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Batalla en Israel en torno a la empresa NSO y el programa espía Pegasus

Una de las plantas del grupo tecnológico isralí NSO, fabricante del programa espía Pegasus, el 8 de febrero de 2022, en el valle de Arava, sur de Israel afp_tickers

Los acreedores de la empresa israelí NSO Technologies insisten en que el programa de espionaje Pegasus se siga vendiendo a los regímenes autoritarios, pero los principales accionistas se oponen porque quieren que la firma salga de la lista negra de entidades que amenazan la seguridad de Estados Unidos, según documentos judiciales consultados por la AFP.

El verano pasado un consorcio de prensa reveló que los números de teléfono de al menos 180 periodistas, 600 políticos, 85 activistas de derechos humanos y 65 líderes empresariales habían sido espiados a través del programa Pegasus.

Ese programa informático es considerado un arma y está sometido a autorización de exportación por el ministerio israelí de Defensa.

Pegasus permite activar de forma remota las cámaras y los micrófonos de un smartphone y en principio se vende a los gobiernos para que lo utilicen contra el terrorismo o los delincuentes.

Pero antes de esas revelaciones, NSO había acumulado en los últimos años una importante deuda y, ahora, los acreedores insisten en que la empresa continué vendiendo Pegasus sin mirar a quién para mantener las cuentas en equilibrio.

El asunto llegó a los tribunales, donde se enfrentan acreedores no identificados y Berkeley Research Group (BRG), una firma de gestión estadounidense que administra la mayoría de las acciones del grupo.

La AFP consultó cientos de páginas de documentos jurídicos de la querella en hebreo e inglés.

– Países de riesgo –

Esos documentos indican que los acreedores sostienen que vender Pegasus solo a los países democráticos “impide a la empresa tener nuevos clientes”.

Pero BRG pide poner fin rápidamente algunos contratos, insistiendo en que lo más importante para NSO es salir de la lista negra de empresas que amenazan la seguridad de Estados Unidos en la que fue incluida en noviembre pasado.

BRG quiere que “detengamos ciertas actividades con ciertos clientes”, dijo a la AFP una fuente cercana a NSO.

“Tenemos obligaciones legales y no podemos” terminar con esos contratos “salvo que los clientes desvíen Pegasus de su uso principal”, agregó.

BRG por su lado reitera que Pegasus debe venderse a países más frecuentables. “Si quieren vender el programa a las democracias nadie lo va a impedir”, dice una fuente del equipo jurídico.

NSO puso fin a “varios contratos” y renunció a oportunidades comerciales por un monto de “más de 300 millones de dólares” debido a la evaluación del respeto de los derechos humanos por los eventuales clientes.

– Deuda elevada –

En 2019, cuando los cofundadores Shalev Hulio y Omri Lavie compraron la empresa, NSO estaba valorada en 1.000 millones de dólares.

Para financiar la operación, la casa matriz de NSO se endeudó en 500 millones de dólares, “algo poco corriente en el sector de la tecnología” en Israel, dijo a la AFP Dan Or-Hof, un responsable del consejo israelí de protección de la vida privada del ministerio de Justicia.

Tras el escándalo Pegasus, BRG asumió la gestión de la mayoría de las acciones del grupo.

Los abogados de los acreedores dicen que comprenden “la necesidad de ser prudentes debido a la atención mundial” en torno a Pegasus, pero estiman que el enfoque de BRG “agrava la crisis de liquidez” del grupo.

En medio de ese enfrentamiento apareció en enero la sociedad estadounidense Integrity Labs, que propone invertir 300 millones de dólares en la empresa y limitar las ventas a los países “Five Eyes” (Cinco Ojos), la alianza de inteligencia que une a los países anglosajones Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

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