El Ródano para ir al Rin
El romanche, lengua misteriosa para el francófono que soy. Lengua latina como la mía, pero lejana, perdida entre valles que supongo son germánicos. Vamos entonces para comprender. Abordamos la ruta por el occidente donde, al parecer, el romanche sursilvano se mantiene bien. Pero para entrar al cantón de los Grisones por ese lado no hay que sufrir de vértigo. El glaciar del Ródano y el paso del Furka dicen mucho sobre las barreras naturales que separan los valles alpinos.(Imágenes y textos: Bernard Léchot, swissinfo)
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Un albergue en "Tschamut"
Después de haber recorrido el valle de Urseren, en el cantón de Uri, y de haber descendido del paso del Oberalp, se entra en el Surselva, el valle más largo de los Grisones, en el Rin anterior. Es vasto y verde; menos abrupto y salvaje que las tierras rocosas del cantón del Valais. La primera aldea de los Grisones a la que se llega se llama "Tschamut". Su primera casa es un albergue. "Ustria" dice en romanche en la fachada. "Eingang durch den Garten" (entrada por el jardín) responde en alemán un letrero en negro. ¿Será un poco esquizofrénico el romanche?
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Dos semanas besándonos
Pausa para el café en Sedrun, lugar dominante en la faraónica obra de perforación del túnel de base del Gotardo. Aunque en la localidad todos los letreros de circulación están en romanche, todo no es de fácil acceso. En el muy patriótico chocolate que acompaña mi café está escrito: "dulce de las cimas", en francés. En el embalaje del azúcar en polvo dice, en alemán: "In unserem Leben küssen wir während 2 Wochen" (durante nuestra vida pasamos 2 semanas besándonos). Más que esquizofrénico el romanche es realmente multilingüe y, aparentemente, sensual.
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Del portugués al romanche
Etapa en llanz, Glion en sursilvano. Espero hablar romanche en la calle y en las tiendas. Pero la primera persona con quien hablo, en la ciudad vieja, es portuguesa. Domiciliada en Llanz desde hace 25 años, Teresa Batista aprecia el romanche. "Para hablarlo es como nosotros. Para escribirlo es algo diferente. Pero muchas palabras son semejantes y evidentemente se comprende mejor que el alemán", dice Teresa. Sin embargo, su hija Inés, que habla sursilvano con sus compañeros, irá a la escuela en alemán. "Creo que le será más útil", añade Teresa.
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¿Un horizonte muy estrecho?
Lo que sorprende a Teresa es la mentalidad que reina en la región. "Aquí la gente es un poco cerrada. Cuando hablan de los suizos de Zúrich, de Ginebra o del Valais, es como si hablaran de extranjeros. Lo veo todos los días. Es raro para nosotros porque nosotros somos un pueblo, con una cultura, incluso si algunas cosas varían de una región a otra". Las montañas como las calles estrechas comprimen a veces el horizonte.
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Rock n'roll
Otro encuentro. Sascha Cahenzli trabaja en Llanz y vive en una aldea vecina. Habla de manera igual el romanche y el alemán. Aunque aprecia el romanche no cree en su futuro. "Cada vez un número mayor de jóvenes va a vivir a Zúrich. Incluso aquí los jóvenes prefieren hablar alemán", explica. Sascha escucha DRS3, el programa "joven" de la radio suiza de lengua alemana y no la radio romanche. En su opinión no existe un grupo musical romanche de calidad, en todo caso en el estilo que él prefiere: el "hard rock".
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Otro mundo
De Llanz salto a un valle lateral, al costado sur: el Valle Lumnezia. Paisaje de suaves pendientes que respira tranquilidad. Atravieso varias aldeas, cada una con su iglesia y su pensión familiar, pero sin ningún establecimiento turístico grande. Una de las razones que explica porqué este valle es uno de los rincones del cantón de los Grisones donde el romanche es más utilizado es que, según los datos estadísticos del año 2000, en Vrin, adonde he llegado después de 20 kilómetros de ruta, el 95,6% de la modesta población considera que el romanche es "su mejor lengua"(contra 29,9% en Llanz).
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La sonrisa de Lorenza
Entre otras cosas, cuando pregunto a Lorenza Caminada-Solér, que siempre ha vivido en Vrin, si no observa un avance del alemán en su aldea, mi pregunta casi la hace sonreir. "Oh, no; no entre nosotros. El romanche permanece y esperamos que esto no cambie", dice. Ella escucha la radio romanche y lee "La Quotidiana". ¿Se siente más cerca del espíritu latino o del germánico? "¿Qué debo decir?", vacila Lorenza, quizás por temor a herir a los clientes de su restaurante. "Es de la cultura italiana que me siento más cercana", admite.
