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El ‘Nobel’ suizo como signo de integración

En Suiza, Ari Helenius ha podido dar un nuevo giro a sus investigaciones. Keystone

Ari Helenius, profesor de Bioquímica en Zúrich, recibe este jueves 29 de noviembre el 'Nobel' suizo de Ciencias: el Premio Marcelo Benoist.

Para el finlandés, recompensado por sus descubrimientos sobre los mecanismos moleculares, esta distinción es una señal de aceptación en Suiza.

Nacido hace 63 años en Oulu, Finlandia, Ari Helenius llegó hace una década a Suiza, procedente de la Universidad de Yale. Es autor de descubrimientos significativos sobre la manera en que los virus penetran las células y sobre las estrategias que utilizan para «convencerlas» de cooperar.

swissinfo: ¿Qué significado reviste para usted el Premio Marcelo Benoist?

Ari Helenius: Esta recompensa es muy importante para mí, posiblemente más que para otros laureados. Estoy en Suiza desde hace diez años. Este premio significa que estoy totalmente integrado, aceptado y que mis colegas me toman en serio. Diez años no es mucho tiempo (en el mundo científico) y una gran parte de mi trabajo data de años que precedieron mi llegada a Suiza.

Este premio también muestra la apertura de la comunidad suiza frente a los foráneos, en particular, los científicos extranjeros. Los especialistas extranjeros son bienvenidos aquí.

swissinfo: ¿Cuáles son las diferencias entre sus investigaciones estadounidenses y su trabajo en Suiza?

A.H.: En Estados Unidos trabajaba en la escuela médica (de Yale) y nuestro eje principal era la investigación clínica. Los conocimientos eran médicos y como bioquímico, me eran muy útiles.

En Zúrich en cambio, trabajo en una escuela politécnica, es decir con conocimientos totalmente diferentes. Aquí tengo intercambios muy útiles con especialistas en informática, con ingenieros, diseñadores de instrumentos. Es el tipo de conocimientos que necesitamos actualmente. La Escuela Politécnica Federal tiene una gran tradición de comunicación entre disciplinas. Este ambiente técnico fue muy benéfico para mí.

swissinfo: ¿Qué lo convenció para dejar Yale y venir a Zúrich?

A.H.: Quería hacer cambios en mi vida. El puesto que se me proponía aquí era excelente en términos de financiamiento, de espacio y de instrumentación. Me daba la oportunidad de abordar nuevas tecnologías que no podía tener en Yale. Era la oportunidad de dar un salto en mis investigaciones.

swissinfo: ¿Cómo describiría sus investigaciones?

A.H.: Todo mi trabajo está basado en los virus y en la manera en que interactúan con las células. Estas interacciones son muy complejas, aunque los virus mismos sean estructuras muy simples. Los virus son agentes patógenos que no puede reproducirse más que entrando en una célula y forzándola a producir copias de virus, a convertirse en una fábrica de virus.

El virus es totalmente dependiente de la célula. Entonces, debe comprender su biología para poder actuar. Conoce todas las palabras clave, los códigos de acceso, lo que le permite tomar ventaja sobre la mecánica de su huésped. Pero antes de llegar a eso, debe atravesar todo un ciclo compuesto por una enorme cantidad de interacciones y sobre esos procesos nos concentramos.

swissinfo: ¿Qué le fascina tanto de los virus?

A.H.: En principio fue su increíble sencillez lo que me atrajo. De manera fundamental, los virus son sólo unos paquetes de genes envueltos en un abrigo. El hecho de que sean capaces de provocar tantas enfermedades y problemas biológicos simplemente es digno de estupefacción. Y si son capaces de eso, es justamente porque están especializados en las interacciones forzadas con las células.

Allí está la fascinación: ¿cómo lo hacen? Mi objetivo original era demostrar como se asocian las células y los virus. Más tarde quise saber cómo entraba el virus en interacción con su huésped. La complejidad de esos procesos desplazó mi eje de investigación a la célula misma.

El virus utiliza una estrategia de caballo de Troya, fijándose a la superficie de la célula antes de ser integrado por su huésped. De hecho, la célula comete error sobre error cuando encuentra un virus. Estudiando esos mecanismos, aprendemos muchas cosas sobre los virus, pero también sobre las células.

swissinfo: ¿Cuáles son las aplicaciones potenciales de sus descubrimientos?

A.H.: Debemos acordarnos del caballo de Troya. El caballo jamás habría entrado en la ciudad sin la ayuda de los troyanos. En nuestro caso, los troyanos son los factores celulares. Una de las cosas que mis colegas y yo examinamos de cerca fue la manera en que las proteínas celulares permiten al virus infectar la célula.

Tratamos de identificar a todos los troyanos. Sabemos que para un virus específico, podrían necesitarse varias centenas de proteínas. Éstas son identificables gracias a las tecnologías modernas y a los datos del Proyecto Genoma Humano. ¡Con estas informaciones, podremos encontrar los nombres y las direcciones de todos los troyanos!

Esperamos poder utilizar estas informaciones para bloquear o impedir a los troyanos colaborar con el virus. Podríamos contemplar nuevos agentes antivirales dirigidos contra la célula con la ventaja de que podríamos atacar así a varios troyanos. Para los virus sería entonces más difícil aprender a resistir a las medicinas porque el problema hoy es que las medicinas antivirales orientadas a los virus generan muy rápidamente resistencias.

Entrevista, swissinfo: Scott Capper
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Ari Helenius es profesor ordinario de Bioquímica en el Instituto de Bioquímica de Escuela Politécnica Federal de Zúrich, desde enero de 1997.

Nació en 1944 en Oulu, Finlandia y estudió Bioquímica en la Universidad de Helsinki.

Tras defender su tesis en 1973, trabajó seis años en el Laboratorio europeo de Biología Molecular de Heidelberg, Alemania.

Se trasladó luego a Yale, en Estados Unidos. En 1983, se convirtió en profesor titular del Departamento de Biología Molecular, que dirigió de 1992 a 1997.

Sus investigaciones actuales están centradas en la biología de las membranas, la virología y la química de las proteínas. Utiliza métodos que provienen de la bioquímica y de la biología celular y molecular.

La Fundación Marcelo Benoist para la promoción de la investigación científica fue creada el 5 de noviembre de 1920 en Lausana por el gobierno, según las últimas disposiciones de Marcelo Benoist, un francés que vivía en esa ciudad.

Marcelo Benoist dejó casi toda su fortuna a las autoridades suizas para la atribución de un premio anual a un científico de nacionalidad suiza o residente en Suiza.

El Consejo de fundación se reúne una vez por año para seleccionar a los laureados y determinar el monto del premio (100.000 francos en 2007).

Desde 1997, el premio también es atribuido a investigadores en ciencias humanas y sociales.

El ‘Nobel suizo’, como se conoce también, ha sido otorgado a científicos que recibieron más tarde el Premio Nobel. Richard Ernst y Kurt Wüthrich, por ejemplo.

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