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Para sondear el infinito, 64 parabólicas

Para el mayor radiotelescopio del mundo, 64 antenas. (Imagen: ESO) RTS

Para desentrañar mejor los misterios del universo, europeos y estadounidenses construirán el mayor telescopio del mundo en una altiplanicie de Chile.

Presentado este miércoles (30.04), el proyecto despierta el interés de los científicos y los industriales suizos.

Desde hace algunas décadas, los desiertos andinos del norte de Chile se han convertido en lugar preponderante para la astronomía mundial.

En 1963, el Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) ubicó ahí sus primeras instalaciones, en La Silla, a 2.400 metros de altitud.

Un año después, los estadounidenses se sirvieron de otra planicie, un poco más al sur.

Un sitio ideal para la observación

Aún en funcionamiento, esos telescopios se antojan ahora enanos junto a las más recientes instalaciones del ESO, reunidas bajo la denominación ‘Very Large Telescope’ (VTL).

El complejo, instalado a 2.635 metros de altura, 600 kilómetros al norte de La Silla, incluye, en efecto, los cuatro mayores instrumentos ópticos terrestres (cada uno con un espejo de más de 8 metros de diámetro).

Inclusive Hubble, el famoso telescopio espacial de la NASA, no tiene un alcance mayor.

En esa región de Chile, los astrónomos pueden disfrutar de un cielo excepcionalmente claro.

Las cumbres de los andes se mantienen despejadas durante más de 300 días por año y ninguna contaminación luminosa perturba las observaciones.

Telescopios ciegos

Esos telescopios permiten observar el universo con una nitidez sin igual. Empero, los astrónomos carecen aún de los instrumentos necesarios para captar y analizar los Rayos X, los infrarrojos y las ondas de radio.

Se sabe que una parte considerable de la energía que circula en el universo es emitida bajo esas formas invisibles, de ahí la idea de instalar en Chile el mayor radiotelescopio del mundo.

Trabajando de la mano, europeos y estadounidenses eligieron la planicie de Chajnantor (en el desierto de Atacama) para construir un conjunto único de 64 antenas móviles de 12 metros de diámetro, con un peso de 125 toneladas por unidad.

La unión de sus potenciales de recepción permitirá a esas parabólicas captar los rayos con una longitud de onda inferior al milímetro.

Y, como esas ondas atraviesan las nubes interestelares, numerosos objetos espaciales hasta ahora escondidos, de repente serán «visibles».

Inmersión en el espacio y en el tiempo

Una perspectiva semejante excita a la comunidad científica internacional.

Merced al Gran Interferómetro Milimétrico de Atacama (ALMA, por sus siglas en inglés), el conocimiento de los misterios del universo va a progresar a pasos agigantados.

ALMA permitirá una inmersión en el espacio y en el tiempo hasta a galaxias nacidas miles de años apenas posteriores al Big Bang (explosión primordial de la que nació el universo).

Y esa formidable potencia de investigación podrá ser utilizada para el conocimiento de objetos mucho más próximos.

Así, las estrellas -que nacen cada día en nuestra propia galaxia- y los planetas de nuestro sistema solar, aparecerán bajo un nuevo aspecto.

Tecnología suiza

Por ahora, ALMA no es más que un proyecto. Los responsables del ESO acudieron este miércoles (30.04) a Berna para presentarlo a los científicos e industriales interesados.

Por ejemplo, a la sociedad Contraves Space, que podría participar en el abastecimiento de una parte de las piezas mecánicas para la orientación de las antenas.

Dos pequeñas empresas -una de Neuchâtel y otra de Zúrich- podrían construir algunos de los receptores que captarán las ondas del cosmos.

En ese y otros sectores, los pedidos tendrán que ser atribuidos. ALMA deberá estar en total operación en el 2011 y su costo ascendería al equivalente de mil millones de francos.

Una contribución modesta

Miembro del ESO desde 1982, Suiza participará en el esfuerzo con unos veinte millones de francos.

En cuanto a los astrónomos helvéticos, tendrán acceso al conjunto de los datos proporcionados por los telescopios y podrán proponer sus propios experimentos.

Pero los tiempos de observación a los que tendrán derecho los científicos suizos serán proporcionales a la participación de su país en el esfuerzo global.

swissinfo, Marc-André Miserez
(Traducción Marcela Águila)

Los 64 radiotelescopios del proyecto ALMA deberán entrar en operación en el 2011.

Diez países europeos -incluida Suiza- y Estados Unidos participan en el esfuerzo, estimado en mil millones de francos.

Las instalaciones de Chajnantor, en el desierto de Atacama, se encuentran en una altiplanicie andina, situada a 5 mil metros de altitud, unos mil kilómetros al norte de Santiago.

En ese lugar, el cielo es excepcionalmente claro y casi no hay humedad ambiental.

Ahí, todo está por hacerse, desde los caminos de acceso.

Los 64 radiotelescopios del proyecto ALMA serán capaces de orientarse en forma simultánea hacia un punto preciso del universo.

Para coordinar sus movimientos y los datos que recojan, emplearán una computadora capaz de efectuar 16 billones de operaciones por segundo.

En vista de la elevada altura de ubicación de las parabólicas, el centro de control del ALMA estará situado 2000 metros abajo y los hombres sólo ascenderán a la planicie para los trabajos de mantenimiento.

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