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Dificultades para investigar sobre China

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Nuevas leyes chinas permiten que las autoridades investiguen a investigadores extranjeros por tener información «sensible» relacionada con la seguridad nacional. EPA / How Hwee Young

El endurecimiento de los controles sobre la investigación relacionada con China dificulta cada vez más el trabajo de quienes estudian el país desde el extranjero, también en Suiza. Según quienes se dedican a la investigación, las autoridades suizas deberían apoyarles más.

La profesora titular de la Universidad de Zúrich Simona GranoEnlace externo cambió el enfoque de su investigación en 2016 y pasó de la gobernanza medioambiental en China y Taiwán a las relaciones entre ambos países.

Tras poner en marcha un proyecto de estudios sobre Taiwán en la misma universidad, a partir del año siguiente redujo progresivamente su implicación con China.

«Realizar trabajo de campo en China se ha vuelto cada vez más difícil, ya que los investigadores como yo ya no podemos preguntar abiertamente ni reunirnos, sin una vigilancia estricta, con informantes y colaboradores, como ocurría en la década del 2000», explica a Swissinfo.

«La gente en China —incluidos compañeros académicos y profesores— también se ha vuelto más reticente y menos dispuesta a hablar con personal extranjero, a menos que los proyectos tengan el respaldo de importantes iniciativas universitarias o traten sobre temas que no se consideran delicados».

Swissinfo ha hablado con distintas personas que se dedican a la investigación relacionada con China en universidades suizas. Y la conclusión es que investigar sobre China se ha convertido en un campo minado. 

Eso está cambiando la forma en que el mundo académico aborda la investigación y las interacciones con sus homólogos en China. Este fenómeno también se ha observado en otros países, como Estados Unidos, Australia o el Reino Unido, pero resulta especialmente alarmante en Suiza. Las personas entrevistadas afirman que, en un momento en el que la investigación sobre China —actualmente la segunda economía más grande del mundo— es más relevante que nunca, Suiza no está haciendo lo suficiente para apoyarlas.

El punto de inflexión

Ariane Knüsel, investigadora sénior en la Universidad de Friburgo especializada en las relaciones chino-suizas durante la Guerra Fría, explica que el punto de inflexión fue el periodo 2014-2015.

Esta académica, que estudia China desde el año 2005, señala que antes de esa fecha el mundo académico en China era relativamente «abierto y acogedor».

Aunque oficialmente ciertos temas —como la masacre de la plaza de Tiananmén de 1989 o las violaciones de los derechos humanos en el Tíbet— estaban prohibidos, en la práctica, el personal investigador extranjero en ciencias sociales podía realizar trabajo de campo e intercambios académicos en China.

El cambio, según estas fuentes, se produjo en 2012, cuando Xi Jinping asumió la dirección del Partido Comunista y la presidencia del país. A partir de entonces, y bajo el pretexto de «salvaguardar la seguridad nacional», China adoptó una serie de leyes destinadas a intensificar la vigilancia de organizaciones y personas extranjeras. Estas normas afectan al personal académico extranjero dedicado a los estudios sobre China.

En 2014, China aprobó una versión revisada de la Ley contra el espionaje, a la que, un año más tarde, le siguió la Ley de Seguridad Nacional. Después llegaron leyes sobre el acceso a los datos. Destacan la Ley de Seguridad de los Datos y la Ley de Protección de la Información Personal de 2021, así como el Reglamento de Seguridad de los Datos en Red, que entró en vigor en 2025. Todas estas leyes han impuesto importantes restricciones a la transferencia de datos fuera de China, incluidos los datos de investigación. Además, exigen a menudo evaluaciones de seguridad u otras medidas de cumplimiento, especialmente en el caso de datos «importantes» o «esenciales».

Las leyes establecen que las autoridades chinas pueden investigar o detener a personas extranjeras —con el pretexto de que tienen «información sensible» que podría poner en peligro la seguridad nacional— por recopilar material de investigación. Un ejemplo muy conocido y que provocó un gran revuelo en los círculos académicos ocurrió en 2019 cuando el Ministerio de Seguridad del Estado de China detuvo a Nobuo Iwatani, profesor de Historia China de la Universidad de Hokkaido (una universidad pública de Japón). 

