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Un siglo de teatro y resistencia en el corazón de Zúrich

Vista desde el escenario hacia la sala de espectadores y la maquinaria escénica del teatro Schauspielhaus Zürich Pfauen.
Vista desde el escenario hacia la sala de espectadores y la maquinaria escénica del teatro Schauspielhaus de Zúrich. Keystone / Gaetan Bally

Durante la Segunda Guerra Mundial, el [teatro] Schauspielhaus de Zúrich se convirtió en uno de los principales refugios para los artistas perseguidos por el nazismo en los países de habla alemana. El mérito fue, en gran medida, de Ferdinand Rieser, un comerciante de vinos zuriqués.

Rieser tenía más entusiasmo que experiencia. Pese a ello, se puso al frente del Schauspielhaus y en 1926 acometió una profunda remodelación del edificio. Amplió la capacidad de la sala y configuró el escenario tal y como se conoce hoy, con una clásica escena a la italiana.

Gracias a la labor de este comerciante judío, el Schauspielhaus se convirtió durante la Segunda Guerra Mundial en el gran teatro del exilio para artistas de habla alemana.

El director del teatro, Ferdinand Rieser, era originalmente mayorista de vinos.
El director del teatro, Ferdinand Rieser, fue anteriormente mayorista de vinos. Schauspielhaus Zürich

De sala de variedades a teatro de referencia

Sin embargo, la historia del edificio comenzó mucho antes y, en sus inicios, tuvo poco que ver con el teatro de calidad. A comienzos del siglo XX, el «Volkstheater zum Pfauen» funcionaba como una especie de teatro de variedades que contaba incluso con cervecería al aire libre y bolera. Los problemas financieros y los frecuentes cambios de propietarios marcaron sus primeros años.

Más tarde, el edificio fue utilizado como segunda sala del teatro municipal, la actual Ópera de Zúrich, aunque la experiencia tampoco dio los resultados esperados. En aquella época, Zúrich aún no era una referencia teatral.

Ferdinand Rieser, sin embargo, aspiraba a mucho más. Estaba convencido de que un teatro podía ser viable económicamente sin renunciar a la ambición artística ni a la proyección internacional. Los comienzos fueron discretos, pero los acontecimientos políticos que sacudieron Europa acabarían cambiando por completo el rumbo del Schauspielhaus.

Nace la compañía de exiliados

En 1933, los nacionalsocialistas llegaron al poder y expulsaron de los escenarios alemanes a artistas judíos, críticos con el régimen o vinculados a la izquierda política.

Una de las figuras más destacadas del Teatro de Zúrich: el dramaturgo Kurt Hirschfeld, a quien recientemente se ha rendido homenaje en un documental.
Una de las figuras más destacadas del Teatro de Zúrich: el dramaturgo Kurt Hirschfeld, a quien recientemente se ha rendido homenaje en un documental. Photopress-Archiv / Str

Rieser reaccionó con determinación. Atrajo a Zúrich a numerosos actores, actrices y directores de renombre, entre ellos Wolfgang Langhoff, Therese Giehse, Kurt Horwitz, Ernst Ginsberg, Leonard Steckel y Karl Paryla. También dejaron una huella decisiva en el teatro el escenógrafo Theo Otto, el director Leopold Lindtberg y el dramaturgo Kurt Hirschfeld.

Especialmente Hirschfeld se convirtió en una figura clave gracias tanto a la selección de artistas como a su firme apuesta por un teatro político. En el Schauspielhaus de Zúrich comenzaron a representarse obras prohibidas en Alemania por su crítica al nacionalsocialismo. «Die Rassen», de Ferdinand Bruckner, y «Professor Mannheim», de Friedrich Wolf, se estrenaron en el Schauspielhaus de Zúrich. Ambas obras abordaban la persecución de los judíos.

