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En el corazón de la ‘cocina del diablo’

Hell's Kitchen, en el concierto que dieron en el pub Fair Play de Cognac. swissinfo.ch

La banda ginebrina Hell´s Kitchen ganó adeptos en el festival francés Blues Passions a través de su propuesta de blues alternativo

Metales, cacerolas y recogedores de basura son parte de sus instrumentos musicales. Y como los esclavos del Mississippi convierten en blues sus historias cotidianas.

Cognac es una ciudad pequeñita enclavada en el corazón del suroeste francés. Tierra de vid y plantíos de girasol que parecen no terminar nunca. Paisajes que admiró y convirtió en lienzo el extravagante Van Gogh y que a través de su arte han dado la vuelta al mundo.

Y cuna fértil para edificar cada año un paraíso para el blues. Fusión de magia y notas llegadas desde el legendario Mississippi hasta el río galo de la Charente a través del Blues Passions, un festival que se convierte en una fiesta sin pausa que toma las calles durante cuatro días consecutivos.

Conciertos en los bares, restaurantes, plazoletas, jardines públicos y en el muelle principal desde las 11 horas hasta las 3 de la madrugada.

Una referencia obligada en materia de blues en el Viejo Continente. Cita a la que en 2006 acudieron medio centenar de solistas y grupos como Otis Clay, Irma Thomas, Capitan Luke, los Neville Brothers o Terry Evans.

Y entre el abanico de propuestas musicales, los suizos rompieron con el esquema tradicional de la música de la tristeza. Los ginebrinos de Hell´s Kitchen pusieron sobre la mesa un ‘blues alternativo’ que conquistó espontáneamente adeptos.

Un grito interior

La leyenda del blues nos remite sin discusión al verano de 1619. A la costa de Virginia, al Jamestown de 1619, playas que vieron desembarcar a los primeros esclavos negros del oeste africano que trabajarían el campo.

En sus manos las motas de algodón, en sus corazones y su voz, la música que llevan grabada en los genes. Su día a día, sus penares, el dolor de la añoranza de un pasado que les arrancaron sin consulta previa.

Un siglo después, en Nueva Orleáns, había más población de color que blanca. Y los hijos y nietos de los esclavos serían los autores del blues de la melancolía que comenzaron a compartir y heredar al mundo.

Canciones paganas y religiosas entonadas al principio en dialectos como el yoruba, bantú o fon, para decantar con los años en el inglés de sus la tierra en la que se afincaron.

Música que siempre está viva, que cimbra, que no pierde el alma.

Cocina de diablo

Un par de siglos más tarde, Bernard, Cédric, y Nicolas, tres ginebrinos instalados en la treintena, han decidido recuperar la raíz del blues.

Cada uno venido de actividades distintas y de ámbitos musicales diversos, se conocieron y durante una espontánea velada en la primavera del 2001, decidieron que hacía sentido realizar una propuesta musical común.

Componer e interpretar un blues que, como aquel que había nacido del otro lado del Atlántico, surgiera de las entrañas y fuera un reflejo de la realidad cotidiana, pero en un territorio muy distinto. El suyo. En la Suiza del nuevo milenio.

Los primeros ensayos tuvieron lugar en un improvisado taller, en la cocina de sus casas, y en un pequeño almacén de metales. Se hallaban, sin saberlo, en proceso de encontrar las claves de su sello musical.

Hoy sus instrumentos además de armonía irradian imaginación, construidos a partir de largas estructuras metálicas, improvisados panderos, recogedores de basura, cacerolas o cucharones. Percusión, contrabajo, guitarra y voz hacen el resto.

Paréntesis con Hell´s Kitchen

¿Qué sitio eligió Hell´s Kitchen para charlar con swissinfo?
Coherencia absoluta, sin duda… la mesa de un restaurante, a falta de una cocina casera.

-¿Por qué convertir los sonidos de una cocina en música?
-Y ¿por qué no?, bromea Bernard. No nos interesaban los instrumentos tradicionales, queríamos regresar a las raíces primitivas del blues. Se dio de forma espontánea, ensayábamos en la cocina, con objetos metálicos, en un taller, con palas, y nos gustó el resultado.

-¿Qué es lo que más disfrutan de hacer música?
-Los sonidos que descubrimos, los conceptos que creamos, añade Nicolas.

-Si yo digo blues, cuál es la primera palabra que llega a la mente de cada uno. Sin reflexión…
-Yo pienso simplemente en música, dice Bernard.
-Yo… en brutalidad, agrega Cédric.
Todos ríen, es fuerte el concepto.
-Y yo, en un campo de algodón.

Tres conceptos aparentemente dispersos, pero irrefutablemente integrados en la música que proponen.

-Desde su perspectiva, ¿qué le aporta Hell´s Kitchen a la música helvética?
-No sé si a la música helvética, pero sí a la música en general, nuestra visión, nuestra propuesta. Todo está en cambio permanente, refiere Nicolás, y eso es algo que queremos reflejar. El blues tradicional hacía a la gente salir a la calle a contar su realidad, agrega Bernard, nosotros hacemos lo mismo, y buscamos que hacerlo de una forma intimista, amigable.

-¿Quién construye esos instrumentos tan originales?
-Yo, explica Cédric. Soy yo quien los hago y acondiciono el equipo para que acústicamente sea utilizable.

De gira por Europa

Hell´s Kitchen fue la única banda helvética invitada a Blues Passions. Los organizadores, encabezados por el creador del festival, Michel Rolland, encontraron en el grupo suizo un perfil interesante para llevar a su foro una propuesta de blues alternativo.
Es la primera vez que son invitados a este encuentro musical, pero no será la última. Y durante el encuentro, ofrecieron cuatro conciertos.

Instalados frente a sus instrumentos, en el pub irlandés Fair Play, en el que dieron su primer concierto, Bernard (vocalista), Cédric y Nicolas pierden noción de tiempo y espacio cuando comienzan a tocar.

Cierran los ojos y se dedican a hacer música, y sólo los abren de tanto en tanto para mirar de reojo y con sonrisas los aplausos que se cuelan entre una melodía y otra.

Por el momento, detrás de Suiza, Francia e Italia, han sido los escenarios que los han acogido, y ahora mismo están en conversaciones para dar conciertos en Alemania y España.

No tienen prisa por comerse al mundo, tienen tres CDs grabados como trío de blues, y disponen de todo el tiempo para seguir hilvanando historias que se traduzcan en notas musicales.

Cantos que, como en el Mississippi de los esclavos algodoneros, narren historias salidas de las entrañas.

swissinfo, Andrea Ornelas, Cognac (Francia)

La discografía de Hell´s Kitchen comprende:
Blues from the beancan (2002)
The Big Meal (2004)
Doctor´s Oven (2005)

Sus integrantes son:
Bernard Monney, guitarra y voz
Cédric Taillefert, percusiones
Nicolas Roggli, contrabajo

El grupo de blues helvético Hell´s Kitchen fue descrito por el festival francés Blues Passions como: «Un desorden organizado. Un estilo desarrollado entre tapas de cacerolas, guitarra y contrabajo. Entrañan el cielo y el infierno. Creativos, originales, audaces, enérgicos… tres músicos ginebrinos fuera de lo común».

El festival Blues Passions se celebra desde hace 13 años en la ciudad de Cognac, en el departamento político de Charente, ubicado en el suroeste francés.

Algunos otros bluesistas helvéticos contemporáneos son Christian Buehlmann (Winterthur); Blues Blend (Ginebra); y Philipp Fankhauser (Thun).

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