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Razón y Pasión, Zúrich de 1750 a 1800

Objetos de la vida zuriquesa del siglo XVIII. (Museo Bärengasse)

Un singular recorrido a través de la vida zuriquesa de la segunda mitad del siglo XVIII, en compañía de los hombres de ciencia, literatos y artistas de esa cosmopolita ciudad, ofrece el Museo Bärengasse.

La muestra recuerda que en esa época Zúrich era el lugar de tránsito obligado para aquellos que viajaban de Alemania a Italia, así como también un punto de partida importante hacia los Alpes.

En la exposición se advierte la huella de ilustres visitantes -como Goethe o el audaz Casanova- a esa ciudad, construida a las orillas del río Limmat, con sus iglesias, casas gremiales, tabernas y hoteles.

Se observa asimismo una réplica de la conocida iglesia de San Pedro donde oraba Gaspar Lavater, el célebre autor de "Ensayos sobre Fisionomía", ciencia que pretendía leer el carácter de las personas en los rasgos de la cara.

El tema Razón y Pasión es dominante en la muestra que busca analizar a través de diversos objetos - cuadros, reproducciones y maquetas - la mentalidad de los zuriqueses de aquellos años en los que la sociedad estaba dividida entre el puritanismo burgués y el liberalismo republicano, que hablaba de igualdad, libertad y derechos humanos.

A lo largo de las quince salas de la exposición se pueden advertir los usos y costumbres de aquel tiempo.

Se encuentra por ejemplo el salón de la residencia donde se ofrecían recitales y conciertos, o se daba lectura, en francés o en alemán, a novelas, cartas o poesías que deleitaban a los selectos auditores.

Las uniones, que hasta mediados del siglo XVIII constituyeron asuntos de conveniencia entre familias influyentes, comenzaron entonces a sentar sus bases en el afecto y los matrimonios dejaron de ser de razón para convertirse en lazos de pasión.

Zúrich era una ciudad con presencia masculina mayoritaria y que contaba hacia 1770 con más de treinta fábricas, talleres manufactureros y casas de comercio, sin mencionar los numerosos bancos construidos desde entonces.

El testimonio de la época que presenta el museo zuriqués da cuenta también de una de las principales preocupaciones de la población femenina de ese entonces: el temor a la muerte durante los partos.

Si bien el avance de la medicina comenzaba a dar sus frutos, las enfermedades y los riesgos de deceso eran importantes.
Por eso los habitantes de la ciudad buscaban también alivio en la oración, en particular durante los servicios dominicales que podían prolongarse por espacios de tres o cuatro horas.

Zúrich era un lugar privilegiado para la infancia. La muestra permite conocer el interés por la educación de los menores para los que había una amplia gama de juegos y juguetes, amén de otras expresiones lúdico-didácticas como el teatro guiñol.

El pensamiento de pedagogos como Jean-Jacques Rousseau o Heinrich Pestalozzi, modificaron la consideración de la época que hacía de los niños una suerte de adultos en miniatura.

La exposición muestra la vida de la urbe suiza con su herencia protestante pletórica de prohibiciones y normas severas, pero también habla de la alegría de vivir de los habitantes de las espléndidas residencias.

A lo largo de la exhibición se advierte esa sociedad rigurosa cuya tranquilidad no podía ignorar las bayonetas y el revolucionario canto de la Marsellesa de la Francia vecina.

Araceli Rico, Zúrich


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