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«Enviados a morir»: Los africanos engañados y reclutados por Rusia para luchar en Ucrania

Lucía Blanco Gracia

Nairobi, 21 feb (EFE).- La keniana Bibiana Wangari sabe que su hijo, Charles Waithaka, murió combatiendo en Ucrania en una guerra que no era suya. También sabe que lo mató la explosión de una mina. Pero desconoce dónde yace el cuerpo de este joven que, como cientos de africanos, fue presuntamente engañado y reclutado por Rusia.

«El cuerpo de mi hijo, el niño de mi juventud, está tirado en algún lugar, a kilómetros y kilómetros de casa y yo no puedo despedirlo. Ni siquiera puedo ver sus restos», dice a EFE con una entereza sobrecogedora Wangari desde el porche de su casa en Kamulu, a unos sesenta kilómetros al este de Nairobi.

Como muchos otros jóvenes en diferentes países del continente -desde Kenia hasta Camerún, pasando por Sudáfrica-, Waithaka, de 32 años y amante del fútbol, vio en una oferta para trabajar como mecánico en Rusia una oportunidad para prosperar.

Según su madre, le ofrecieron un salario mensual de 800.000 chelines kenianos (más de 5.000 euros), una cantidad con la que no podría soñar en Kenia.

Pero, poco después de aterrizar en Rusia, el joven se encontró con una realidad diferente: su pasaporte fue confiscado, le hicieron firmar un documento en ruso con el que consintió, sin saberlo, que el agente que lo recibió accediera a su cuenta recién abierta en el país (de la que sustrajo un pago inicial de unos 6.500 euros) y fue trasladado a un campo de entrenamiento militar, antes de ser llevado al frente.

A finales de diciembre, otro soldado africano dio una mala noticia a Wangari: Waithaka había muerto, tras relatar a su madre durante semanas que los comandantes rusos los maltrataban y no los alimentaban bien.

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, al menos 1.417 africanos han sido reclutados por Moscú y más de 300 han muerto, según un informe publicado la pasada semana por el grupo de investigación INPACT, con sede en Suiza.

El pasado noviembre, el ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Andrii Sybiha, ya aseguró que al menos 1.436 ciudadanos de 36 países africanos combaten junto a las fuerzas rusas, aunque alertó de que el número podría ser mayor.

Según denuncian las familias y los retornados que consiguieron huir, la mayoría fueron engañados por agencias de empleo fraudulentas u ofertas engañosas en redes sociales y se les prometieron grandes sumas de dinero por supuestos trabajos civiles en Rusia.

EFE se puso en contacto con las embajadas rusas en Nairobi y Pretoria y con el Ministerio ruso de Defensa para recabar su versión, pero no obtuvo respuesta.

Falta de fuerza de trabajo

Rusia «ha dependido durante años de muchos trabajadores migrantes, especialmente de Asia central, pero ahora están ampliando su alcance», explica a EFE Brian Lee, jefe del programa en Eurasia de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional (GI-TOC).

Actualmente, la escasez de mano de obra también afecta al ámbito militar, después de las enormes pérdidas humanas sufridas por Moscú en la guerra.

Pero, ¿por qué África en concreto? Según Julia Stanyard, analista sénior de la GI-TOC en África oriental y austral, las «altas tasas de desempleo» en muchos países del continente hacen que sus gobiernos se apoyen en programas y tratados bilaterales para enviar trabajadores al extranjero que puedan enviar dinero desde la diáspora.

«No solo en Rusia, sino también en países del golfo Pérsico, muchos de ellos acaban enfrentándose a diversas situaciones de explotación laboral o de trata de personas (…) porque, en el extranjero, pierden muchas de sus protecciones legales», detalla.

Recientemente, han empezado a reaccionar algunos gobiernos africanos.

Así, el viceministro keniano de Exteriores, Korir Sing’Oei, tildó de «inaceptable» que sus ciudadanos sean usados como «carne de cañón» en esta guerra, mientras el titular de esa cartera, Musalia Mudavadi, viajará en marzo a Moscú para abordar el tema.

Asimismo, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, acordaron impulsar el retorno de sudafricanos reclutados.

En ambos países, varios individuos han sido detenidos en los últimos meses por cargos de «tráfico de personas» en relación a este asunto.

Sin embargo, advierte Stanyard, otros gobiernos africanos están en una «posición diplomática difícil» para denunciar estas prácticas, después de que Rusia aumentara su influencia política y militar en el continente durante los últimos años.

Enviados a morir

Otro recluta, el keniano Dancan Chege, de 31 años, pensó que le había tocado la lotería cuando le ofrecieron la oportunidad de trabajar como conductor en Rusia.

«Fui allí pensando que mi vida cambiaría, que haría grandes cosas, que sería un hombre rico, pero ahora soy pobre. Volví sin nada», explica a EFE en las afueras de Nairobi, tras participar en una reunión de familias afectadas celebrada bajo un gran secretismo.

Y es que muchas víctimas están recibiendo amenazas de los agentes que los reclutaron. De hecho, otro retornado se negó a hablar con EFE porque él y su familia «están en peligro».

«Nos envían a las ‘zonas rojas’, así que es como si nos enviaran a morir (…). En el campo de batalla, hay muchos, muchos cadáveres», recuerda Chege, quien logró regresar tras huir durante un ingreso hospitalario y buscar refugio en la Embajada de Kenia en Moscú. EFE

lbg/pa

(foto)(vídeo)

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