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Explotación con amenazas de magia negra

La prostitución es una actividad legalizada en Suiza, pero está penalizado el hecho de obligar a alguien a ejercerla. Keystone

Un tribunal condenó a una nigeriana a tres años de cárcel y deportación por traficar con varias compatriotas y esclavizarlas como trabajadoras sexuales utilizando amenazas de un ritual de magia negra denominado ‘yuyu’.

Este contenido fue publicado el 07 diciembre 2018 - 10:05
Keystone SDA/sb

El Tribunal Correccional de Lausana declaró el jueves a la nigeriana de 36 años culpable de tráfico de personas, blanqueo de dinero y violación de la ley de extranjería suiza. Fue condenada a tres años de prisión y al pago de 1 800 francos de multa. El tribunal dictaminó que debía ser deportada tras cumplir su condena y que se le debía prohibir el regreso a Suiza por ocho años.

La mujer era una trabajadora sexual y los clientes la conocían como Christina. Fue declarada culpable de reclutar a cuatro jovencitas de entre 16 y 18 años de una población de Nigeria con la ayuda de su hermano. Las muchachas fueron atraídas con promesas de oportunidades de estudios y trabajos de limpieza.

Sin embargo, antes de partir a Europa, fueron secuestrados y retenidos en la casa del hermano y obligadas a someterse a una ceremonia ritual de yuyu, con el fin de asustarlas para obligarlas a saldar sus deudas.

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La acusada, que desde 2012 trabaja como prostituta entre Berna y Biel, se encontraba en Suiza de forma ilegal. Pagó para que las mujeres fueran enviadas desde Nigeria a la ciudad italiana de Milán con la ayuda de intermediarios nigerianos.

Las cuatro reclutas cruzaron el Mediterráneo en un barco con otras 150 personas. Christina las condujo en tren de Milán a Lausana en 2016. Las jóvenes fueron obligadas a trabajar como prostitutas y a entregar sus ganancias para reembolsar el costo de su viaje a Suiza desde Nigeria.

Una de las víctimas denunció ante el tribunal que Christina le había exigido el pago de 35 000 francos y que la amenazó con invocar el ‘juju’ en su contra si huía o se ponía en contacto con la policía.

“Ella y sus hermanos me dijeron que si no hacía lo que me pedían, me matarían con el yuyu”, enfatizó la víctima, que ahora tiene 20 años.

La acusado negó los cargos. Se refirió a un envío a Nigeria de miles de francos para la construcción de una casa para su hermano y aseguró que ese capital lo había ganado con su trabajo como prostituta.

La prostitución es una actividad legalizada en Suiza, pero están penalizados el tráfico de personas, el hecho de obligar a alguien a ejercer la prostitución y el proxenetismo.


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