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El choque contra rascacielos más alto de Pekín cuestiona el blindaje extremo de la capital

Álvaro Alfaro

Pekín, 29 jun (EFE).- El misterio que rodea el impacto de una aeronave ligera contra el rascacielos más alto de Pekín, que causó un muerto y 13 heridos, ha arrojado dudas sobre la estricta seguridad de la capital china y el impulso oficial a la ‘economía de baja altitud’, que emplea drones, aerotaxis y otros vuelos a baja altura.

El siniestro, registrado el pasado viernes y confirmado por las autoridades casi 24 horas después con un escueto comunicado, ocurrió en el corazón empresarial de una ciudad donde el control sobre la seguridad y el espacio urbano es particularmente estricto por su condición de sede del Gobierno central y del Partido Comunista Chino (PCCh, gobernante).

La información oficial no identificó al piloto, no precisó contra qué edificio impactó la aeronave ni aclaró desde dónde despegó o cuál era su destino previsto, además de dejar sin respuesta cómo pudo alcanzar la zona de Guomao, sede de numerosas empresas locales e internacionales.

Victor Shih, profesor de la Universidad de California en San Diego, señaló en la red social X (censurada en China) que el suceso tiene una «potencial importancia política» y preguntó dónde estaban las fuerzas encargadas de proteger el espacio aéreo de Pekín y la cúpula dirigente china, que reside en el complejo de Zhongnanhai, situado a unos 6 kilómetros del rascacielos.

Sin embargo, Ben Lewis, analista especializado en el Ejército Popular de Liberación (EPL), declaró a la publicación estadounidense Newsweek que las defensas aéreas pequinesas son «robustas» y están organizadas «por capas», pero pensadas para amenazas militares y no necesariamente para una aeronave civil «lenta» y «ligera» en un entorno urbano.

Lewis añadió que derribar un aparato de ese tipo sobre una zona densamente poblada podría ser «más peligroso que la propia aeronave», por el riesgo de caída de restos sobre áreas habitadas o de tránsito.

El exanalista de la CIA Dennis Wilder, profesor en la Universidad de Georgetown, escribió en X que el presidente chino, Xi Jinping, probablemente «presumirá al instante lo peor» sobre el incidente y reforzará la seguridad.

Misterio en torno al piloto

El comunicado oficial no ofreció datos sobre la identidad del piloto, que según las autoridades era el único ocupante de la aeronave, descrita como un aparato deportivo ligero, monomotor y biplaza.

El diario británico Financial Times vinculó el aparato con la escuela de vuelo Eastern Pioneer, con base en el aeródromo pequinés de Shifosi, aunque indicó que no pudo confirmar la identidad del piloto.

Según este medio, las autoridades registraron esa misma noche un vehículo aparcado en las instalaciones de la escuela y registrado a nombre de una supuesta ejecutiva de CITIC, empresa que da nombre al edificio del siniestro, donde tiene oficinas, lo que corrobora una versión que ya circulaba ampliamente en redes sociales fuera de China.

EFE contactó este lunes con la escuela, que indicó que todos sus cursos han quedado suspendidos, sin ofrecer más detalles, mientras que las causas por las que la aeronave impactó contra el rascacielos siguen sin aclararse.

El reto de la baja altitud

El siniestro se produce en pleno impulso oficial a la llamada ‘economía de baja altitud’, un sector que China vincula al desarrollo de drones, aeronaves ligeras, logística aérea, taxis voladores y otros servicios en el espacio aéreo cercano al suelo.

El analista Bill Bishop señaló en X que el sector figura en el XV Plan Quinquenal chino como parte de los nuevos grupos industriales estratégicos que Pekín busca acelerar, junto con ámbitos como las nuevas energías, los nuevos materiales o el sector aeroespacial.

Bishop afirmó que el incidente probablemente no dañará a largo plazo el desarrollo de esa industria, aunque podría forzar una revisión regulatoria para reducir riesgos en los vuelos de baja altitud.

La Administración de Aviación Civil de China creó en mayo un Departamento de Seguridad de Baja Altitud, encargado de coordinar seguridad y desarrollo y de construir plataformas de despacho y sistemas de estaciones de servicio para vuelos de baja altitud.

China considera estratégica esta industria y, según la Administración de Aviación Civil, prevé que su tamaño de mercado supere los 3,5 billones de yuanes, unos 511.000 millones de dólares, en 2035. EFE

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