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Un Salón democrático

El escritor brasileño, Paolo Coehlo (izq), con el ministro suizo del Transporte, Moritz Leuenberger. Keystone

El Salón Internacional del Libro es el evento cultural más representativo del género en Suiza y también un espacio plurilingüe, multiétnico, democrático.

Este contenido fue publicado el 03 mayo 2002 - 15:00

En su versión número 16, grandes y pequeñas casas editoriales, connotados y famosos escritores como Paulo Coehlo, se codean con desconocidos aprendices de escritores, que sueñan con publicar algún día.

La afirmación de "Salón democrático" corrió justamente por cuenta de Paulo Coehlo, el escritor brasileño, invitado estelar de la manifestación, que intercambió opiniones, el día de la inauguración, con el ministro del Transporte, la Energía y las Comunicaciones de Suiza, Moritz Leuenberger; también escritor, pero de sus memorias políticas. Aserción aprobada por el Director del evento, Pierre - Marcel Favre.

Constatación realizada, efectivamente, la 16° versión del Salón constituye una verdadera feria de libreros, editores, novelistas, historiadores, poetas y propagandistas políticos de todas las ideologías. De hecho, en Ginebra este evento se llama 'Salón', en otras partes 'Feria del libro'; tal vez porque en sus inicios reunía sólo a los autores famosos y consagrados. Un grupo selecto.

Quizás 'feria' correspondería mejor a la realidad, pues el Salón no es sólo maratónicas sesiones de dedicatorias, de entrega de premios, de concursos de dictados, sino también, debates de ideas. Varias asociaciones defensoras del medio ambiente y de los derechos humanos comparten espacios con sectas religiosas de todos los horizontes. Sin hablar de las culturas gastronómicas específicas.

Vitrina oficial

Dieciséis años después de sus inicios, el 'Salón' se ha convertido en la mejor vitrina que tiene Suiza para mostrar su propia diversidad cultural. Se encargan de ponerlo en evidencia la presencia de los principales organismos oficiales con que cuenta el país, comenzando por Pro-Helvetia, la Biblioteca Nacional y el mismo Ministerio de Relaciones Exteriores, (DFAE).

La muy oficial Biblioteca Nacional estuvo en el centro de los debates que animan la manifestación. En el tema de la censura, pues en sus ocultos subterráneos federales se acumulan miles de manuscritos, libros, revistas y folletines que a través de la historia fueron censurados, ya sea por la Iglesia, durante las guerras religiosas, o por los poderes políticos de turno.

El salón permite igualmente que los suizos francófonos conozcan autores suizos de habla alemana y viceversa, como Hugo Loetscher, premiado por su libro 'El mejor amante de mi madre', o el mismo Eugen Gomnringer, cofundador de la "poesía concreta" recuperado por el "stand" de Brasil", en razón de su doble nacionalidad, o Anne Cunéo, por citar algunos.

Un rincón para la ciencia

Siempre en el plano oficial, el espacio ocupado por el Fondo Nacional suizo de Investigaciones Científicas, los visitantes tienen la posibilidad de apreciar los trabajos publicados en todas las disciplinas. En el campo de las tecnologías multimedia, el stand de swissinfo, advierte que la información sobre Suiza es también accesible en varios idiomas, incluido, por supuesto, el español.

En fin, los organismos internacionales exhiben en sus estantes sus publicaciones más selectas, que nos recuerdan que Ginebra, es además la sede europea de todas las organizaciones del sistema de Naciones Unidas, ente al cual Suiza acaba de adherir, luego de que el pueblo así lo decidiera en votación popular este año.

Así, lo oficial cohabita con lo informal del Salón, como el grupo de poetas anónimos, que en sus reducidos cubículos, nos recuerdan que aún existe espacio para soñar, para el amor. Es que después de todo, el espíritu de Jorge Amado, de Pablo Neruda, de Ramuz, y hasta de Kafka, están presentes en esta feria de las ilusiones literarias.

Alberto Dufey

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