Zúrich o el síndrome del elefante
El cantón de Zúrich celebra el fin de semana el 650 aniversario de su entrada en la Confederación Helvética. 'Suiza y Zúrich, Zúrich y Suiza' es un libro, publicado en esta ocasión, que habla del peso económico y demográfico de esta importante ciudad suiza a orillas del río Limmat.
Zúrich es el elefante de la Confederación. Con 1,2 millones de habitantes es el cantón más poblado. Uno de cada seis suizos es zuriqués. Desde el punto de vista económico su posición es aún más importante. Zúrich «pesa» más del 20% del producto nacional.
Sobre el perfil de este cantón, que es a la vez centro económico, financiero, cultural y científico, y sobre sus relaciones con el resto de Suiza responden, con mucha competencia, una veintena de autores de horizontes muy diferentes en el libro: «Suiza y Zúrich, Zúrich y Suiza», publicado para marcar el aniversario.
Zúrich y Suiza: relaciones marcadas por lo que se podría denominar el síndrome del elefante. Se desconfía del que es más grande. Un sentimiento que reconoce, en su contribución al libro, Vreni Spoerry, quien ocupa una de los dos escaños zuriqueses en el Consejo de los Estados del parlamento helvético. «No se ama particularmente a los zuriqueses ni a Zúrich -señala Spoerry-, mientras que los zuriqueses encuentran en el mundo político una buena dosis de escepticismo».
Una desconfianza bastante extendida en el país y que es quizás más aguda entre los suizos de expresión francesa. «Fundamentalmente, Zúrich tiene la imagen de una ciudad amenazadora, -analiza Christophe Büchi, corresponsal del Neue Zuercher Zeintug en al Suiza francesa-. Una ciudad dominante, un poco arrogante, un poco hegemónica».
Los suizos francófonos no son los únicos en catalogar así a los zuriqueses. Pero a veces no son conscientes de una realidad que no se puede ignorar: Zúrich está llena de no zuriqueses. Cerca de la mitad de los habitantes del cantón provienen de otras regiones (26% de otros cantones y 23% del extranjero). En la ciudad, los auténticos zuriqueses son incluso una minoría: 33%.
Zúrich es pues una máquina de integración. Y con buenos resultados, como cuenta en el libro el actual presidente de la Confederación, Moritz Leuenberger. Aunque llegó al borde del Limmat cuando tenía 20 años y con acento basilense, representa hoy día a su cantón de adopción en el cargo político más alto del país.
La aglomeración zuriquesa desempeña, en toda la región, el papel de un imán. Y si atrae es precisamente porque es grande: su población, su actividad económica, sus infraestructuras. Zúrich ha logrado formar una «masa critica», explica Beat Kappeler. Periodista y economista, Kappeler encuentra muchas ventajas en la situación. «Las antiguas discrepancias se disuelven y se abren nuevos horizontes».
Pero esta «masa» puede originar también tensiones. «En el fondo, -señala Christophe Büchi- el federalismo no marcha, en el terreno político, si no hay una cierta descentralización en el campo económico». Pero lo que se produce es justo lo contrario. Moritz Leunenberger se refiere también a ese peligro. «Ninguna sociedad, escribe, puede soportar, a la larga, diferencias sociales demasiado grandes». Y el presidente habla incluso de una «identidad superior» dentro de la Confederación, basada en la solidaridad.
Beat Kappeler, por su parte, juzga que el federalismo suizo es hoy «una fachada mentirosa, que no tiene en cuenta las realidades». Para él los zuriqueses deberían afirmar aún más sus intereses, aunque fuera en solitario. Aplaude de paso la decisión zuriquesa de dar prioridad al estudio del inglés en la escuela: «Zúrich debe innovar en esta Suiza un poco esclerosada».
Pierre Gobet, Zúrich
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