Un teatro bajo presión

La línea política del teatro no tardó en suscitar una fuerte oposición. Espías nazis y miembros del Frente Nacional, una organización suiza afín al nazismo, trataron de intimidar al Schauspielhaus. Las amenazas y las protestas fueron en aumento, hasta el punto de que algunas representaciones tuvieron que celebrarse bajo protección policial.

Sin embargo, la presión no procedía únicamente de los nazis y de sus simpatizantes en Suiza. La Asociación de Escritores Suizos exigía una mayor presencia de obras nacionales y arremetía contra lo que calificaba de teatro «poco suizo».

Incluso Max Frisch, por entonces un desconocido estudiante de arquitectura, expresó sus críticas. Años más tarde, sería precisamente en este escenario donde alcanzaría el reconocimiento como escritor.

No siempre tuvo una buena opinión del Teatro de Zúrich, donde más tarde logró su gran éxito como dramaturgo: Max Frisch, escritor suizo de renombre mundial.
No siempre tuvo una buena opinión del Schauspielhaus de Zúrich, donde más tarde logró su gran éxito como dramaturgo: Max Frisch, escritor suizo de renombre mundial. Keystone / AP

Durante años, Rieser se mantuvo fiel a su proyecto. Sin embargo, en 1938 la creciente presión política, los problemas económicos y los ataques antisemitas le obligaron a abandonar el teatro y exiliarse con su familia en Estados Unidos.

La edad de oro del teatro del exilio

Tras su marcha, el Schauspielhaus pasó de ser una institución privada a convertirse en un teatro municipal. Gracias al apoyo del alcalde socialista Emil Klöti, fue posible crear la «Neue Schauspiel AG» y proteger el teatro de cualquier intento de control por parte de los nacionalsocialistas.

Convirtió el «Pfauen» en el centro neurálgico del teatro de exilio de habla alemana: Oskar Wälterlin, director del Schauspielhaus entre 1938 y 1961.
Oskar Wälterlin, director del Schauspielhaus entre 1938 y 1961, convirtió el Schauspielhaus en el centro neurálgico del teatro de exilio de habla alemana. KEYSTONE/PHOTOPRESS-ARCHIV/Str

Oskar Wälterlin asumió la dirección del teatro, mientras que Kurt Hirschfeld continuó formando parte de su equipo artístico. Juntos apostaron cada vez más por los clásicos de Schiller, Goethe y Lessing, aunque reinterpretados desde una clara perspectiva antifascista y vinculados al concepto suizo de la «defensa espiritual nacional».

Algunas producciones se volvieron legendarias, como «Guillermo Tell» o «Götz von Berlichingen», ambas protagonizadas por Heinrich Gretler.

Memoria y presente

Durante los años de la guerra, el Schauspielhaus se convirtió en un refugio para numerosos artistas perseguidos. También fue un espacio desde el que se hizo visible la resistencia antifascista.

Grandes nombres, tonos teatrales críticos: «Nos hemos librado una vez más», de Thornton Wilder, de 1944, con Therese Giese y Anne-Marie Blanc.
Grandes nombres, críticas teatrales: «Nos hemos librado otra vez», de Thornton Wilder, en 1944, con Therese Giese y Anne-Marie Blanc. KEYSTONE/Privatbesitz Anne-Marie Blanc

Cien años después de la gran remodelación, aquella historia sigue formando parte de la identidad del Schauspielhaus. La codirectora artística Pinar Karabulut y Hannah Schünemann, responsable de dramaturgia, aseguran que se hace palpable en todo el edificio y en las fotografías que recuerdan a quienes marcaron su pasado.

Con motivo del centenario, ese pasado vuelve a ocupar un lugar primordial. La temporada 2026/27 se inaugurará con «La ópera de tres centavos», concebida como un homenaje a Bertolt Brecht, una figura decisiva en la historia del Schauspielhaus. Durante los años de la guerra, varias de sus obras se estrenaron precisamente en este teatro.

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Historia

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Este contenido fue publicado en En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, el Teatro de Zúrich se convirtió en el último escenario libre de habla alemana.

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Texto adaptado del alemán por Carla Wolff.

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