Racismo: difícil de medir y de extirpar
Suiza carece de cifras globales sobre ese fenómeno dado su federalismo. Pero para la nueva presidenta de la Comisión Federal contra el Racismo (CFR), Martine Brunschwig Graf, “lo más urgente no es establecer estadísticas, sino tomar medidas concretas”.
“Ninguna ley puede obligar a pensar o a dejar de pensar. Es una fortuna, pero es también lo que hace más compleja la tarea”, dice y añade “las encuestas no pueden sondear las conciencias”.
En todo caso, Suiza carece de instrumentos de medición. Las 26 policías cantonales recopilan datos sobre la violencia en general y, como la CFR, solamente incluyen en el repertorio las violaciones al Código Penal sobre la Discriminación Racial (art. 261 bis).
De acuerdo con estadísticas federales, las violaciones a este artículo se redujeron al pasar de 204 en 2010 a 182 en 2011. Pero la ley es “más bien vaga e incluye escenarios muy diferentes”, reconoce Olivier Guéniat, criminólogo y comandante de la policía del cantón del Jura.
Por su parte, la Fundación contra el Racismo y el Antisemitismo (GRA) publica desde hace veinticinco años una cronología anual del Racismo en Suiza.
El GRA y la Federación Suiza de Comunidades Israelitas (FSCI) publican cifras específicas sobre el antisemitismo en la Suiza de habla alemana. Para la región de habla francesa, es necesario referirse a los datos anuales de la Coordinación Intercomunitaria contra el Antisemitismo y la Difamación (CICAD).
Situación fácil de explicar, difícil de cambiar
Sin embargo, esas cifras varían, por lo que es difícil hacerse una idea precisa. Ronnie Bernheim, presidente de la GRA, explica a swissinfo.ch que “cada organización ha desarrollado su método de cálculo y su definición de racismo y de la gravedad de los propios actos”.
Por ejemplo, un folleto racista es distribuido en una ciudad y un mes más tarde en otra: ¿hay que contar uno o dos actos racistas? ¿Y si el folleto es publicado simultáneamente en cinco ciudades? ¿Y si, seis meses después, una persona que haya leído ese folleto comete un ataque violento?
“Si cambiamos nuestros parámetros, no podremos hacer comparaciones con el pasado”, agrega Ronnie Bernheim. Por otro lado, los nuevos medios de comunicación han cambiado las cosas. “Cuanto más se controlan los blogs de Internet, más casos se encuentran”.
Martine Brunschwig Graf confirma la gran dificultad de reagrupar los métodos.
“Los cantones establecen poco a poco lugares de consulta. Pero hará falta tiempo para tener una visión consolidada, porque a los suizos no les gustan mucho las estadísticas centralizadas”, reconoce en entrevista con swissinfo.ch.
¿Aumento de la violencia?
En su informe de 2011, la CICAD expresó recientemente su preocupación por “el aumento de la gravedad de los casos” desde el inicio del censo, incluyendo una paliza en Lausana y un ataque con arma blanca en Ginebra.
Olivier Guéniat estima que la situación está en calma por el lado de los movimientos de extrema derecha. “Los acontecimientos en Siria y en los países árabes provoca una cierta radicalización en algunos sectores anti-Israel, también podría haber un cierto mimetismo en Ginebra con respecto a la violencia reciente en Francia, pero en términos de porcentaje de la población, las cifras de la violencia en Suiza son irrisorias”.
La diferencia, lo que causa miedo
Suiza tiene un 20% de residentes extranjeros. Por otro lado, Ginebra, Tesino y Basilea reciben cada día a decenas de miles de trabajadores fronterizos. La derecha populista dirige campañas abiertamente discriminatorias y muestra su creciente hostilidad hacia la libre circulación.
Para Martine Brunschwig Graf, relacionar la tasa de extranjeros al rechazo, sería demasiado simple: “Tomemos el ejemplo de Ginebra, que cuenta con el porcentaje máximo de extranjeros con más del 40%. Si miramos las votaciones sobre temas sensibles, ese cantón no ha sido el más xenófobo, sino que muestra más bien una capacidad para la integración y la tolerancia relativamente alta. Lo vimos de nuevo con la iniciativa contra la construcción de alminares. De manera contraria, puede haber reacciones de rechazo en comunas que tienen un pequeño número de extranjeros”.
