Estonia transforma una vieja cárcel en su primer museo sobre las víctimas del comunismo
Salvador Martínez Mas
Tallin, 2 jul (EFE).- Un proyecto de memoria histórica transforma actualmente la antigua cárcel de Patarei, en Tallin, en el primer gran museo sobre las víctimas del comunismo de Estonia, país en el que se estima que una quinta parte de los ciudadanos se vio afectada por la represión soviética.
Situado a orillas del mar Báltico, en la bahía de Tallin, la iniciativa tiene previsto abrir sus puertas en 2027, y en él se expondrá parte del trabajo del Instituto Estonio para la Memoria Histórica, una institución dedicada a la investigación y educación sobre regímenes e ideologías totalitarias.
Martin Andreller, responsable del proyecto en Patarei, explicó a EFE cómo esta antigua prisión de 17.000 metros cuadrados y tres plantas, en tiempos del zar Nicolás I, fue diseñada en el siglo XIX como barracón para 2.000 militares, pero a partir de 1920, durante la primera independencia de Estonia (1918-1940), la joven república báltica reconvirtió el espacio en cárcel.
Pero esa infraestructura también sirvió tanto a la Alemania nazi como a la Unión Soviética, pues Estonia vivió bajo ocupación del Tercer Reich entre 1941 y 1944, y estuvo bajo control de la Unión Soviética entre 1940-1941 y entre 1944-1991.
Decenas de miles de presos
«Patarei se utilizaba como prisión para las investigaciones preliminares», dijo Andreller, quien calcula en varias decenas de miles los estonios que pasaron por esa cárcel en tiempos del comunismo, una cantidad que representa una proporción considerable en un país cuya población rondó en aquella época el millón de habitantes.
«Allí pasaban casi todas las personas detenidas por motivos políticos durante las investigaciones, los interrogatorios y el juicio, antes de ser enviadas a la cámara de ejecución o al sistema de campos de trabajo del Gulag», añadió Andreller.
La cámara de ejecución donde se mataba a los prisioneros, según describió in situ Andreller, se encontraba junto a una sala en la que se juzgaba de forma sumaria al reo, y después se le acompañaba al espacio donde, tras cruzar una puerta, recibía un disparo de un verdugo que apretaba el gatillo escondido para sorprender a la víctima.
No muy lejos de ese lugar, a través de un pasillo, el visitante de Patarei encuentra una sala de madera provista de una chimenea para los guardias, que tenían desde allí, a escasos metros, acceso una sauna y una pequeña piscina.
Un proyecto lanzado en 2018
Las autoridades estonias eligieron en 2018 Patarei como lugar donde establecer un museo sobre las víctimas del comunismo a través de una iniciativa público-privada que permitirá que 1.200 metros cuadrados de Patarei sean visitables.
El espacio incluye diferentes tipos de celdas, desde las destinadas a decenas de presos como a las que servían de espacios de aislamiento.
Andreller también mostró una muy pequeña habitación en la que al reo resultaba imposible acostarse y que se utilizaba para torturar y extraer información en interrogatorios a los presos.
«Eran lugares donde se recluía a una persona desde un día hasta dos semanas, sin comida o con una ración reducida de calorías. No se les permitía dormir, ya que no había cama en el interior ni había calefacción», explicó Andreller.
Visión internacional de las víctimas del comunismo
Entre los amplios pasillos de Patarei, los hay con decenas de puertas para celdas, pero con las reformas actuales, ahora también hay previstos espacios para una futura exposición de la que Andreller dijo que habrá, además de explicaciones sobre la represión en Estonia, información sobre crímenes de los regímenes comunistas de todo el mundo.
«El objetivo de la Unión Soviética siempre fue llevar a cabo la revolución mundial», recordó Andreller.
Eso pasaba por «ganar influencia en todo el mundo y en toda Europa con el fin de alcanzar sus objetivos» y «prácticamente en todos los lugares donde empezaron a consolidar su influencia o donde realmente lograron instaurar su régimen, eso supuso que decenas o cientos de miles de personas perdieran la vida», concluyó. EFE
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