por un lado preservar su poderío económico y, por otro, reducir sus dependencias tecnológicas, de seguridad, energéticas y comerciales.
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Suiza tiene garantizado el suministro de petróleo y gas, pese al conflicto en Oriente Medio
¿Qué pueden hacer las potencias menores?
En este contexto dominado por las relaciones de poder geopolíticas, las pequeñas y medianas potencias deben trazar su propio camino. Las economías pequeñas y abiertas como Suiza se han beneficiado enormemente del orden mundial liberal basado en reglas, pero están especialmente expuestas a la arbitrariedad de las grandes potencias. El entorno comercial actual es complejo y lo seguirá siendo a corto y medio plazo.
Para limitar los riesgos, la diversificación es esencial. Suiza lo ha logrado con éxito durante varios años al ampliar sus alianzas comerciales. La suscripción de nuevos acuerdos de libre comercio de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, según sus siglas en inglés y a la que pertenece Suiza) con India, el grupo del Mercosur o los países del Sudeste Asiático es un paso en la dirección correcta. Otras potencias medianas como Canadá, Australia o Japón siguen este mismo camino.
Paralelamente, es esencial estabilizar en la medida de lo posible las relaciones económicas con las grandes potencias, negociando con Estados Unidos sobre los aranceles y modernizando el acuerdo de libre comercio con China. Los acuerdos bilaterales III de Suiza con su vecina, la Unión Europea, deben ser aprobados y puestos en vigor. En el contexto actual, incierto e impredecible, Suiza no puede permitirse una nueva inestabilidad con su principal socio económico.
Las reformas de la OMC, esenciales y justificadas
Los esfuerzos actuales para modernizar las reglas de la OMC a fin de que respondan a las necesidades de los Estados miembros son valientes y necesarios. Las relaciones internacionales requieren reglas comunes. Sin reglas, son el poder, los intereses y la competencia los que dictan las relaciones. Ahora bien, una competencia sin reglas comunes conduce a la confrontación, e incluso a la guerra.
A la luz de los recientes acontecimientos geopolíticos, reconciliar a las grandes potencias sobre la base de nuevas reglas comerciales parece ilusorio. Sin embargo, las guerras y las luchas de poder son costosas y acaban volviéndose impopulares. Por lo tanto, es sensato preparar el orden comercial mundial para el inevitable agotamiento de la actual política de poder. Al mismo tiempo, adaptar el orden económico mundial a las nuevas realidades geopolíticas es de gran interés para las potencias pequeñas y medianas, incluida Suiza.
Editado por Benjamin von Wyl, versión en español, Patricia Islas
Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las de Swissinfo.
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