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Tres corazones en una cabaña quizás algo estrecha

Cartel de la campaña a favor de la ley con el cabaretista Flurin Caviezel.

Los corazones son las tres lenguas del cantón de los Grisones: el alemán, romanche e italiano. La cabaña es la polémica Ley sobre las lenguas, aprobada en el Parlamento cantonal, que se vota el 17 de junio.

Aunque la ley pretende respaldar las lenguas minoritarias, sus detractores sostienen que discrimina a quienes tienen el alemán como lengua materna.

En materia de lenguas el cantón de los Grisones es el ejemplo de una Suiza en miniatura. El único cantón trilingüe (alemán, romanche, italiano) de la Confederación Helvética sabe aprovechar el encuentro de culturas, pero también afronta los problemas que surgen cuando hay un desequilibrio en las relaciones de fuerza entre las lenguas.

La Ley grisonesa sobre las lenguas – a semejanza de la que debatirá el Parlamento nacional el 20 de junio – nace en respuesta al artículo 70 de la Constitución suizo y quiere ofrecer instrumentos concretos para proteger a las minorías y garantizar la paz lingüística. Pero esta paz se transforma en transformarse en espejismo, cuando se trata de pasar de las palabras a los hechos.

El Parlamento nacional discute una ley que el Gobierno no quiere por considerarla una fuente de gastos excesivos. En el cantón de los Grisones, Gobierno y Parlamento han apoyado unánimemente la ley. Sin embargo, un abogado convencido de que el texto «discrimina a los germanoparlantes» lanzó un referéndum, acción que en un abrir y cerrar de ojos ha reunido más de la mitad de las firmas necesarias para someter el asunto al veredicto de los ciudadanos.

Mayoría, minoría y discriminación

El comité del referéndum critica que la ley protege a las minorías a expensas de los derechos de otros. Peter Schnyder, padre del referéndum, afirma que hay que respaldar el romanche, pero con medidas voluntarias y no con una ley.

Considera inadmisible, por ejemplo, que la administración pública tenga que contratar «por norma general» a personas que más lenguas cantonales dominan, y esto porque «por norma general» la mayoría de los grisoneses germanoparlantes no aprende el romanche (y muchos tampoco el italiano). La disposición favorece a la población que habla romanche, población que también domina el alemán y para la que el italiano –otra lengua neolatina– no representa un obstáculo.

Los promotores del referéndum juzgan injusto que no se tomen en consideración los conocimientos de otros idiomas, como el inglés y el francés. En su opinión, esta discriminación refleja las dificultades en las relaciones entre la mayoría y la minoría. Si para la minoría aprender la lengua del vecino es una necesidad, para la mayoría es una opción; una opción que sin embargo es limitada si el idioma elegido ofrece pocas perspectivas. El mismo italiano tiene problemas para mantenerse frente al inglés y el francés; y el romanche – los grisoneses que lo hablan también dominan el alemán – sale perdiendo.

La ley quiere crear un contexto en el que saber romanche constituya una ventaja específica. Se trata de valorizar esta lengua minoritaria e incentivar a que quienes la aprendieron de niños no la olviden, y a quienes no la hablan a aprenderla. ¿Pero la aceptarán los ciudadanos grisoneses? Incluso si la ley cuenta con el respaldo de la mayoría de los partidos –sólo la Unión Democrática del Centro (derecha conservadora y nacional) recomienda votar ‘no’–, el éxito del escrutinio no está para nada garantizado.

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Cuestión de porcentajes

Los expertos en Derecho y Lingüística han emitido su opinión; hay quienes consideran que la ley constituye «un modelo para toda Europa» y quienes la califican de «injusta». Otros la respaldan, pero fruncen la nariz y piensan que quizás convendría elaborar otro proyecto porque el actual no es suficiente.

La minoría italoparlante, por ejemplo, no saldría beneficiada por los porcentajes introducidos para frenar la penetración del alemán en las comunas (municipios) situadas en la frontera lingüística. Y los promotores del referéndum no aceptan que las comunes tradicionalmente romanches, pero hoy de mayoría alemana, deban readoptar el romanche como lengua oficial y de enseñanza, si el 40% de sus habitantes lo habla todavía.

Además, bastará que un 20% de los habitantes hable este idioma autóctono para que se convierta en la lengua principal de la enseñanza.

Triling –el comité que apoya la ley y que agrupa a numerosas personalidades políticas y culturales del cantón–, señala que la nueva disposición interesa a pocos municipios y no afecta para nada a las más de cien comunas germanoparlantes. Las medidas que «avaloran las lenguas minoritarias», en cambio, son indispensables para salvaguardar el trilingüismo de los Grisones con miras a que perdure esa convivencia de tres corazones en una cabaña.

swissinfo, Doris Lucini
(Traducción del italiano: Belén Couceiro)

Son tres los aspectos de la Ley sobre lenguas en el cantón de los Grisones que han desatado un ferviente debate.

El primero se refiere a los «porcentajes» que interpretan de forma histórica el principio de la territorialidad. Si las lenguas tradicionales de una comuna son el romanche o el italiano, y el número de parlantes supera el 40%, se considera una comuna monolingüe. El romanche o el italiano serán la lengua oficial en la administración pública y en la enseñanza.

Si en un municipio hay al menos un 20% de habitantes que habla una lengua autóctona, se considera un municipio bilingüe; el romanche o el italiano serán uno de los idiomas oficiales y la lengua principal en la enseñanza.

Asimismo la ley contempla que –en caso de cualificaciones equivalentes– la administración cantonal debe contratar «por norma general» a los candidatos que más lenguas cantonales dominen.

Finalmente, los debates en los tribunales deberán desarrollarse «por norma general» en el idioma de la parte apelante (siempre y cuando se trate de una lengua oficial).

Lenguas en los Grisones

Alemán: 68,2% (1970: 57,6%)
Romanche: 14,5% (1970: 23,4%)
Italiano: 10,2% (1970: 15,8%)
Otras: 7% (1970: 3,3%)

Son datos recopilados del censo federal de 2000. Sólo consideran el idioma indicado como «lengua que mejor se conoce»; si se agrega la «lengua utilizada regularmente», el porcentaje de parlantes de romanche se eleva al 21,5% (cerca de 40.100 personas).

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