Trump llega a China con Irán de fondo y la necesidad de victorias que vender en casa
Jairo Mejía
Pekín, 12 may (EFE).- Pese a los minuciosos planes y tras un cambio de fecha, la visita del presidente Donald Trump esta semana a Pekín para verse con su homólogo Xi Jinping estará marcada por la crisis en Irán y las dificultades de Washington para reconducir la relación hacia los escasos terrenos en los que no hay una competencia agresiva y excluyente.
La visita estuvo prevista inicialmente para abril, pero la campaña militar de Estados Unidos e Israel contra Irán hizo que la cumbre con Xi se retrasara hasta esta semana. La Casa Blanca no quería tener que abordar unas delicadas negociaciones con Pekín con el ruido de la escalada contra Teherán, que tiene en China uno de sus principales aliados.
Pese a que la escalada militar ha dado paso a un frágil alto el fuego y a lentas negociaciones para reabrir el estrecho de Ormuz, Trump llega a esta importante cita en desventaja, ya que Xi podría usar el bloqueo en la situación en Oriente Medio como palanca a la hora de tratar con el presidente estadounidense y su tradicional estilo negociador.
Según Anna Kelly, portavoz de la Casa Blanca responsable de temas de política exterior, la prioridad de este viaje es conseguir un acuerdo para «reequilibrar» la relación económica con China, con un enfoque en una balanza comercial y de inversión «justa».
El asesor económico de Trump, Kevin Hassett, dijo esta semana que Trump viajará a Pekín con una agenda «muy ambiciosa» y consideró que Trump regresará de esta visita de estado con «muchas buenas noticias para los trabajadores estadounidense, para nuestras empresas y agricultores».
Trump quiere regresar con «billones»
Trump podría querer emular en China su gira por Arabia Saudí y los aliados del Golfo del año pasado, a la que fue con un enfoque casi exclusivamente centrado en conseguir grandes compromisos de inversión por valor de más de un billón de dólares.
Según Bloomberg, Xi podría anunciar con Trump un billón de dólares en inversiones en la industria manufacturera en Estados Unidos, algo que podría contribuir a crear empleos en estados clave para los cálculos electorales del estadounidense, pero que paradójicamente ha levantado las críticas de algunos líderes de opinión conservadores como Laura Ingraham que avisan de que la entrada de capital chino sería una «error gigantesco».
Lo que está confirmado es que el presidente estadounidense viajará, al igual que hizo en su gira por el Golfo, con los consejeros delegados de las principales empresas estadounidenses en los sectores de banca, aviación, tecnología e industria agropecuaria.
Probablemente, Washington y Pekín vean más factible anunciar acuerdos que aumenten las importaciones chinas de grano estadounidense, especialmente soja, algo que tendría un impacto positivo entre los agricultores, un grupo esencial de votantes de Trump que se ha mostrado decepcionado con la gestión del mandatario por la guerra comercial desatada con China y que ahora tiene que lidiar con el alto precio de diésel por el cierre de Ormuz.
China le ha tomado la medida a Trump
Esta es la segunda visita de Trump a Pekín desde 2017, pero en esta ocasión Xi, en lo más alto del poder en China desde 2012, ha enfrentado los aumentos arancelarios anunciados progresivamente por la Casa Blanca con una paciencia estratégica que parece estar dando frutos.
Desde los anuncios arancelarios contra China, las importaciones estadounidenses desde el que fuera principal socio comercial han caído alrededor del 20 %, pese a lo cual China ha conseguido exportar al resto del mundo más que lo que ha perdido de acceso comercial en Estados Unidos.
Según el experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) Scott Kennedy, «los líderes chinos están genuinamente confiados en su habilidad de maniobrar mejor que el presidente Trump y ganarle la partida en sus principales objetivos de política exterior», en parte tras haber hecho frente a los aranceles y las amenazas de limitar el acceso a chips avanzados con la decisión de parar las exportaciones de tierras raras.
En opinión de Melanie Hart, directora del China Hub del Atlantic Council, China «no va a hacer concesiones gratis» y uno de sus principales objetivos será obtener a cambio la relajación del control estadounidense de exportaciones por razones de Seguridad Nacional o gestos que rebajen el apoyo estadounidense a Taiwán. EFE
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