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Una imagen, difundida por el Palacio Real saudí el 18 de mayo de 2017, muestra al rey Salman saludando al término de una competición deportiva en Yedá, en Arabia Saudí

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Arabia Saudí busca afirmar su papel de líder regional frente a Irán, organizando el domingo una cumbre con el presidente estadounidense, Donald Trump, y los dirigentes musulmanes del mundo entero, estiman los analistas.

El presidente de EEUU, que quiere movilizar todas las opiniones en contra de los grupos islamistas radicales, aprovechará su primer desplazamiento al extranjero para pronunciar un discurso sobre una "visión pacífica" del islam.

Por su parte, los dirigentes musulmanes esperan de Donald Trump que tienda puentes tras las acusaciones de islamofobia pronunciadas contra él durante la campaña electoral de 2016 y en relación con las restricciones anunciadas a principios de 2017 por EEUU para los viajeros procedentes de seis países de mayoría musulmana.

Para Riad, el principal objetivo es afirmar su liderazgo regional frente a su rival chiita, Irán, señalan los analistas.

"Es una demostración de liderazgo regional para Arabia Saudí" por su capacidad de reunir a un gran número de dirigentes musulmanes, realza Adam Baron, del Consejo Europeo de Exteriores.

Los dirigentes de no menos de 55 países musulmanes, desde el sultanato de Brunéi a Nigeria, pasando por Turquía, han sido invitados a la cumbre.

El domingo también tendrá lugar una reunión de los dirigentes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), el club de las seis petromonarquías del Golfo.

El encuentro el sábado entre Trump y el rey saudí Salman es una oportunidad para Riad de reconstruir unas relaciones sólidas con Washington tras años de fricciones con el antiguo presidente Barack Obama, más favorable a Irán.

El acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear iraní con seis potencias mundiales, entre ellas EEUU, contribuyó a poner fin al aislamiento de Irán, pero ha suscitado serias inquietudes en las capitales árabes.

- "Trabajo sucio" -

Los dirigentes saudíes, defensores de la ortodoxia sunita, acusan habitualmente a Irán de avivar los conflictos regionales al apoyar los movimientos chiitas en Siria, Irak, Baréin y Yemen.

Irán, que este viernes celebra unas elecciones presidenciales, se defiende y acusa, por su parte, a Riad de apoyar a los grupos sunitas radicales.

Los encuentros de este fin de semana en Riad son un "mensaje al régimen iraní radical de que tendrá en contra el consenso mundial y un acuerdo global entre EEUU y el mundo árabe y musulmán", señala Salman al Ansari, presidente del Saudi American Public Relation Affairs Committee (SAPRAC), que promueve los lazos bilaterales.

El rey Salman desea implicar a EEUU en esta andadura para "forjar una alianza panislámica, que será un baluarte contra el yihadismo e Irán", estima Andreas Krieg, del King's College de Londres.

Para Mustafa Alani, del Gulf Research Centre, estas reuniones son las premisas de una estrategia estadounidense para movilizar al mundo musulmán contra los yihadistas sunitas del grupo yihadista Estado Islámico (EI), así como contra las milicias chiitas apoyadas por Irán, como el Hezbolá libanés.

"Pienso que será importante porque esta estrategia puede traducirse en una acción sobre el terreno, una participación financiera, en envío de tropas y el intercambio de información", indica Alani.

Para él, la administración estadounidense ve en Arabia Saudí un "súper Estado regional", cuya ayuda es necesaria para contener a Irán y "combatir el terrorismo". Con Donald Trump, "asistimos a un cambio de tono y a un cambio de política", resume.

Andreas Krieg considera que el presidente estadounidense necesita un socio que haga el "trabajo sucio" porque él no puede implicar a sus soldados en los conflictos exteriores. Precisamente Trump, que defiende el eslogan "Estados Unidos primero".

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