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Sindicalismo suizo, marcado por los inmigrantes

Reciente demostración del sector construcción de Unia en Zúrich: antesala de próximas huelgas.

Primero fueron alemanes, hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Luego vinieron franceses, italianos, españoles...

La historia del sindicalismo suizo también ha sido escrita por los inmigrantes. Porque le pusieron su sello ideológico y por el gran número de afiliados extranjeros.

El Dr. Bernard Degen, investigador del seminario de Historia de la Universidad de Basilea, señala que por su gran número, los extranjeros casi siempre tuvieron un rol importante en el movimiento sindical suizo.

Se calcula que hoy son 150.000 los trabajadores inmigrantes en Suiza. Sólo el sector de la construcción de Unia, el sindicato más grande, tiene 80.000 afiliados, la mayoría extranjeros.

Este sector se prepara para huelgas regionales en octubre y noviembre por la ruptura del convenio colectivo de 60 años con la patronal.

Sería falso atribuir a los extranjeros una influencia en la creciente tendencia a las huelgas desde los años 90. «Esto refleja más el acercamiento de las condiciones suizas a otros países europeos», aclara Degen, experto en Historia Social y Económica suiza de los siglos XIX y XX.

Primero vinieron los alemanes

Desde 1860, los trabajadores manuales alemanes participaron en la creación de las organizaciones sindicales. Colocaron a presidentes en diferentes niveles y en el cambio de siglo estuvieron bien representados entre los primeros secretarios a tiempo completo.

Menor fue la presencia de los franceses, continúa Degen. En cambio, los italianos, que a fines del siglo XIX encontraron empleo sobre todo en la construcción, participaron en las constantes huelgas. Pero pocos quisieron afiliarse definitivamente a un sindicato.

Entonces, el movimiento sindical alcanzó mayor importancia, especialmente para los alemanes. Como extranjeros carecían de derechos políticos, pero a través de los sindicatos podían manifestar sus aspiraciones sociales y políticas.

De vuelta a sus países, por la inseguridad

La Primera Guerra Mundial trajo un cambio profundo porque una parte significativa de extranjeros fue llamada al servicio militar. En realidad la mayoría retornó no tanto por motivaciones nacionalistas, sino por la inseguridad general, sentencia Degen.

Esto ocurrió con los italianos, que volvieron a su país aunque Italia al principio no participó en de la guerra. Con esta emigración los sindicatos perdieron a parte importante de sus afiliados, al extremo que muchas secciones desaparecieron transitoriamente.

Cuando los sindicatos suizos experimentaron nuevos bríos, como en toda Europa desde 1917, los extranjeros tuvieron sólo un rol subordinado. Parte de los sindicalistas que se quedaron en Suiza trataron de nacionalizarse. Después de la guerra muchos poseían ya pasaporte suizo.

El clima para los inmigrantes empeoró y Suiza ya no volvió a abrir sus fronteras como antes de 1914. Hasta la Segunda Guerra Mundial, el número de extranjeros se redujo al mínimo. En los sindicatos perdieron importancia porque los sindicalistas nacionalizados se retiraron con el paso del tiempo y porque se empleaba sólo a funcionarios suizos.

Temor a los sueldos bajos, al comunismo

El prolongado crecimiento económico después de la Segunda Guerra Mundial provocó nuevamente una inmigración masiva. Al comienzo vinieron sobre todo italianos, desde 1960 españoles, desde los años 70 yugoslavos y turcos, y desde 1980 portugueses.

Sin embargo, a diferencia de antes de 1914, estos trabajadores ya no tenían los mismos derechos. También los sindicatos suizos eran escépticos frente a ellos y hacían muy poco por su integración.

Por un lado temían la caída de los salarios y en caso de crisis, de un alto desempleo. Por otro, había diferencias culturales. Por ejemplo, muchos italianos y españoles eran activistas comunistas, mientras que en Suiza los comunistas eran considerados enemigos del Estado.

Sólo cuando se manifestaron corrientes xenófobas en las propias bases, empezó en los sindicatos un cambio de mentalidad, lo que no fortaleció la posición de los extranjeros porque en la grave crisis económica a mediados de 1970, casi 250.000 regresaron a sus países.

Según Degen, desde los años 80, la posición más abierta de los sindicatos llevó a organizar, primero a más y más extranjeros, y luego a extranjeras. Hoy la presencia femenina es notable. Para el contacto con ellos fueron empleados cada vez más funcionarios con raíces extranjeras.

Los sindicatos se volvieron organizaciones multiculturales, lo que se refleja en sus impresos en varias lenguas y en sus reuniones plurilingües. Empezaron a representar las aspiraciones de sus afiliados extranjeros, quienes, fuera de los sindicatos, carecían de derechos políticos.

USS o ‘la unión hace la fuerza’

En la fase de creación de la Unión Sindical Suiza (USS), a comienzos del siglo XX, casi la mitad de sus afiliados tenían procedencia extranjera. «Ellos contribuyeron al fortalecimiento y éxito de la USS», dice Manuela Bruderer, secretaria central de esta organización.

La USS, organización central que agrupa a los sindicatos suizos, realiza cada año una estadística que no incluye a los extranjeros como tales. Según estimaciones, son alrededor de 150.000, la mayoría de ellos en Unia.

No hay cifras exactas porque a menudo no es fácil diferenciar entre personas que nacieron en Suiza pero no tienen pasaporte suizo, sino Permiso C (de residencia), o personas con un trasfondo de migración que son nacionalizadas.

En la USS, la nacionalidad de un afiliado es menos relevante que en algunos sectores sindicales. «Tratamos de representar los intereses de todos los asalariados», apunta Bruderer. «Del número de afiliados depende la fortaleza en las negociaciones políticas y sociales».

swissinfo, Rosa Amelia Fierro

Hasta la Primera Guerra Mundial, los alemanes participaron en gran medida en la formación de los sindicatos.

En la Suiza de habla francesa participaron los franceses, aunque en menor grado que los alemanes en la parte germanófona del país.

Los italianos trabajaban sobre todo en la construcción.

Después del estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, hasta la Segunda Guerra Mundial en 1945, el sindicalismo perdió influencia en Suiza.

Después empezó una intensa inmigración, primero de italianos, luego de españoles, yugoslavos, portugueses y turcos.

Frente a ellos los sindicatos suizos eran escépticos, hasta 1960.

Solamente el incremento de la extrema derecha entre los trabajadores movió a los sindicatos suizos a cambiar de mentalidad.

Hoy en día los extranjeros, y sobre todo las extranjeras, recobran un gran peso en las filas sindicalistas.

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