Del frente a la negociación: cómo se ha desplazado el foco en la guerra de Ucrania
Kiev/Moscú, 20 feb (EFE).- Con el estancamiento del frente y la llegada al poder de Donald Trump, el foco de atención sobre la guerra de Ucrania se ha mudado a las negociaciones, las llamadas entre líderes y los mensajes en redes sociales con que el presidente de EE.UU. da pistas sobre las medidas que piensa tomar para que ambos bandos firmen un acuerdo de paz.
En 2022 las noticias vinieron de movimientos decisivos en el frente que no han vuelto a producirse a la misma escala desde entonces.
Nada más lanzar su invasión hace ahora cuatro años, las fuerzas rusas quisieron rodear Kiev y se hicieron con zonas estratégicas del noreste y, sobre todo, el sureste de Ucrania como la región de Jersón y la central nuclear de la región vecina de Zaporiyia, que sigue hasta hoy bajo control ruso y es motivo de discordia en las negociaciones.
Más difícil fue para los rusos tomar Mariúpol, un puerto ucraniano del mar de Azov que resistió a meses de asedio y acabó cayendo a manos de las Fuerzas del Kremlin en mayo de 2022 con la rendición más masiva de prisioneros de toda la guerra.
Antes de eso, entre marzo y abril de ese mismo año, Ucrania liberó las zonas que Rusia ocupaba en los alrededores de Kiev.
La entrada de las tropas ucranianas en la ciudad-dormitorio de Bucha trajo consigo el descubrimiento de centenares de cuerpos ejecutados por las fuerzas de ocupación rusas, lo que según algunos análisis precipitó el colapso definitivo de las negociaciones para que no se alargara el conflicto que ucranianos y rusos habían mantenido en Bielorrusia y Turquía.
El otoño de 2022 trajo más buenas noticias para Ucrania, que en su primera y más exitosa contraofensiva logró recuperar territorio en la región nororiental de Járkov y liberar Jersón, la capital de la región homónima del sur del país.
Segundo año
Con los mercenarios de Wagner como punta de lanza, Rusia logró a partir de entonces avances lentos y particularmente costosos en la región de Donetsk.
Asedios como el de la ciudad de Bájmut – Artiómovsk para los rusos – capturaron la atención internacional durante meses hasta su conquista completa por parte de las fuerzas del Kremlin en mayo de 2023.
En junio de ese mismo año el grupo Wagner protagonizó una rebelión inédita contra Putin que pudo ser sofocada por el Kremlin y terminó del todo en agosto con la muerte del líder de ese ejército privado, Yevgueni Prigozhin, al estrellarse el avión en el que viajaba.
Tras muchos meses de preparación, Ucrania puso en marcha ese verano su segunda contraofensiva.
Centrada simultáneamente en Bájmut y en el sureste, esta operación acabó ahogándose sin conseguir los resultados esperados y contribuyó al polémico cese en febrero de 2024 del hasta entonces jefe del Ejército ucraniano, el carismático Valeri Zaluzhni.
La fase posicional de la guerra
Antes de su cese Zaluzhni había pronosticado que la guerra había entrado en una fase de estancamiento en la que Rusia aprovecharía su superioridad numérica en personal si Ucrania no conseguía una ventaja decisiva en tecnología.
El tiempo ha dado la razón a Zaluzhni y el frente permanece estático desde entonces, con avances rusos generalmente lentos pero constantes que el Kremlin consigue a un precio muy alto en bajas.
Para cambiar esa dinámica desfavorable, Kiev lanzó en agosto de 2024 por sorpresa su invasión de la región rusa de Kursk, de la que llegó a controlar más de un millar de kilómetros cuadrados.
Aunque sirvió en su momento de revulsivo moral para los ucranianos, la operación se extinguió al final del invierno de 2025 sin haber revertido la tendencia en el conjunto del frente.
La era Trump
El regreso de Trump a la Casa Blanca trajo consigo una nueva fase en la guerra centrada en unas negociaciones que no han resultado de momento en ningún acuerdo estable de alto el fuego.
La realidad sobre el terreno ha forzado a Kiev a renunciar a lo que ha perdido en el campo de batalla, pero los ucranianos rechazan entregar también la parte del Donbás que sigue bajo su control, como exige Rusia como condición para llegar a cualquier acuerdo.
Ambos bandos pagan el desgaste de cuatro años de guerra, con un gran número de bajas que está en proporción a sus respectivas poblaciones y también en el plano económico.
Rusia ve actualmente caer los ingresos petroleros con los que paga la guerra por unas sanciones occidentales a las que ha contribuido Trump con su embargo a los gigantes del sector rusos Lukoil y Rosneft.
Ucrania depende completamente de sus socios para subsistir, aunque Trump ha cerrado el grifo de la ayuda financiera a Kiev, cuya viabilidad como Estado y esfuerzo de guerra depende ahora enteramente del dinero europeo.
A mejorar la posición de Zelenski no ha contribuido el escándalo de sobornos en el sector energético que el pasado noviembre hizo caer a varios ministros y al hasta entonces todopoderoso Andrí Yermak, que tuvo que abandonar su cargo de jefe de gabinete del presidente.
Rusia ha comenzado este año con una campaña de ataques a la energía ucraniana que ha dejado a millones de personas sin luz, agua y calefacción con temperaturas de hasta veinte grados bajo cero y debilita aún más la economía y la capacidad industrial de Ucrania. EFE
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