«¡Salió tu esposo!»: alegría y preocupación en cárcel para presos políticos en Venezuela
«¡Mira chama, salió tu esposo!», dice entusiasmada Nohiris Suárez a la esposa de Armando Fusil en una videollamada. Es uno de los reclusos liberados el domingo de una cárcel a las afueras de Caracas, tres días después de la recién promulgada ley de amnistía.
La celebración se mezcla con la preocupación. Unos 200 presos del Rodeo I se sumaron a una huelga de hambre para protestar contra el alcance de esta ley, que excluye a muchos de los reclusos vinculados a casos militares y policiales, que no están contemplados en el nuevo instrumento.
La justicia venezolana ya liberó a unos 400 presos políticos en un primer proceso de excarcelaciones previo a la amnistía, de la que un centenar se benefició entre sábado y domingo, según cifras preliminares.
La ONG Foro Penal contabilizaba todavía más de 600 detenidos políticos encarcelados.
Votada y promulgada el jueves, esta ley de amnistía había sido prometida, bajo presión de Estados Unidos, por la presidenta interina Delcy Rodríguez.
«Treinta y seis años de carrera intachable en la policía» y «arrestado gratis, sin razón» en octubre de 2024, lamentó Armando Fusil, de 55 años, comisario de la policía de Maracaibo, capital del petrolero estado Zulia (oeste).
«Estoy bien. Salí bien. ¡Te amo mucho mi reina!», dice a su esposa por teléfono Robin Colina, otro de los detenidos liberados.
Cabeza rapada, como sus compañeros y de camiseta blanca, Fusil está claramente emocionado. Con la voz un poco temblorosa dice que está «feliz, claro» de salir. «Todo el mundo estaba esperando la salida, la estaba esperando por todos los acontecimientos que están pasando».
«Si hay bastantes personas en huelga de hambre porque quieren salir», agrega.
La alegría por las liberaciones da esperanza a los familiares que acampan fuera del penal desde hace casi dos meses. Están exasperados y la huelga de hambre aumenta la angustia.
«Estamos preocupados», dice Hiowanka Ávila, de 39 años. «Estamos aquí afuera los familiares preocupados por esta situación allá adentro».
Su hermano, Henryberth Rivas, es un civil acusado de haber participado en un atentado con dron contra Maduro en 2018.
– Una nueva Venezuela –
«No están recibiendo atención médica allá. Una huelga de hambre ustedes muy bien saben lo que implica un deterioro a nivel de salud, puede haber algún fallecido porque hay personas con cáncer hay personas con patologías cardiovasculares, que también se están sumando a la huelga», alerta Ávila.
Francia de Roso, de 48 años, está especialmente preocupada. Su esposo, Camilo Roso, de 65, padece una «patología oncológica».
Condenado a cinco años de prisión en el marco del caso de la ayuda humanitaria solicitada por el entonces líder opositor Juan Guaidó en la frontera con Colombia, cumplió su condena el 8 de enero, pero sigue tras las rejas.
«Esta es la fecha y no sabemos en qué estado está su boleta de excarcelación. Él lo que amerita es la extinción de su pena ¡que ya la cumplió!, que le llegue su boleta de libertad», lamenta.
Los casos de personas que permanecen en prisión después de haber cumplido su condena son frecuentes en Venezuela, según oenegés.
Tras permanecer varias horas delante de la cárcel después de su liberación, Armando Fusil no sabe si partirá a Maracaibo de inmediato.
¿El futuro? ¿Una vida normal? «Digo que sí. Es difícil. Sí puedo trabajar por la nueva reconstrucción de este país, de una nueva Venezuela».
«Todo el mundo va a salir, en nombre de Dios», reflexiona.
Cae la noche y como todas las noches, los familiares se reúnen para rezar con una vela en la mano.
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