Para la presidenta de la CFR, la diferencia es lo que produce miedo. “En definitiva, buena parte del trabajo debe consistir en ayudar a cambiar las mentalidades. Es un proceso largo, pero aún más importante ya que en Suiza, vivimos en una sociedad profundamente multicultural y eso implica un esfuerzo especial”.
Después de cien días en su nuevo cargo, Martine Brunschwig Graf se ha fijado como prioridad promover acciones específicas de prevención, trabajando con los cantones y las organizaciones en el terreno. Sobre todo en el mundo del trabajo, la escuela y el deporte.
“Estas tres áreas ofrecen grandes posibilidades de integración pero al mismo tiempo un gran peligro de discriminación en función de la diferencia. Sabemos que el lugar de trabajo puede ser discriminatorio, en particular en la contratación, directa o indirectamente. También sabemos que en las escuelas se puede acostumbrar a los niños a vivir con la diferencia, mostrarles la diversidad como una ventaja. Lo mismo ocurre con el deporte”, dice con pragmatismo.
Problema de imagen
Ronnie Bernheim considera que, incluso si fuera posible obtener datos comparables, Suiza no sería probablemente más racista que sus vecinos. Pero tiene sin duda un problema de imagen.
“La agresividad de los carteles electorales de la Unión Democrática del Centro (UDC/derecha conservadora) conmocionó a toda Europa, revela el presidente de la GRA. Por otra parte, después de Estados Unidos y Canadá, Suiza es el país más liberal en materia de libertad de expresión y de reunión, de modo que buen número de organizaciones supranacionales ex o neo-nazis establecen en ella sus páginas web”.
La CFR, como la GRA, no comprenden todavía cómo el gobierno federal pudo renunciar, hace dos años, a prohibir símbolos racistas tales como la esvástica o el saludo hitleriano en razón de “dificultades de aplicación”.
La cronología Racismo en Suiza, publicada por la Fundación contra el Racismo y el Antisemitismo (GRA) registró 66 incidentes con carácter racista en Suiza en 2011.
Esta cifra es significativamente menor que en años anteriores, con 109 casos en 2010 y 139 en 2007.
Al igual que en 2010, la mitad de los casos fueron de abuso verbal, con deslices en declaraciones públicas contra musulmanes, judíos, gitanos o personas de color.
Diez reuniones de extrema derecha fueron registradas y 11 amenazas y hostigamientos. Hubo dos ataques contra la integridad física en 2011, frente a 17 en 2007.
(Fuente: GRA)
En la Suiza de expresión alemana, la Federación Suiza de Comunidades Israelitas (FSCI) y la Fundación contra el Racismo y el Antisemitismo (GRA) censaron 112 actos en 2011, contra 34 en 2010.
Este aumento se explica esencialmente por el hecho de que la FSCI comenzó hace un año a realizar investigaciones en Internet. Así, 76 incidentes concernieron la Red. Fuera de Internet, el número de actos pasó de 29 en 2010 a 36 en 2011.
En la Suiza de habla francesa, la Coordinación Intercomunitaria Contra el Antisemitismo y la Difamación (CICAD) registró 130 actos antisemitas (contra 104 en 2010), de los cuales 119 preocupantes, seis considerados serios y cinco, graves.
(Fuente: ATS)
La CFR es una comisión extraparlamentaria establecida en 1995 para aplicar la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (CERD).
Cuenta con 15 miembros elegidos y confirmados cada cuatro años por el gobierno, que se reúnen cinco o seis veces al año en una sesión plenaria de uno o dos días.
Está presidido desde el 1º de enero de 2012 por Martine Brunschwig Graf, de 62 años, economista, ex ministra ginebrina y ex parlamentaria federal liberal-radical.
Como las comisiones del mismo tipo, tiene un presupuesto anual de unos 200.000 francos
Traducción, Marcela Águila Rubín
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