En 2023, la Infraestructura Nacional de Conocimiento de China (CNKI, por sus siglas en inglés), la mayor base de datos de artículos académicos de China, anunció que iba a suspender temporalmente el acceso desde el extranjero —sin aclarar cuánto tiempo iba a durar la prohibición— a algunos de sus conjuntos de datos. Lo  cual incluye todas las tesis de doctorado y máster, el Censo Nacional de Población y los anuarios estadísticos de China.

Eso ha dificultado aún más el acceso a los datos y ha tenido un impacto directo en la investigación. Como consecuencia, las autoridades censuran muchos trabajos académicos y tesis doctorales, así como los datos del censo de China, antes de que se publiquen. El objetivo es eliminar información y estadísticas «sensibles», como las relativas a las minorías étnicas de China.

La actual campaña de represión ha tenido graves consecuencias en el mundo académico, tanto en China como en el extranjero. Por lo que cada vez es más difícil acceder a los datos en China, el trabajo de campo sobre el terreno está sesgado y quienes investigan en el extranjero tienen que reorientar sus investigaciones para no despertar sospechas en China, lo que a menudo les obliga a autocensurarse.

Dificultades para acceder a las fuentes

«Desde 2014, algunos archivos de China, como el del Ministerio de Asuntos Exteriores, han dejado de permitir que los historiadores accedan a determinados expedientes o a la mayoría de ellos», afirma Knüsel, de la Universidad de Friburgo.

Dice que, como historiadora, necesita explorar todas las facetas de la historia china, incluidas aquellas que el Gobierno ha censurado.

Su investigación abarca temas como la historia del espionaje chino en Suiza, la masacre de la plaza de Tiananmen y el Gran Salto Adelante (una campaña de industrialización a gran escala que tuvo lugar entre 1958 y 1962).

«A los académicos chinos y a sus familias, hablar conmigo de temas específicos que son tabú en China podría acarrearles problemas, y en mi investigación estoy tratando varios de estos temas. Debo ser extremadamente cautelosa para no poner a esta gente en peligro», explica Knüsel.

Asimismo, a la hora de manejar información de segunda mano facilitada por académicos chinos, a menudo se encuentra ante un dilema. Como investigadora, Knüsel tiene que verificar cualquier información que le llegue. Sin embargo, eso es cada vez más difícil, ya que encontrar personas dispuestas a comunicarse abiertamente ahora es complicado. Como consecuencia, «al publicar mis hallazgos, debo indicar que esta información me la han transmitido otras personas, pero que no puedo verificar su exactitud de forma independiente», señala. 

La autocensura no se limita a China 

Algunas personas dedicadas a la investigación con las que ha hablado Swissinfo afirman que este entorno ha creado un «efecto disuasorio» que se extiende más allá de sus fronteras.

«Se dan casos aparentemente aleatorios e inexplicables en los que a quienes investigan se les niega el acceso al país», señala Filip Jirouš, investigador de la Universidad de Basilea especializado en China, quien cita ejemplos de colegas a quienes la seguridad del Estado interrogó en aeropuertos chinos o durante su estancia en China les invitó a «tomar té» —un eufemismo que se utiliza habitualmente para describir los interrogatorios informales de las autoridades—.

En 2021, una persona que estaba realizando su doctorado en la Universidad de San Galo publicó tuits críticos sobre el encubrimiento inicial de la epidemia de COVID-19 por parte del Gobierno chino, su represión de la minoría uigur en la provincia de Xinjiang y el presidente chino Xi Jinping.

Poco después recibió un email de quien había dirigido su tesis doctoral en el que le comunicaba queEnlace externo había recibido «correos electrónicos airados procedentes de China». También le advirtió de que la situación podía afectar incluso a su visado. Según informó entonces el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung, dio por terminada la relación de supervisión académica y le instó a «moderar de inmediato sus expresiones políticas».

