The Swiss voice in the world since 1935
Historias principales
Swiss democracy

La Junta de Paz debe abordar las necesidades básicas de la población palestina

Hassan Herzallah

La paz en Gaza no consiste en celebrar grandes debates en Davos, sino en garantizar que todo el mundo tenga acceso a medicamentos y a un techo bajo el que dormir, afirma Hassan Herzallah, escritor afincado en Gaza.

El 22 de enero de 2026 se firmó oficialmente la carta fundacional de la «Junta de Paz», al albor de la reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF) en Davos, Suiza, en presencia de líderes mundiales y representantes de la comunidad internacional. Esta Junta se presentó como un mecanismo para coordinar la reconstrucción de Gaza, movilizar fondos internacionales y dar paso a una nueva fase de «paz y estabilidad». El lenguaje era tranquilizador: reconstrucción urgente, apoyo humanitario, oportunidad histórica.

Aquella mañana yo no estaba siguiendo lo que ocurría en Davos porque me encontraba dentro de una tienda de campaña en el campamento de Al-Mawasi, en el sur de la Franja de Gaza, después de que una tormenta invernal hubiera inundado el suelo bajo nuestros pies. Nos habíamos despertado en medio de mantas mojadas y de pertenencias que intentábamos salvar antes de que se redujeran a escombros. Mientras en Suiza se proyectaban, en grandes pantallas, representaciones arquitectónicas del futuro de Gaza, yo estaba colgando un trozo de tela con la esperanza de que se secara bajo un sol lánguido.

Una persona cercana me habló del anuncio de Davos con un toque de ironía: «Enhorabuena, ya tenemos una Junta de Paz para reconstruir Gaza».

Giré la vista hacia la tienda que sabía que no iba a poder sustituir y me pregunté: ¿qué clase de reconstrucción comienza cuando ni siquiera podemos conseguir una simple tienda de campaña? Si la reconstrucción es de verdad la prioridad, ¿por qué seguimos viviendo bajo trozos de tela?

Para que la reconstrucción signifique algo, esta debe empezar por lo básico: un refugio seguro que resista la primera tormenta del invierno, electricidad estable, acceso a la atención médica, pasos fronterizos abiertos para los casos urgentes y apoyo directo a las familias que han perdido sus hogares. Sin estos cimientos, la paz corre el riesgo de convertirse tan solo en un anuncio más, en lugar de en una realidad.

De todo esto surge una pregunta legítima: ¿estamos ante un verdadero mecanismo para proteger a la población civil o sólo ante otro foro político de debate? Para los que lo vivimos desde dentro, Gaza no es un debate teórico, sino un interrogante sobre nuestro futuro.

Se han destruido, o han resultado gravemente dañados, más del 80% de los edificios de GazaEnlace externo. Han desaparecido barrios enteros y cientos de miles de personas se alojan en tiendas de campaña, en escuelas convertidas en refugios superpoblados o junto a las ruinas de sus propias casas. Por tercer invierno consecutivo, sobrevivir en una tienda de campaña se ha convertido en un reto diario: cuando llueve, el agua se filtra por los bordes; cuando se levanta viento, hay que sujetar los postes con las propias manos; y por la noche es imposible que nos sintamos a salvo bajo el cobijo de la tela.

La mayor parte de la población en Gaza vive sin electricidad estable, por lo que nuestros días se rigen por el sol: si brilla el tiempo suficiente, cargamos una pequeña batería a través de unos paneles solares; si no, debemos terminar más pronto todas nuestras actividades. El mismo día en que se anunció la Junta de Paz, yo mismo iba de cafetería en cafetería buscando electricidad e internet para poder descargarme las clases de la universidad. Iba controlando el porcentaje de batería del móvil mientras se exhibían los planes de reconstrucción en pantallas gigantes en Davos y en las redes sociales.

Tener una tienda de campaña se ha convertido en un privilegio, ya que puede llegar a costar alrededor de 500 dólares por culpa de las restricciones de materiales básicos. Algunas familias viven envueltas en cubiertas de plástico o bajo sábanas rotas. La brecha entre el discurso político y la necesidad humana diaria se hace dolorosamente visible cuando, mientras se habla de miles de millones de dólares para la reconstrucción, la gente sigue buscando un refugio temporal donde sobrevivir.

Desde el alto el fuego anunciado el 11 de octubre de 2025, se nos dijo que había comenzado una nueva fase de la guerra. Sin embargo, aproximadamente 415 personas palestinas fueron asesinadas y más de 1.152 resultaron heridasEnlace externo, todo ello sumado al continuo hallazgo de cadáveres entre los escombros. Un alto el fuego sobre el papel que no se ha traducido necesariamente en seguridad sobre el terreno.

