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Empresa: Serono, una apuesta a la fertilidad

La biotecnología es el punto fuerte de Serono. RSR

Dedicada a la biotecnología, es la novena empresa más rentable de Suiza, con presencia en una treintena de países, emplea a más de 4.600 trabajadores.

Este contenido fue publicado el 20 mayo 2004 - 14:02

Su apuesta de negocios: la salud reproductiva, los desórdenes metabólicos y la esclerosis múltiple. Las finanzas marchan viento en popa.

En 1870, Italia vivía el fin de una convulsión política. El ejército italiano entraba a Roma y por fin, las tropas francesas –encargadas de garantizar el poder temporal del Papa sobre la región- se iban para atender la guerra francoprusiana.

Roma se convertía pues en la nueva capital italiana. En materia de arte, reinaba el impresionismo. En economía, los principios de libre mercado cobraban fuerza y el comunismo no existía ni en el más remoto de los sueños.

Éste fue el entorno en el que nació César Serono un 19 de octubre de 1871 en la ciudad de Turín. Hijo de nobles acaudalados, desarrolló desde temprana edad su vocación por la química y la medicina.

Hombre abierto y creativo, uno de esos eruditos un poco despistados, pero siempre brillantes, comenzó a publicar sus investigaciones a los 26 años, y a los 30, había logrado un descubrimiento que transformaría la medicina biológica de su época:

“Los órganos humanos dañados podían ser curados de muchas patologías con productos hechos a partir de extractos del mismo órgano de animales sanos”.

Para 1906, cuando tenía 35 años, Turín ya no era suficiente para sus planes. Decidió pues mudarse a la capital romana y en el número 25 de la Vía Casilina fundó el Instituto Farmacológico Serono.

Serono cambia de nacionalidad

Un siglo después, Serono es una de las 10 empresas más grandes y rentables de Suiza, pero antes de lograrlo tuvo que pasar un largo proceso que implicó, entre muchas otras cosas, mudarse de país.

Tras su fundación en 1906, el Instituto Farmacológico Serono se dedicó a trabajar en la investigación biológica hasta la muerte de su fundador, César Serono (1952).

En el año citado, la empresa fue vendida por los hijos de Serono a una familia que había mostrado un gran interés por dar continuidad al proyecto de su padre: los Bertarelli, quienes se encargaron de expandirlo a Estados Unidos (1971), Alemania (1974) y en el Reino Unido (1974).

Los Bertarelli consideraron en 1977 que era mejor mudarse la operación de Serono a Ginebra, Suiza, donde su potencial de negocios se multiplicaría.

“Aquí comenzó la etapa helvética de Serono”, afirma Bénédicte Bogh, vocera de la empresa.

Narra que una década más tarde, las acciones de la compañía comenzaron a cotizar en la Bolsa de Valores helvética; en 1999, se inauguró el Centro Biotecnolóico de Serono en Corsier-sur-Vevey, y el nuevo milenio arrancó cotizando en el New York Stock Exchange (NYSE).

La salud reproductiva

Actualmente, Serono es líder mundial en materia de biotecnología. Tiene presencia en 36 países del mundo y más de 4.600 empleados.

En América Latina opera directamente en sólo seis países: Argentina, Brasil, Colombia, México, Uruguay y Venezuela.
Sus ventas anuales sumaron 2.350 millones de francos suizos en el 2003 y las utilidades fueron de 491 millones de francos, 21% superiores a las del 2002.

El 2002 y el 2003, complejos para muchas empresas, han sido extraordinarios para esta biotecnológica.
Actualmente, su desarrollo está ligado a la salud reproductiva, especialmente en todo lo relativo a tratamientos para contrarrestar la infertilidad.

Alrededor de 10% de las parejas en el mundo son infértiles y entre 10 y 25% experimentan una “infertilidad secundaria”, esto es, han logrado ser padres por primera vez, pero cuando intentan un segundo embarazo, éste no se materializa fácilmente, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS considera como infertilidad la imposibilidad de una pareja para lograr un embarazo tras un año de intentarlo de forma regular.

Otra parte importante del trabajo de Serono se dedica a atajar los estragos de la esclerosis múltiple (a través de un medicamento llamado Rebif®) y se ocupa también de los desórdenes metabólicos.

De hecho, fue una de las primeras empresas que trabajó en desentrañar los misterios de la hormona del crecimiento. La búsqueda de una cura para el SIDA ha sido otra de sus prioridades.

Los buenos tiempos

Ernesto Bertarelli encabeza la presidencia ejecutiva de Serono, la empresa actualmente está en proceso de expansión, construye nuevas instalaciones y el próximo martes (25.05) celebrará el Consejo de Administración en el que se propondrá a la Asamblea General de Accionistas un pago de dividendos de 8 francos suizos por acción, un lujo que pocas empresas se dieron tras sus resultados del 2003.

Bartarelli asegura que si el 2003 arrojó resultados récord (especialmente durante su tercer trimestre) el 2004 será aún mejor año, considerando la recuperación de la economía mundial.

Sin embargo, en materia de negocios, sólo las cifras son capaces de ofrecer un veredicto final.

swissinfo/Andrea Ornelas

Contexto

César Serono, médico y químico nacido en Turín a finales del siglo XVIII, decidió fundar en Roma, en 1906, un instituto que llevaría su nombre y que se dedicó la investigación biomédica.

Serono descubrió que las patologías de los órganos dañados del cuerpo podían curarse con medicamentos elaborados a partir de extractos de ese mismo órgano sano perteneciente a algún animal.

En la década de los 50´s, tras la muerte de César Serono, la familia Bartarelli adquiere Serono y dos décadas después transfiere su sede a Ginebra, Suiza.

Ya como empresa suiza, comenzó a cotizar en la bolsa helvética a mediados de los 80´s y su especialización en la medicina reproductiva, la cura de esclerosis múltiple y los trastornos metabólicos le han permitido un sano desempeño en el ámbito de los negocios.

El pleno contexto recesivo a nivel mundial, Serono consiguió utilidades récord en el 2003 y su perspectiva es favorable para este año.

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