En respuesta al incidente y ante las sospechas de que las autoridades chinas habían presionado a quien le supervisabaEnlace externo, la universidad creó dos grupos de trabajo para investigar una posible injerencia china en su investigación y docencia. Ambos informes concluyeron que no había indicios de injerencia externa.

Para evitar que sus carreras académicas se estanquen y poder continuar con su trabajo, algunas personas han cambiado sus temas de investigación o la región en la que se centran, alejándose de los temas relacionados con China continental.

Jirouš, de la Universidad de Basilea, afirma que hay quienes están centrando la investigación en temas y comunidades fuera de las fronteras geopolíticas de China, como Taiwán y las comunidades de la diáspora china.

Otras personas han adaptado su metodología de investigación, pasando de las entrevistas presenciales y las investigaciones sobre el terreno al análisis textual de la cobertura mediática oficial de China y otros documentos de acceso público. Grano —en su último artículo sobre las relaciones entre China y Taiwán— dice que, en lugar de realizar entrevistas, optó por analizar los discursos oficiales de la parte china.

Menor colaboración

Según las personas entrevistadas, una de las primeras consecuencias es la notable reducción de los intercambios académicos entre personal de ciencias sociales de Suiza y China.

Dado que ni Suiza ni China publican series estadísticas bilaterales sobre intercambios académicos, resulta difícil obtener datos precisos. Además, los programas de intercambio están muy descentralizados y repartidos entre las distintas universidades. Las ayudas se conceden a través de programas de movilidad, la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia (SNSF, por sus siglas en inglés) y diversas colaboraciones institucionales entre ambos países.

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Las universidades suizas con las que ha contactado Swissinfo, cuando se le han pedido, no han dado datos sobre colaboraciones e intercambios.

En 2022, la SNSF decidió suspender todos los proyectos de colaboración bilateral con China, algunos de los cuales los habían iniciado en 2003 los Gobiernos suizo y chino. Así lo indicó Laure Ognois, la directora del Departamento de Cooperación Internacional de esta fundación, en una entrevistaEnlace externo que el año pasado se publicó en la página web de la Asociación Suiza de Biotecnología.

«China cuenta con nueva legislación en materia de protección de datos, lo cual supone un reto para quienes investigan con sede en Suiza. Deben ser conscientes de que las autoridades chinas podrían acceder a los datos, utilizarlos y modificarlos sin el consentimiento de quienes los solicitan y con cualquier fin», explicó Ognois.

Quien añadió: «Ni podemos ni queremos poner fin para siempre a la cooperación con China. Estamos tratando de desarrollar soluciones codo con codo con nuestros socios, con los Gobiernos chino y suizo».

Se puede hacer más

Aunque acceder a la investigación sobre China es un problema para las academias de todo el mundo, la falta de apoyo estatal es —afirman las personas a las que ha entrevistado Swissinfo— lo que distingue a Suiza del resto. China es la segunda economía más grande del mundo y su influencia va en aumento, especialmente en Asia y África. China también es uno de los principales socios comerciales de Suiza. Ambos países firmaron un acuerdo bilateral de libre comercio en 2013; el primero entre China y un país europeo. En la actualidad, Suiza y China están negociando actualizar el acuerdo para reforzar sus lazos comerciales.

El ecosistema académico suizo, no obstante, rara vez aborda las estrategias políticas y económicas asiáticas, incluidas las de China, que «constituyen centros de conocimiento fundamentales para las personas responsables de la toma de decisiones de los sectores público y privado», escribió Grano en un artículo de opinión firmado conjuntamente y que en 2025 publicó Swissinfo [en inglés].

Los datos publicados por la SNSF ponen de manifiesto que la colaboración científica con China ha vuelto a los niveles registrados hace 15 años. Entre 2015 y 2018, la SNSF financió una media de 70 proyectos de investigación en colaboración con equipos chinos al año, frente a los 30 de 2025.