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"Oh tiempo, suspende tu vuelo"
Fuera del mundo, fuera del tiempo. En Vrin, la iglesia, sorprendentemente lujosa, vela en esta aldea donde por lo menos predomina la madera centenaria. Su campanario sigue dando la hora a los habitantes, como si el tiempo existiera, aunque no realmente para ellos.
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Montañas de agua
El Valle Lumnezia está pegado a otro valle transversal, el Valle de Vals, célebre por su agua. Subiendo a Vals se encuentra un verdadero desfile de camiones pesados que bajan su carga de agua-gaseosa a la llanura. El "Valsertal" está al lado del Valle Lumnezia. Sin embargo, son dos culturas minoritarias diferentes entre sí. Su parte alta fue colonizada en la Edad Media por los famosos "Walser", gente originaria del cantón del Valais (Walliser) de las alturas del Valle del Ródano que también emigraron a la región de Davos y que llevaron consigo un dialecto alemánico propio de ellos.
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Edelweiss y Alpenrose
En Vals, además de la fábrica de agua mineral, se encuentra el magnífico centro termal diseñado por el arquitecto Peter Zumthor, originario del cantón de los Grisones. Es un edificio de cuarzo gris de la región, desafortunadamente ahogado entre inmuebles hoteleros sin estilo. En el centro del viejo pueblo que se estira a lo largo del "Valserrhein", los restaurantes llevan nombres como "Edelweiss" o "Alpenrose". Grisones, tierra de contrastes. Aproximadamente a unos 15 kilómetros hacia el sur, estamos en el Messoco, una de las zonas de lengua italiana del cantón, pero en automóvil se necesitarían unas 2 horas para llegar allí. ¡Ah, las montañas!
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Cursos para recuperar atrasos
Regreso al valle del Rin anterior y ruta hacia el oriente. A partir de allí los nombres de las localidades son en alemán, con subtítulos en romanche. Se llega a la zona más turística del valle: Falera, Laax y Flims, dicha de los aficionados al esquí en invierno y a la escalada en verano. En Flims no se oye una palabra en romanche. Sólo los nombres de las calles y de las viejas casas recuerdan que nos encontramos en territorio sursilvano. "Casa Flem", "Casa Pistget", se lee en las fachadas. Se siente un poco la nostalgia. ¿O el folclore? Pero, en Laax, un anuncio propone cursos intensivos de... romanche.
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Un islote romanche
Después de que el Rin anterior y el Rin posterior se juntan en Reichenau, el valle se alarga y conduce a Coira, la capital. Aunque la ciudad antigua tiene un encanto innegable, el resto de la ciudad es banal. ¿Estamos en Basilea, Berna o Lucerna? La Suiza alemana domina. No aparece la más mínima huella de romanche, salvo, de vez en cuando, el nombre de una empresa o entidad: Banco cantonal, una librería y, luego, la denominación "Radio e Televisiun Rumantscha", en la vitrina de la sede de la RTR. El gran centro romanche de la comunicación se encuentra en tierras de lengua alemana.
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Paradoja
Fue en la sede de la RTR que hace poco encontré a Ursin Lutz, nacido en Llanz, jefe de redacción de "Punts" una revista mensual dirigida a los jóvenes. ¿Cómo los compañeros de su edad se comprometieron a favor de la causa del romanche? "Hay los dos extremos: el entusiasmo y la ironía", responde. "En el club de fútbol se dice más bien que esta causa nada vale. En otros círculos se dice que es estupenda (super), que debe continuar". Paradojas de una lengua ancestral, rural, popular y que el pueblo abandona progresivamente mientras los sectores eruditos luchan por su supervivencia.
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El sentido de la historia
Fin del viaje. ¿Qué queda del romanche en mi cabeza?
Desde luego una música: la de esta lengua latina y cantarina de la cual alcanzo a captar algunas palabras al vuelo. Además queda la confirmación de que para algunos, pienso desde luego en Lorenza, el romanche es una evidencia, una raíz profunda en una cultura. Esto, en el mismo momento en que, para otros, el romanche se ha convertido en folclore e incluso en un atractivo turístico. Para otros aún, es un reto a enfrentar oponiéndose al sentido de la Historia. ¿Puede lucharse contra la evolución de un mundo globalizado? Sí, parece responder este campesino, solitario con su horca en el horizonte de los Grisones.
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Un periodista suizo de lengua francesa sigue los rastros del sursilvano.
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