Porqué los suizos rechazan a Lula
En vísperas de la segunda vuelta de la votación presidencial del domingo, buen número de suizos residentes en Brasil considera con severidad al presidente saliente, Luiz Inácio da Silva.
Le reprochan su tolerancia con la corrupción. Empero, gran favorito de las elecciones, Lula podría obtener un segundo mandato de cuatro años.
Invitado recientemente por Swisscam, la Cámara de Comercio Suiza-Brasileña, el politólogo Amaury de Souza provocó algunos gruñidos de incredulidad en el seno del público cuando evocó la «previsible victoria» de Lula.
Lo anterior, porque si bien es cierto que la popularidad récord y el carisma del candidato de izquierda lo colocan muy por delante de su adversario Geraldo Alckmin, del Partido Social Demócrata, los suizos son generalmente muy críticos respecto al jefe de Estado brasileño.
Capital de simpatía
De manera general, Lula es considerado demasiado tolerante en materia de corrupción para merecer su aprobación. Algunos hasta sugieren bromeando que en caso de reelección de Lula, la sede brasileña de la Swisscam sea trasladada a Zúrich.
«¡Si Lula es tan popular en Suiza (y en el extranjero), es porque ellos no tendrán que soportarlo durante cuatro años más!», deplora un hombre de negocios.
El capital de simpatía del que gozaba el antiguo obrero sindicalista en el momento de su acceso al poder en 2003 ha decrecido por una serie de casos de corrupción que culminaron el año pasado con acusaciones de compra de votos de numerosos parlamentarios y de financiamiento ilegal de campañas electorales.
Se han denunciado maniobras turbias en las que están implicados varios allegados del jefe de Estado. Han rodado cabezas, incluidas las de algunos ministros.
Pero como nada pudo comprobarse contra el propio Lula, él quedó como una víctima a los ojos de su electorado, y fustigó a «la élite revanchista».
Un paralelo con Hungría
«No sospechaba hasta qué punto el pueblo podía ser tolerante con respecto a la corrupción», se asombra Werner Eisele, consultor financiero en Río de Janeiro. Residente en Brasil desde más de 25 años, establece un paralelo entre los recientes acontecimientos de Hungría, donde las mentiras del primer ministro provocaron una serie de manifestaciones.
«En cualquier otro país, Lula habría debido dimitir. Aquí, la gente dice: ‘es un representante del pueblo en el gobierno, y es bueno para Brasil’. Incluso si está implicado en esos asuntos, vamos a dejarlo donde está», explica. No es un azar si uno de los principales eslóganes de la campaña de Lula es justamente: ‘¡Déjelo trabajar!’.
«Es espantoso», exclamó un veterano de la política brasileña. «Si se filmara a Lula enmascarado asaltando un banco, la gente diría que quería robar para dar a los pobres».
La clase media va a pagar
Otro suizo establecido desde hace varias décadas en Brasil, un dirigente de la industria farmacéutica, considera, por su parte, «decepcionante» el desempeño de Lula.
«Lula fue en cierto modo promovido, pero no tiene la estatura de un presidente», estima.
Christian Hanssen, nuevo presidente de Swisscam, no disimula tampoco una cierta inquietud ante el futuro: «Podemos temer una cierta nivelación hacia abajo. La clase media es la que va a pagar la factura en caso de un segundo mandato de Lula».
Porque si la economía se comporta de manera más bien positiva, el aumento de los gastos públicos antes de las elecciones también podría provocar reducciones presupuestarias desde el año próximo, observan los analistas financieros.
swissinfo, Thierry Ogier, São Paulo
(Traducción, Marcela Águila Rubín)
La inmigración suiza a Brasil remonta a hace dos siglos.
Cerca de 15.000 suizos están establecidos en ese país, sobre todo en las regiones del sur y sureste, que son las más prósperas.
Más de dos terceras partes tienen la doble nacionalidad suiza-brasileña, obtenida por matrimonio, o por nacimiento.
Más de la mitad reside en São Paulo, y más de un tercio en Río de Janeiro.
La comunidad suiza pertenece a la clase media alta.
Luiz Inácio Lula da Silva se ha presentado en todas las votaciones presidenciales desde el restablecimiento del sufragio universal directo en 1989. Vencido en tres ocasiones, fue elegido en 2002 y busca un segundo mandato este domingo.
Fundador del Partido de los Trabajadores en 1980, feroz adversario del régimen militar, se convirtió en el principal líder de la izquierda brasileña. En el poder, ha seguido una política económica ortodoxa, aplicando programas sociales en provecho de los pobres. El crecimiento económico se mantiene por debajo del promedio de los países de la región y de los mercados emergentes.
Más de 125 millones de electores están convocados a las urnas este domingo. El voto es obligatorio para los electores de entre 18 y 70 años, y facultativo para los jóvenes entre 16 y 18 años y las personas de más de 70 años.
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