En lo que a la atención académica prestada a las economías asiáticas se refiere, Suiza va a la zaga de países de Europa y Norteamérica, según Grano. Suiza, por ejemplo, no tiene ningún centro de investigación centralizado y coordinado dedicado a China. 

Alemania, por su parte, sí cuenta con varias instituciones que integran los estudios asiáticos con las ciencias políticas y las relaciones internacionales. El Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICSEnlace externo), por ejemplo, se ha convertido en el mayor instituto de investigación independiente de Europa dedicado a la China contemporáneaEnlace externo. Lo creó en 2013 la fundación alemana Stiftung Mercator, que durante su primera década le destinó 33 millones de euros (30,4 millones de francos).

No hay una cifra concreta sobre cuánto invierte Suiza en investigación sobre China. Los datos de la SNSF muestran que la investigación financiada por Suiza alcanzó su punto álgido entre 2010 y 2020. De las casi 280 subvenciones concedidas entre 1980 y 2025, más de la mitad se otorgaron durante esa década.

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En Italia tiene su sede el Torino World Affairs Institute (T.wai), que cuenta con sólidos programas de investigación centrados en Asia. Francia, asimismo, alberga centros de estudio como el Institut français des relations internationales (IFRI) y el Institut de relations internationales et stratégiques (IRIS), ambos con una amplia experiencia en temas relacionados con Asia.

Como respuesta a las amenazas del Gobierno chino a la libertad académica de los estudiantes y las universidades en el extranjero, Human Rights Watch en 2019 publicó un Código de Conducta de 12 puntosEnlace externo destinado a las universidades de todo el mundo y a su personal.

Citando ejemplos —como la denegación de visados a personal investigador que estudia sobre China o la vigilancia y la autocensura en los campus— la organización señalóEnlace externo que «pocos [países] han tomado medidas para proteger la libertad académica frente a problemas que vienen de lejos».

Solo unos pocos han introducido políticas y mecanismos de apoyo para ayudar a quienes se dedican a investigar, la libertad académica y la financiación.

El Gobierno alemán, a partir de 2024, decidió destinar al MERICS 500.000 eurosEnlace externo Enlace externoanualesEnlace externo. En el marco de una alianza estratégica, los Gobiernos de Francia y Japón respaldan la labor investigadora del MERICS. El propio MERICS declaraEnlace externo que hay 20 personas dedicadas a la investigación académica que proceden de siete países europeos, China, Singapur, Australia y Estados Unidos. Eso lo convierte en el mayor instituto europeo dedicado en exclusiva a los estudios sobre China.

El Gobierno suizo debería hacer más, según Grano. Eso incluye financiar programas especiales de investigación centrados en las ciencias sociales y las humanidades relacionadas con China, con especial atención a la política exterior y de seguridad, la transformación digital y la tecnología. También podría destinar fondos federales a reforzar los estudios, archivos y conjuntos de datos con sede en Suiza procedentes de fuentes alternativas recopilados fuera de China y archivados de forma independiente.

«No apoyar a quienes de verdad estudian China significa contribuir a silenciar a quienes realmente la comprenden. En última instancia, se acabarán tomando decisiones basadas en información procedente de personas con un conocimiento limitado de China o que están siendo sobornadas por Pekín, o basadas en información distorsionada debido a la injerencia y el acoso del Partido Comunista Chino», afirma Jirouš.

La Secretaría de Estado Federal de Educación, Investigación e Innovación (SERI) ha declarado a Swissinfo que «en Suiza, la financiación pública de la investigación se basa en el principio de abajo arriba y está abierta por igual a todas las disciplinas académicas. El Gobierno federal no da prioridad ni destina fondos a áreas temáticas o campos de investigación específicos».

En la actualidad, según la SERI, el Gobierno suizo no tiene planes de aumentar la inversión en investigación académica en China o sobre China, sino que pretende dar prioridad a fortalecer dentro de la administración federal el conocimiento especializado relacionado con China.

Editado por Virginie Mangin. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.

El artículo va sin firmar por motivos de seguridad.

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