El número total de víctimas mortales desde el comienzo de la guerra ha superado las 70.000Enlace externo. Según un informe publicado en el periódico ‘The Guardian’Enlace externo el 30 de enero de 2026, el ejército israelí reconoció que las cifras facilitadas por el Ministerio de Sanidad de Gaza, que estimaban alrededor de 70.000 muertes, eran «bastante exactas».

Ese reconocimiento marcó un cambio importante tras meses de cuestionar las cifras.

Pero reconocer no es rendir cuentas.

Ese reconocimiento no reconstruye un hogar ni restaura la vida de un civil. El día del anuncio, hablé con otra persona cercana a mí sobre la Junta de Paz. Me escuchó en silencio y me dijo: «la paz no surge de declaraciones políticas, sino de acciones». Y añadió: «los planes de reconstrucción que han presentado con tanta teatralidad en Davos simplemente pretenden contener la indignación de la opinión pública mundial y sus demandas de acción en Gaza…».

Me dijo también que una reconstrucción condicionada políticamente podría convertirse en otra forma de presión, una cuyo fracaso acabaría atribuyéndose a las propias víctimas.

El debate sobre la Junta no se ha limitado a Gaza. ‘The Guardian’ informó de que Israel había vetado a algunas de las personas propuestas para integrar el organismo, al considerar que no se alineaban con su política. Algunas de las voces expertas que analizan la situación dudan de que la Junta pueda considerarse una institución internacional creíble, y más bien la ven como un marco impreciso, con una autoridad poco claraEnlace externo. En un episodio del pódcast de Swisinfo ‘Inside Geneva’, Richard Gowan, del Grupo Internacional de Crisis, lo expresó sin rodeos: «no creo que esto sea realmente una institución internacional creíble».

Sin embargo, la crítica por sí sola no es suficiente. Si la Junta desea que se la juzgue por su capacidad para marcar la diferencia, hay pasos inmediatos que podrían priorizar. Y no dentro de años, sino en los próximos meses.

Como palestino que vive en Gaza, para mí las prioridades están claras: un refugio seguro que no se inunde durante la primera tormenta invernal, electricidad estable que permita a los estudiantes y a las familias vivir con dignidad, un sistema de salud que funcione y sea capaz de recibir pacientes sin excepciones extraordinarias; pasos fronterizos abiertos para casos médicos urgentes y una compensación directa para las familias que han perdido sus hogares y medios de vida.

Una vez se asegure la supervivencia, es necesario actuar para prevenir el derrumbamiento social: reabrir escuelas y universidades, restaurar el acceso a internet, apoyar psicológicamente a los niños y jóvenes, y crear empleos temporales que garanticen un nivel mínimo de ingresos.

La reconstrucción de viviendas, infraestructuras, canalizaciones de agua, redes eléctricas, hospitales y escuelas debe ir acompañada, a más largo plazo, de programas económicos que permitan a las familias valerse por sí mismas. Aun así, todo esto seguirá siendo muy frágil si no existen garantías de que el desastre no se repetirá. Para evitar un nuevo ciclo de destrucción, es fundamental que se asuman responsabilidades y se instauren unos mecanismos de protección creíbles.

Por otro lado, existe también una gran falta de confianza por parte de la gente, que aquí ya no se pregunta cuántas promesas se han hecho, sino cuándo desaparecerán las tiendas de campaña.

La paz, tal y como se debate en Davos, se presenta como un marco político. La paz, tal y como la necesitamos aquí, es una condición necesaria para la supervivencia.

La paz comenzará el día en que tener una tienda de campaña ya no se considere una conquista, cuando las vidas más jóvenes dejen de morir de frío, cuando se pueda estudiar y trabajar sin depender de si el sol brilla o no.

La Junta de Paz no se evaluará sólo en las salas de conferencias, sino aquí en Al-Mawasi, en los campamentos, en los hospitales, en las casas que aún quedan por reconstruir y en las que se derrumbaron sobre quienes las habitaban.

Si la Junta puede convertir las promesas en cambios tangibles en la vida de las personas, supondrá probablemente un nuevo comienzo. Si sigue siendo otro marco político que ignora una realidad inalterada, entonces la paz seguirá siendo una hermosa palabra, pero una que no vive bajo un techo real.

Texto original editado por Virginie Mangin. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las de Swissinfo.

Los preferidos del público

Los más discutidos

En cumplimiento de los estándares JTI

Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI

Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.

Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.

SWI swissinfo.ch - Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR

SWI swissinfo.ch - Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR