El desafío de proteger la información
La información sigue siendo un recurso difícil de proteger, sobre todo debido a su naturaleza inmaterial.
En ese campo todo queda por hacer o casi todo, según Ueli Maurer, profesor de informática de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ).
Desde la creación del protocolo World Wide Web hace diez años en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), de Ginebra, la información se ha convertido en la principal riqueza del planeta.
El acceso al saber, que transportan los flujos de bits a los cuatros rincones del planeta, ha revolucionado los intercambios y la forma de trabajar en casi todos los sectores laborales.
Por una sencilla razón. Hoy se puede difundir información hasta el infinito por un coste prácticamente nulo y transmitirla a la velocidad de la luz por un coste igualmente simbólico.
Además, una vez lanzada a la Red, la información queda fuera de todo control. Pasará tal cual a la posterioridad y hasta la eternidad.
No cabe duda de que numeración de datos abre grandes perspectivas de progreso en importantes campos de la actividad humana como son el comercio, la salud, el desarrollo económico o incluso la democracia.
Lo virtual influye en lo real
Pero esos avances, que el planeta comenzó a explotar hace unos cuantos años, tienen como contrapartida la aparición de una serie de riesgos de una nueva índole.
Según Heli Maurer, profesor de informática de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ), se trata de riesgos inherentes a la naturaleza misma de la información.
Una escala de 0 y de 1 no podría considerarse en ningún caso como un objeto físico. Y, sin embargo, ese algoritmo (objeto) matemático tiene repercusiones en el mundo real.
Basta pensar en la importancia del soporte técnico (software) – por ejemplo en la contabilización las horas de la jornada laboral, la gestión de una red ferroviaria, la conclusión de una transacción electrónica – para darse cuenta de ello.
De ahí la necesidad de proteger este recurso que constituye el fundamento de la economía y la sociedad del futuro.
Preguntas sin respuesta
Y es que las alteraciones y modificaciones de la información que engendran, por ejemplo, los virus informáticos pueden tener efectos devastadores en el quehacer cotidiano de las empresas, del Estado y de los individuos.
Y mucho más dado que “la importancia que otorga la sociedad a los objetos numéricos, pese a su carácter virtual, es cada vez mayor”, subraya el jefe del grupo de investigación sobre seguridad y criptografía de la EPFZ.
“No se puede descartar que de aquí a cien años los revisionistas pretendan que las informaciones de las que disponen los ciudadanos sobre el Holocausto hayan sido falsificadas”, afirma Ueli Maurer.
¿Cómo se puede garantizar entonces la veracidad de una información? Es una pregunta a la que hoy es imposible responder.
Ocurre lo mismo en lo que se refiere a la utilización que se hará en el futuro de las informaciones recopiladas y almacenadas hoy por organismos privados (seguros de enfermedad, hábitos de consumo, datos bancarios, etc.).
¿Quién los almacena? ¿Quién tiene acceso a ellos? ¿Quién puede tomar la decisión de destruirlos?
¿Y qué ocurrirá si, en un momento de consternación similar al que provocaron los atentados del 11 de septiembre, el Estado se apropiara de todas esas informaciones? “Nadie sabe lo que pueda ocurrir en un caso como ese”, señala Ueli Maurer.
Los límites de la seguridad informática
De una cosa, sin embargo, el profesor de Zúrich está seguro: “El principio del respeto de la esfera privada tal como lo han definido nuestras sociedades está a punto de convertirse en un principio ilusorio”.
“Habrá que afrontar esa realidad, pero es imposible evaluar hoy el impacto que tendrá esa mutación”, agrega.
Y es que la seguridad informática sufre las consecuencias de sus propios límites. La criptografía, por ejemplo, sólo se puede aplicar cuando surge un problema identificado previamente de forma inequívoca, como ocurre en los procesos que permiten segurizar una transacción o identificar los destinatarios de un mensaje electrónico.
La gestión de riesgos imposibles de identificar, el temor de fenómenos cuyo alcance es casi inconcebible, es el resultado del desarrollo de las tecnologías de la información.
Una problemática que tendrá que abordar sin falta la Cumbre de la Sociedad de la Información, de Ginebra.
swissinfo, Jean-Didier Revoin
(Traducción: Belén Couceiro)
Una vez lanzada a la Red, la información queda fuera de control. La seguridad informática es aún limitada en la actualidad.
La información es hoy el principal recurso de la sociedad. El acceso al saber se ha convertido en el motor de la economía.
Multiplicable hasta el infinito, exportable a cualquier lugar y a la velocidad de la luz, la información no puede ser destruida una vez que ha sido difundida a través de Internet, lo que le confiere un carácter eterno.
¿Cómo hará frente a esa eternidad la sociedad de la información? ¿Cómo garantizar que la información sea justa? ¿Cómo asegurar la veracidad de una información o la autenticidad de la fuente? Múltiples preguntas que carecen de respuesta.
Aunque permite segurizar las transacciones electrónicas o identificar los destinatarios de un mensaje electrónico, la criptografía no puede resolver el problema del almacenamiento de datos ni de la utilización que se pueda hacer de ellos.
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.